El cannabis se abre camino en la cosmética de lujo

En la industria de la cosmética, el cannabis asoma como tendencia en Israel -pionero en investigación con la planta- Estados Unidos y Canadá, aunque el vacío legal aún acobarda a los laboratorios a la hora de invertir en más investigación.
En Estados Unidos, que lleva más tiempo investigando el uso del cannabis pese a que todavía está prohibido en la mayoría de sus estados, los productos hechos con derivados de la planta crecieron en los últimos dos años.
En ese país, la investigación del cannabis en dermatología todavía está en su fase pre clínica, aunque ya hay empresas que comercializan sueros, cremas y labiales con cannabis de manera legal.
Un informe publicado el año pasado en ese país por el sitio especializado Hemp Business Journal, dio cuenta que las previsiones para el mercado del CBD llegan a 2.100 millones de dólares para 2020, es decir casi diez veces los 202 millones de dólares que alcanzó en 2015.
A medida que el uso de marihuana médica y recreativa se va legalizando en más estados norteamericanos, las empresas están comenzando a experimentar con el cannabis.
De hecho, entre las marcas del sector de la cosmética y belleza, el cannabinoide CBD se está convirtiendo en el próximo ingrediente de “moda” incorporado en productos que hidratan la piel, alivian zonas hinchadas y reducen las bolsas debajo de los ojos.
Robert Dellavalle, profesor de dermatología de la School of Medicine de la Universidad de Colorado, destacó recientemente ante el medio Quartz la eficacia de la crema para la psoriasis con THC (tetrahidrocannabinol, el principal constituyente psicoactivo del cannabis) y con CBD (componente de la planta no psicoactivo), que fabrica el laboratorio “One Cannabis World”.
Sin embargo, las principales marcas de productos de belleza, presentes en shoppings y cadenas de cosméticos, no incorporan todavía el CBD.
Cuando usan marihuana lo hacen como fragancia sintética o como aceite prensado de las semillas de la planta de cáñamo, mientras que los cannabinoides CBD y THC se extraen de las flores del cannabis. Un ejemplo es el CBD utilizado en los productos distribuidos en Estados Unidos a nivel nacional, como por ejemplo, el jabón en forma de hoja de marihuana de The Body Shop, que proviene de la planta de cáñamo y no de la flor de cannabis.
Parte de la reticencia a incorporar más ingredientes de cannabis tiene que ver con la zona legal gris bajo la cual el CBD cae actualmente en Estados Unidos.
Claudia Mata, quien durante años trabajó como editora de modas, acaba de lanzar “Vertly Balm”, una línea de productos de belleza con CBD y THC que se extraen de la flor de cannabis y que se comercializan en California y Colorado .
“El CBD que se extrae del cáñamo no tiene el mismo efecto que cuando se extrae de la flor de cannabis, y se usa particularmente en conjunto con el THC”, aseguró Mata a Business of Fashion.
Entre sus productos, hay bálsamos para labios con efectos relajantes y aceites para calmar el dolor de cabeza y bajar las revoluciones, según asegura su creadora.
Andrew Kerklaan, médico y experto canadiense en cannabis, quien también lanzó su línea de productos de bienestar y belleza con estos cannabinoides, explica que el cáñamo tiene un CBD de alrededor del 3,5%, mientras que el derivado de la flor del cannabis puede llegar hasta el 20%.
Para el dermatólogo neoyorquino Sejal Shah, las compañías no quieren invertir en un producto que después sea retirado de los estantes y calificado como medicamento regulado por la FDA (Administración de Drogas y Alimentos), en lugar de serlo como ingrediente botánico.
En tanto, la Argentina aún está lejos de llegar a esas instancias.
Consultado por Télam Tendencias, Diego Sarasola, director del Programa Nacional para el estudio y la investigación del cannabis para uso terapéutico, aseguró a Télam Tendencias que en nuestro país “recién ahora comenzará la etapa de investigación, en la que no se descartará ninguna línea siempre y cuando se trate de proyectos serios y fundamentados”.
En las investigaciones participarán científicos del Conicet y del INTA, con quienes Sarasola ya mantuvo reuniones.
“En las líneas de investigación la postura científica tiene que ser abierta, pero debe ser estricta desde el punto de vista metodológico”, puntualizó Sarasola.