Entre llantos y abrazos, una multitud festejó la media sanción de la ley en la Plaza del Congreso

Llantos, abrazos entre desconocidos y bailes fueron las imágenes de la multitud que a las 10 apoyó la media sanción a la ley que por primera vez establece el aborto legal en la Argentina, mientras que del otro lado de la plaza del Congreso, en la zona “celeste”, menos de cien personas quedaban sin consuelo.
“¡Vamoooos!”, gritaron las cientos de personas que esperaron la votación en la esquina de Rivadavia y Callao al escuchar que el presidente de la Cámara baja, Emilio Monzó, anunciaba la aprobación por apenas cuatro votos de diferencia.
“Tengo mucha emoción, estuvimos hasta anoche, muy tensas, pero juntas con las compañeras apoyando esta ola enorme que está creciendo desde hace años”, le dijo a Télam Florencia, mientras otra chica que pasa festejando grita “¡Este es nuestro Mundial!”.
“¡Y ya lo ve, y ya lo ve, para los machos que lo miran por TV!”, cantaba otro grupo entre los restos de la noche que quedaron esparcidos por Callao.
Entre gente que deambulaba envuelta en frazadas y esquivando lo poco que quedaba de las fogatas de la noche, los que apoyaron la ley seguían cantando “¡aborto legal, en el hospital!”. Mezclados entre mujeres y adolescentes, varios hombres no tuvieron ningún pudor en sumarse con lágrimas de emoción.
Con la voz quebrada, Andina Nachón, de 47 años, cuenta que la primera vez que fue a una marcha de mujeres fue en 1985 y aunque no milita en ninguna organización, no puede contener la emoción: “Se hizo realidad lo imposible, esto es maravilloso, estoy muy feliz”.
“Lo lograron ustedes”, les dice Estela, 66 años, vecina de Caballito, a un par de chicas que festejan en una esquina. “Esto fue una escalera”, le dice a Télam y cuenta que a los 22 años tuvo que hacerse un aborto en un lugar del que poco recuerda.
“Me llevó un compañero de trabajo, era en Santos Lugares. Lo único que me acuerdo es que había un latón lleno de fetos y un médico que parecía un carnicero”. Estela se emociona, asegura que tiene mareos y sigue: “¿Cómo no voy a creer que esto era posible?, si viví la dictadura…todo se alcanza. Es un día muy luminoso, estoy muy feliz”.
Del otro lado de la plaza, desde Hipólito Yrigoyen hacia Belgrano, donde se concentraron los llamados grupos “pro vida”, todo era desolación.
Allí también hubo llantos, pero no de alegría. “Yo como mujer no me siento identificada con la matanza, siento mucho dolor”, asegura Fabiana, quien llegó de Salta con varios compañeros de la parroquia.
Apenas unas cien personas esperaron allí la votación. Conocido el resultado, un grupo de quince se arrodilló ante las puertas del anexo del Senado. Con una imagen de Cristo, rezaron entre llantos, mientras una monja se tomaba el crucifijo y gritaba.
Hubo también algún momento de tensión cuando un par de chicas con los pañuelos verdes que ya se iban de la plaza, fueron cruzadas por un hombre que les gritó “asesinas”.