Alfarcito, el pueblo de la puna jujeña que se proyecta al turismo con base en lo ancestral

San Francisco de Alfarcito, un sitio de raíces prehispánicas y muy identificado con sus tradiciones y emprendimientos productivos, será beneficiada con el programa nacional Pueblos Auténticos que busca potenciar aquellos lugares del país que tienen un encanto particular.
Su población, que no supera las 150 personas, conserva una fuerte raigambre comunitaria vinculada con las artesanías, la ganadería y la agricultura, actividades que ahora cobrarán un mayor impulso con el programa impulsado por los ministerios de Turismo y de Cultura de la Nación, entre otros organismos.
“Será uno de los lugares más encantadores de la provincia ya que se hará una puesta en valor de lo tangible, pero también de sus costumbres y actividades ancestrales que lo caracterizan”, dijo el secretario de Turismo de Jujuy, Sergio Chacón.
San Francisco de Alfarcito -tal el nombre completo del pueblo- está ubicado al sur del departamento Cochinoca, sobre la ruta provincial 11, en la margen occidental del sistema natural formado por la Laguna de Guayatayoc y las Salinas Grandes, en la puna jujeña.
“Queremos que la gente que llegue a Alfarcito se pueda llevar una buena impresión del pueblo, de su entorno, de sus paisajes, de su gente, pero también por la comida y las artesanías”, explicó el funcionario.
Las mejoras que se proyectan trasuntarán en el cuidado y la estética de sus calles empedradas, la urbanización de su casco céntrico, infraestructura básica y los servicios.
“Así como en Purmamarca, donde se vienen realizando obras como un soterramiento de cables y cloacas, en Alfarcito va a pasar algo similar”, señaló Chacón.
La gastronomía es otra actividad que se va a motorizar y otros conceptos que involucran a la atención turística como brindar un buen alojamiento.
En la actualidad hay diez camas en la posada comunitaria “La Hornada” y otras diez “en preparación”, con lo cual se podrán alojar 20 personas explicó el funcionario local que agregó que se pretende “mantener y explotar todos lo relacionado con el turismo donde no va a faltar la faceta productiva”.
En ese contexto, precisó que se busca “potenciar la originalidad del pueblo” el que según testimonios de lugareños, tiene raíces prehispánicas.
Ubicado a 3.506 metros sobre el nivel de mar, con un invierno muy riguroso donde la temperatura pude descender a 20 grados bajo cero, San Francisco de Alfarcito tiene un entorno conformado por cerros, senderos y en el centro sus casas, una escuela, un cabildo y una capilla.
El cultivo de alfalfa supo ser una de las principales actividades de los pobladores, de hecho fue eso lo que le dio inicialmente el nombre al pueblo de “Alfarcito”, cuya fecha de conformación se estableció 1920.
No obstante las antiguas casas construidas íntegramente en piedra y techos con waya (torta de barro y paja) atestiguan la ocupación anterior estrechamente vinculada a la región y a los grupos originarios que allí habitaron.
Heredadas de sus antepasados, los constructores de Alfarcito tienen un amplio conocimiento sobre sus formas de edificar, que va ligado a un conjunto de saberes más amplios donde se involucran aspectos propios de la vida de la comunidad.
Se trata de una arquitectura de elevada manufactura con una selección de las piedras, las formas, el encastre, la paleta de los colores y texturas que definen fachadas y mosaicos de gran belleza.
Actualmente los pobladores cultivan haba, maíz y papa para consumo propio y se dedican a la cría llamas y ovejas para aprovechar sus recursos de forma sustentable.
“La actividad agrícola que ha estado relacionado al modelo indígena de la cultura incaica no tiene la fuerza de antes, en cambio las artesanías y los tejidos (guantes, medias, bufandas) sigue siendo el sostén de la economía familiar”, dijo a Télam, Guillermo Quipildor, presidente de la comunidad aborigen de San Francisco de Alfarcito, perteneciente al pueblo kolla.
En el lugar, las festividades religiosas ocupan un lugar importante pero también lo vinculado con lo ancestral como la Pachamama, el Carnaval y la Señalada, que consiste en ponerle una marca a los animales.
Quipildor contó que “sería algo fantástico que podamos vender los tejidos en nuestros lugar de origen” en vez de tener que viajar a otro destino con mayor movimiento turístico.
Precisamente la actividad característica del pueblo es el tejido, para el que existe un taller de artesanías textiles donde las mujeres tejedoras demuestran sus habilidades emprendedoras.
Con la incorporación al programa Pueblos Auténticos, que tiene entre sus objetivos el lograr que los habitantes de estos pueblos no emigren a las grandes ciudades por falta de oportunidades, se abren grandes perspectivas que pueden fortalecer otras actividades, como guías de turismo y servicios de comedores y hospedajes.