La Unesco evaluará los daños, y en un día sumaron 500 millones de euros para restaurar Notre Dame

La aguja, parte del techo abovedado y una espina de la corona de Cristo son algunas de las pérdidas por el incendio de ayer en Notre Dame, pero gran parte de su patrimonio se salvó y será restaurado, mientras la Unesco anunció hoy que sus expertos están listos para evaluar el daño en la catedral parisina.
El fondo para reconstruir el icónico edificio, obra maestra de la arquitectura gótica y parte del Patrimonio de la Humanidad, sumó 500 millones de euros en las 24 horas posteriores a que una parte se convierta en ruinas, frente a las cuales el presidente Emmanuel Macron afirmó que sería reconstruido.
La pérdida más visible es la aguja de la catedral, desplomada entre las llamas una hora después de iniciarse el incendio, que los bomberos lograron extinguir a la madrugada, mientras las autoridades francesas priorizan la hipótesis de un origen accidental.
El gallo que coronaba la aguja fue hallado esta noche entre los escombros durante una vigilia frente a la catedral.
Según el ministro de Cultura, Franck Riester, “todo apunta a que fue allí donde comenzó el fuego”, en una zona donde se habían iniciado obras recientemente con un andamiaje de 100 metros de altura, reportó la agencia EFE.
En un espacio contiguo también se hundieron el crucero y el transepto norte, y Riester dijo que hay “una gran inquietud” por la reacción de la bóveda a la gran cantidad de agua empleada por los bomberos, pero los muros “quedaron totalmente en pie” aunque “se vinieron abajo dos tercios de la cubierta”, unos 1.000 metros cuadrados.
Los tres rosetones, que representan las flores del paraíso y fueron construidos en el siglo XIII junto con el resto del edificio, “quedaron afectados, pero aparentemente no sufrieron daños catastróficos”, dijo Riester.
Entre los elementos rescatados están las estatuas de los 12 apóstoles y los cuatro evangelistas, que estaban alrededor de la aguja y fueron retiradas la semana pasada para ser restauradas, y el mayor órgano, uno de los tres que había en la catedral y que se considera uno de los más célebres del mundo, con cinco teclados y cerca de 8.000 tubos.
También se salvaron de las llamas alrededor de 50 cuadros conocidos como “Mays”, que forman parte de una serie de 76 regalados por la cofradía de los orfebres de París en homenaje a la Virgen María entre 1630 y 1707.
Un equipo de emergencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) realizará una evaluación rápida de los daños tan pronto como sea posible, anunció hoy la directora general del organismo, Audrey Azoulay.
La catedral, cuya construcción comenzó en 1160 y duró un siglo, “representa un patrimonio universal excepcional: histórico, arquitectónico, espiritual, un monumento también del patrimonio literario y un lugar único en el imaginario colectivo. Es patrimonio de los franceses, pero también de la humanidad en su conjunto. Este drama nos recuerda la fuerza de lo que nos une”, señaló.
“Notre Dame es nuestra historia, el lugar donde vivimos nuestras guerras y liberaciones, es desde donde parten todas las distancias. Es la catedral de todos los franceses, aún los que nunca estuvieron aquí”, dijo anoche Macron y afirmó: “La vamos a volver a construir porque es nuestra historia, y lo que nuestro destino merece”.
En las últimas horas, las principales empresas francesas, y también los particulares, se lanzaron a anunciar donaciones multimillonarias para restaurar la catedral.
El primero fue Francois Henri Pinault, cabeza de un emporio de grandes marcas de la moda, quien una hora después del mensaje de Macron donó 100 millones. Y el empresario Bernard Arnault, la mayor fortuna de Francia desde el conglomerado LVMH -dueño entre otras de la firma Louis Vuitton- ofreció otros 200 millones.
Las manifestaciones de solidaridad llegaron a París de todo el mundo: el papa Francisco, presidentes y reconocidas figuras de la cultura, el espectáculo y los deportes hicieron llegar a los franceses su pesar y consternación por la pérdida, que por mucho tiempo extrañarán los católicos, los turistas y el cielo de París.