Camila Sosa Villada, un huracán literario que arrasa en la Feria del Libro

Ante más de un millar de personas que la miraban entre risas, algunas lágrimas y gestos de admiración, Camila Sosa Villada, la escritora y poeta oriunda de Córdoba, presentó ayer por la tarde en la Feria del Libro su último libro de cuentos, “Soy una tonta por quererte”, en un encuentro donde desplegó su carisma y una ternura entrañable que contradice el perfil picante y arrabalero que suelen tener sus intervenciones en las redes sociales.
Una sala estallada de gente sentada, parada, apoyada contra alguna columna para poder escucharla. Colas y colas de personas que no pudieron entrar. Sosa Villada irrumpió en el escenario con un vestido negro escotadísimo y la sala José Hernández -la más grande de la Feria- gritó de emoción, algo así como la revelación de una rockstar. Lo que parece ser un boom editorial y literario es, también, un huracán que arrasa. El huracán lleva el nombre Camila, parafraseando a Jaime Bayly. Por su personalidad, por el magnetismo, por la presencia abrumadora que tiene arriba del escenario.
La escritora, actriz y poeta cordobesa se consagró como una de las plumas contemporáneas del momento con «Las malas», novela que la llevó a ganar los premios Sor Juana de la Feria de Guadalajara y el Finestres de Narrativa. «Soy una tonta por quererte» es un libro de cuentos en los que retoma la furia travesti y bucea en la vida en los márgenes de la pobreza. Es precisamente uno de los títulos más requeridos en el stand de Planeta, que publica sus textos.
La charla abrió con una canción, «Historia de un amor», el bolero que hace unos año popularizó Luis Miguel y que en uno de los tramos dice: “es la historia de un amor, como no hay otro igual, que me hizo comprender, todo el bien, todo el mal…”.
Sin mediar introducción, la autora comenzó la lectura de «La casa de la compasión», uno de los ocho cuentos que componen su libro: es la historia de Flor de Ceibo, una travesti que sobrevive a los abusos de un tío, se recupera del mismísimo infierno y tendrá una serie de acontecimientos extraños con un grupo de monjas. Leyeron junto a ella la locutora Elizabeth Vernaci, y la escritora y activista trans Barbie Di Rocco, y donde
“Ahora vemos a Flor de Ceibo saliendo del baño. Va en zigzag. Tal vez la niña no advirtió su borrachera o tal vez la pasó por alto. Pero allí va esta mujerota esplendorosa con su minifalda de lúrex plateado, tan corta como solo ella puede usarlo, y con esas botas desconchadas y con el taco vencido hacia atrás, y sin embargo dignas y hasta elegantes”, leyó Vernaci entre las risitas de Camila y la atención plena de los asistentes.
En la primera fila la acompañaron algunas amigas y amigos del colectivo LGBTQI y compañeras que la autora conoció en el Archivo de la Memoria Travesti Trans, un colectivo audiovisual argentino que construye y reivindica la memoria trans argentina con fotos, videos y archivo de diarios.
La lectura del cuento duró un poco más de una hora y cuarto. Quienes tenían el libro lo siguieron con la lectura, y quienes no, vibraron al ritmo de la lectura de Sosa Villada, Vernaci y Di Rocco. Apenas terminó, las tres mujeres anunciaron la firma de libros en el stand de la editorial.
La mitad de la sala, o quizás más, se paró para acercarse al escenario y pedir autógrafos. Para mirarla de cerca. Para susurrarle lo mucho que la admiran. Para gritarle que la aman. Para, aunque sea, lograr un contacto breve con una autora que rompió con todos los esquemas establecidos.
El furor Camila Sosa Villada no podía terminar ahí en un sábado clave del ciclo de la Feria. Tras el anuncio, la masa de chicos, chicas, adolescentes, jóvenes, amigos, parejas y señoras comenzaron una fila eterna para lograr que la autora les firme el libro.
Ya en el stand y ante una multitud impaciente, la autora se sentó a la luz de los flashes, los celulares, el delirio popular por acceder a un pedazo breve de su atención. Llevaba unos aros de serpiente enormes que varias lectoras le halagaron. Cuando fue el turno de Magalí Muñiz, una compañera encargada de la digitalización del archivo travesti trans, Sosa Villada la abrazó.
“Gracias por venir, decía Cerati”, firmó en su libro. Le preguntó cómo estaba de salud, si se había repuesto de la anemia. Le dio un beso, le pidió verse pronto. Sosa Villada es, además de un huracán, una persona sensible, que escucha, que registra a quien está del otro lado esperando una firma, que conecta con el otro.
“Sos una tonta por venir”, “Que las malas te acompañen”, “Eres una tonta por leerme”, y muchas dedicatorias personalizadas más se llevaron quienes que tuvieron paciencia y pudieron lograr el encuentro con la autora.
Una joven contó con mucha emoción que su escritora preferida le había halagado las uñas. En su libro, escribió: “Camila: ¡qué hermoso nombre!. Gracias por venir. Camila.”
En un recreo breve entre una persona y otra, Sosa Villada se sacó el barbijo. Levantó el mentón y posó con su mejor versión para el fotógrafo oficial de la Feria. Su aura embelesa y seduce a todos y todas.
“‘Para mí que le gusté’, le comenta Flor de Ceibo a la otra Flor de Ceibo que vive dentro de ella, que es con quien conversa desde hace años, puesto que no son muchas las ocasiones en que puede charlar con otras personas con tanta sinceridad y tanta gracia”, dice un fragmento del cuento compartido en la sala.
Sosa Villada comparte con otras personas con sinceridad y gracia. Se entrega a su público, se sabe exitosa y simpática, pero en sus redes sociales sigue construyendo un perfil hater que completa (y complejiza) la personalidad del huracán. El público que la acompaña, históricamente oprimido y silenciado, copa gran parte de un pabellón principal de la Feria del Libro de la Rural. La experiencia pareciera ser un antes y un después tanto para ella como para quienes la siguen.