Los pueblos de la Quebrada jujeña unen historias y tradiciones ancestrales

La Quebrada de Humahuaca, ubicada a 128 kilómetros de la ciudad de San Salvador de Jujuy, es un valle andino flanqueado por montañas y sabiamente moldeado por el Río Grande, y donde recorrer sus poblados es descubrir 10 mil años de cultura.
El camino desde la capital provincial pasa por León, donde se libró la batalla “Día Grande Jujuy”; por Volcán y su Feria Campesina; por Tumbaya y su cementerio indígena, y por la iglesia de Uquía donde están Los Ángeles Arcabuceros, pinturas de la escuela cuzqueña.
En el mediodía primaveral, las Salinas Grandes de Jujuy semejan un desierto blanco a 3.450 metros de altura a las que se llegan luego de sortear las curvas empinadas de la Cuesta de LIpán, en la Ruta 52, que las separan del prehispánico poblado de Purmamarca.
En el lugar trabaja Medardo Quipildor, salinero de estirpe y ahora a cargo de Informes Turísticos, quién asegura que abril y mayo son meses de cosechar, de raspar la sal y amontonarla, mientras que los últimos meses del año regalan un paisaje inigualable.
Su comunidad integra la Cooperativa Mineros de Salinas Grandes, que explota parte del salar y que según cuenta, “exportamos sal industrial a Paraguay”, sin dejar la venta de sus artesanías y comidas, como tortillas, empanadas y estofado de cordero.
Un automóvil llega y contrata el circuito turístico “Ojos del Salar”, el otro es “Piletas de cristalización”, donde madura la sal de mesa. Medardo cobra 200 pesos y parte con los viajeros contándoles cómo es este fenómeno terrenal “que de noche refleja las estrellas”.
Para tomar la Ruta Nacional 9 es necesario regresar hacia Purmamarca, con su majestuoso Cerro de los Siete Colores y la iglesia de Santa Rosa de Lima, bella con su carpintería de madera de cardón.
Y ya en el cruce de la 52 con la RN 9, camino a Tilcara, las mujeres tejen a cielo abierto, como Antonia, que con sus ojos negrísimos y edad incierta; vende mosaicos en los que talla los cuatro animales de la puna que representan el fuego, la tierra, el aire y el agua. Y debajo de ellos talla su nombre.
En Tilcara está su famoso pucará, reconstruido tal como eran esas fortalezas en sus orígenes, y la casa natal del Coronel Manuel Alvares Prado, gran luchador por la independencia de la Quebrada, convertida ahora en el Museo Ernesto Soto Avendaño, el escultor que realizó el Monumento a los Héroes de la Independencia que está en Humahuaca.
También está la Casa Histórica donde velaron los restos del General Lavalle, y más adelante, casi sobre el Trópico de Capricornio, el Hotel Huacalera que combina lo andino con modernos diseños y colores pastel, y que fue construido en 1948 por el español Jacobo De André con el nombre de Finca Monterrey, cuando por allí pasaba el tren.
Hasta que en los años 80 el asfaltado de la RN 9 marcó el final del ferrocarril y entonces el hotel se vendió y los nuevos dueños lo ampliaron, instalaron un Spa y operan excursiones.
En Huacalera hay pinturas cuzqueñas en su iglesia, como el “Casamiento de la Virgen”, y está la Bodega Viñas del Perchel, donde Mabel Vargas dice que todo lo hacen ”a prueba y error”‘.
Junto a su hermano Javier son “autodidactas” que acudieron a profesionales, como la enóloga Gabriela Celeste, para guiarlos en esto de buscar vinos a los 2.700 metros de altura.
“Nos ayuda el microclima derivado del Trópico de Capricornio, mucho sol, no usar abonos químicos, el riego por goteo o surco, según el terreno, y una amplitud térmica de entre 28 y 2 grados”, detalla Mabel.
Además, les explica a los turistas el proceso que culmina con estos tintos fuertes y de carácter, como el Malbec Runa, nombre que se les da en la región a los hombres sabios de gran fortaleza.
Y después Humahuaca, el poblado omaguaca del Incario, con casas de adobe, calles empedradas y el reloj del Cabildo desde el que al mediodía San Francisco Solano imparte la bendición.
Es la ciudad del Tantanakuy, la cita de los músicos el Jueves de Comadres, previo a su gran fiesta: el Carnaval Quebradeño, y donde la virgen patrona, Nuestra Señora de la Candelaria, preside esta celebración que mezcla creencias religiosas y ritos paganos.