La muestra “Julio Verne, los límites de la imaginación” invita a aventurarse -hasta el 26 de agosto en el Espacio Fundación Telefónica- en el universo del autor a través de sus libros y personajes, pero también de la gente, los hechos e intereses de época que dieron forma a esas historias sobre inventos, exploraciones y descubrimientos que mucho después fueron tan reales con ir en cohete a la Luna o fotografiarse bajo el mar.
La propuesta curada por María Santoyo y Miguel Delgado pasea a los visitantes por las operaciones mentales de Verne, desde la forma en que se organizaba para escribir, a qué le prestaba atención de la realidad y cómo lo traducía a especulación, hasta los mares, tierras, cielos y desiertos helados que imaginó en los folletines sobre los que trabajaba por entrega.
La ruta que cada uno elija, en el primer piso de Arenales 1540, será personal, y en el camino se cruzará con magos, astrónomos, militares y pioneros que inspiraron al escritor nacido en Francia en 1828, adonde vivió hasta su muerte en 1905, y que describió como pocos a “El faro del fin del mundo” en su novela homónima, perdido en el extremo sur de Sudamérica, uno de los motivos por los que la muestra se detiene en Argentina.
De hecho, el país aparece en otras obras fundamentales de Verne, como “Los hijos del capitán Grant”, lo mismo que muchos territorios latinoamericanos. Por eso la muestra, que viene de España adonde la vieron 250.000 personas, cuenta con la colaboración de Biblioteca Nacional y la Biblioteca de la Sociedad Científica Argentina; del Instituto Nacional Newberiano y el Museo Naval de la Nación.
Así lo remarcan Santoro y Delgado, los mismos curadores de la muestra sobre Nikola Tesla que tras su paso por este espacio expone el museo cordobés del Cabildo, y la de Houdini que se exhibe Madrid.
Las novelas de Verne cartografiaron territorios conocidos y abrieron puertas hacia espacios apenas intuidos, anticipando expediciones, inventos y descubrimientos que un siglo después expandirían los límites del mundo. En ellas situó el nacimiento del Nilo con precisión sorprendente, antes de ser descubierto (“Cinco semanas en globo”), e imaginó máquinas voladoras cuando la aviación era una promesa delirante.
De ahí que los hermanos Newbery Jorge y Eduardo, formen parte de la exhibición montada el edificio porteño de Arenales y Paraná, como parte de la búsqueda por “adentrarse en la figura de Verne más allá de literario, interesados en el creador de ideas, el comunicador de conceptos presentes en actualmente en la sociedad”, explica a Télam Delgado.
La muestra “tiene que ver con desencajonar: la ciencia es cultura y la cultura es científica. Pretende delinear un retrato de la modernidad a través de las figuras que le dieron forma, y Verne, como atento observador de su realidad, dejó las semillas que dieron fruto en nuestro mundo contemporáneo. La idea es despertar la curiosidad por la innovación, que es la gasolina, el motor absoluto del progreso”, aporta Santoyo.
En ella, los curadores recorren la influencia que el autor de “Miguel Strogoff” y “La isla misteriosa” pudo haber tenido en distintas disciplinas. como la conquista de los polos, los viajes espaciales, las investigaciones del suelo marino.
“Intentamos determinar hasta qué punto Verne estuvo conectado con su presente y con el futuro; recorrer el espacio donde ficción y realidad se funden; descubrir hasta dónde alguien se hizo astronauta por leer a Verne”, dice Santoyo.
Así, los territorios evocados en “Viaje al centro de la Tierra” o “Escuela de Robinsones” se confunden en un mismo mapa de puntos reales e imaginarios diseñado por el escritor, y se proyectan en la sala de La Recoleta, frente a una vitrina que exhibe los instrumentos que el autor consideró indispensables para cualquier aventura.
Un sextante, una brújula, un cronómetro, un termómetro, un barómetro y un metrónomo -antiguos, enormes y metálicos- son la llave que guiará al visitante por las distintas regiones del imaginario verniano transpolado a la realidad y viceversa.
De esta manera, verá los animalarios de donde Verne sacó sus bestias marinas, como el calamar gigante que enfrenta el capitán Nemo; o una foto del Reform Club, el club de caballeros donde para Phileas Fogg, protagonista de “La vuelta al mundo en 80 días”.
Y otra de Elizabeth Cochran Seaman, periodista y feminista recordada como Nellie Bly al superar la marca del escritor -recorrió el mundo en 72 días y se hizo tiempo para visitarlo en Amiens-.
“Es injusto reducir la figura de Verne como la del padre del género de la ciencia ficción -dice Delgado-. Él era un investigador informado y muy conectado con su época, que le echaba en cara a H.G. Wells (1866-1948) no explicar las máquinas que inventaba en sus novelas”. “La máquina del tiempo” y “La guerra de los mundos”, entre otras.
“Para escribir ‘De la Tierra a la Luna’ Verne investigó cómo construir un transbordador y lo hizo tan bien que la forma de bala elegida es sorprendentemente parecida al Apolo 11, cuya cápsula cayó sobre el Pacífico después de alunizar, similar a lo que anticipa su historia”, señala el curador español.
“Verne fue un escribano que trabajaba en condiciones de semiesclavitud para entregar dos libros al año pero que quería ser marino. Un autor prolífico y popular atravesado por el interés positivista de la Segunda Revolución Industrial. De ahí su fascinación por las máquinas como elementos de alta tecnología y ese poderoso imaginario, osado pero fiel a las investigaciones de época”, repasa Delgado.
Y por eso también “la importancia del carácter popular que rescata la exposición. Él estaba fuera de la academia, escribía por entregas para leer en familia y eso hizo que fuera tan fácil adaptar luego sus historias y que su imagen e iconografía subsistieran”, subraya Santoyo.
“Buscamos generar una muestra transversal para todo los públicos, que convoque desde expertos a niños, mediante el uso de nuevas tecnologías y narrativas no lineales”, indica la curadora,
Así, dispositivos multimedia van marcando el paso, como la pantalla a ras de piso que proyecta la primera película de la historia bajo el mar, “200,000 leguas de viaje submarino”, que fue filmada a 11 años de la muerte de Verne por el galés Stuart Paton, cineasta poco considerado por la crítica que sólo representó pérdidas financieras para la producción.
Y se contraponen con objetos de colección como la maqueta que guarda el Museo Naval del faro de la Isla de los Estados, o las fotos inéditas de la primera expedición Transantártica que guió el irlandés Ernest Shackleton, “el fracaso más glorioso de la ciencia -cuenta Delgado- porque después de tres años perdida en la nieve, la tripulación volvió sin una sola baja”.
Mostrando la misma obsesión tortuosa y enloquecida de los personajes de Verne, la muestra suma seres peculiares como el militar argentino Hernán Pujato (1905-2003) que planeaba hacer argentina la Antártida poblándola con embarazadas que parieran a sus niños entre los hielos de bases precarias.
La exhibición puede visitarse de lunes a sábado de 14 a 20.30 y se completa con visitas guiadas, talleres gratuitos con inscripción previa y actividades como la trivia “¿Sos un verdadero explorador de los límites de la imaginación?”, diseñada par “impulsar experiencias de aprendizaje a través del juego y la cultura digital”. A todo se accede mediante la página de Internet www.fundaciontelefonica.com.ar.
En este marco, Agustina Catone, directora del Espacio Fundación Telefónica, remarcó que “tanto la exposición como las actividades complementarias están enfocadas en la comunidad educativa, buscando despertar el interés por la lectura y abrir el campo de posibilidades para imaginar nuevos mundos, en continuidad con el espíritu del programa que viene desarrollando”.