El factor humano deberá dar creatividad y ética a la inteligencia artificial, dijo experto

La introducción de la inteligencia artificial en el mercado laboral “potenciará” a trabajadores de diversas áreas para que sean más “creativos”, pero deberá existir un “compromiso ético” para que los algoritmos no procesen los datos de manera discriminatoria respecto de las minorías, sostuvo hoy un especialista.
El panorama no se corresponde con una nueva etapa del desarrollo industrial moderno, sino con una nueva era potenciada por datos, afirmó Armen Ovanessof, director de investigación global de la empresa Accenture.
Durante una charla con periodistas realizada en las oficinas porteñas de esa firma internacional, señaló el cambio de paradigma que significa la interacción cotidiana con robots inteligentes.
“Gracias a la inteligencia artificial las máquinas comprenden, actúan y además aprenden sin la supervisión humana. Pero hoy no reemplazan la forma en que piensan los humanos”, destacó Ovanessof.
Y agregó: “No hay sistemas que repliquen el pensamiento humano y por ello la inteligencia emocional y las habilidades sociales siguen teniendo valor”.
Centrándose en el mundo periodístico, Ovanessof dijo que los trabajadores de prensa deberán aprender a trabajar en equipos que estén integrados por pares humanos y por computadoras “a las que tendrán que entrenar” para realizar tareas de analítica de datos, y así poder centrarse en el análisis y la creatividad.
“No es previsible en el mediano plazo que la inteligencia artificial pueda tener la capacidad de pensar como el humano o analizar un tema en un contexto”, agregó.
El ejecutivo está de visita en Argentina ya que fue disertante esta semana de la exhibición Digital Media, sobre la transformación digital de los medios de comunicación, un evento organizado por la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias Wan-Ifra.
Para Ovanessof, el humano deberá además poner un “costado ético” en la programación y entrenamiento de los algoritmos -en base al aprendizaje automático (machine learning, en inglés)- para que, por ejemplo, no analicen la información desde un sesgo discriminatorio contra minorías políticas, étnicas, religiosas o de género.
“Sobre las preocupaciones éticas, la inteligencia artificial puede ser aplicada para crear noticias falsas y para combatirlas. Las máquinas pueden ser sexistas, discriminadoras”, explicó y enfatizó que las empresas deberán contar con áreas que se dediquen a supervisar estas cuestiones.
Por otra parte, reconoció que se corre el riesgo de que las máquinas, por ser un “híbrido” entre un bien de capital y un recurso que puede “pensar y aprender”, sean vistos -desde la óptica empresaria- como el reemplazo total de los trabajadores.
“Se habla mucho de la pérdida y la creación de empleo y se habla de una nueva revolución industrial”, señaló.
La diferencia -continuó- “es que en aquella ocasión, la gente y los sindicatos tardaron muchísimos años en poder responder. Mientras que hoy tenemos la oportunidad de saber que es lo que se viene en muchos temas y trabajar desde ahora para esto”.
En ese sentido, aunque reconoció que la robótica inteligente destruirá empleos y creará otros, estimó que los más beneficiados serán aquellos que logren aprovechar la capacidad de cálculo de las máquinas y puedan agregar interpretaciones creativas.
“Se habló mucho de la necesidad de ingenieros o del aluvión de ingenieros asiáticos. Creo que América Latina tiene la capacidad de aportar recursos humanos capacitados en esa materia y que además cuentan con creatividad y habilidades sociales fundamentales para lo que se está viviendo”, explicó.
Ovanessof comentó que nació y vivió en áreas del Reino Unido, donde “aún no se reponen del cierre de las minas de la década de 1980”.
Sin embargo, remarcó que en este “big bang de la tecnología sí se puede saber qué cosas corren riesgo y se puede trabajar para cambiar desde ahora”.
“El futuro del trabajo va a cambiar. Las máquinas serán parte de nuestros equipos, vamos a entrenar a las máquinas para que nos potencien”, concluyó.