Lula ya está preso, después de una tensa jornada que incluyó un discurso, su entrega y su traslado a Curitiba

El expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva quedó alojado esta noche en una sede policial de Curitiba, al sur del país, como corolario de una tensa jornada en la que, ante miles de seguidores, aseguró que no tenía miedo y que demostraría su inocencia y fue trasladado luego desde San Pablo a su celda, mientras las calles exhibían, con manifestaciones a favor y en contra, la polarización que su caso generó en buena parte de la sociedad local.
Lula ingresó bien entrada la noche en la sede de la Superintendencia Federal de la Policía de Cutiriba, donde agentes reprimieron a grupos de seguidores del ex mandatario y donde le tenían preparada la celda especial en la que al menos el juez que lo condenó, Sérgio Moro, espera que cumpla la condena de algo más de 12 años de prisión.
Tras casi 48 horas acuartelado en el Sindicato de Metalúrgicos, en la periferia paulista, en el que inició su carrera política y 26 horas después de vencido el plazo dado por la Justicia para entregarse, Lula tuvo dificultades para eludir a los militantes que querían impedir su entrega.
Después de meses de prometer que la condena por corrupción no evitaría que pulseara el 7 de octubre para un tercer mandato, Lula anunció esta mañana que acataría la decisión del juez Moro, en un encendido discurso ante una multitud.
A seis meses de la elección, la detención de Lula es un acontecimiento trascendental y genera incertidumbre en la carrera para remplazar al presidente Michel Temer.
“Cometí un crimen, que fue llevar los pobres a la universidad, permitir que compren coches, que tengan comida. Si eso es ser criminal, lo seré el resto de mi vida”, subrayó Lula en un encendido discurso. Y agregó: “no tengo miedo; voy a demostrar que soy inocente. Y no perdono (a la Justicia brasileña) por haberle dicho a la sociedad que soy un ladrón”,
Al promediar la tarde, el exmandatario (2003 y 2011) estaba junto a su abogado en un auto que se disponía a abandonar el Sindicato de los Metalúrgicos para que Lula se entregara a la Policía, pero enfrentó una masa humana de militantes del Partido de los Trabajadores (PT) que no le permitió moverse, por lo que salió del vehículo y volvió al interior del edificio.
La multitud, que desde el jueves pasado rodeó el edificio, se fue reduciendo desde que Lula anunció por la mañana que se entregaría para comenzar a cumplir su condena, pero tras el intento fallido de dejar el sindicato aún permanecían en los alrededores varios cientos de personas, según mostraron cadenas de televisión locales.
Ya por la noche y luego de que el PT exigiera a sus militantes que liberaran la salida de Lula y de que la Policía le diera un ultimátum el expresidente pudo entregarse.
En medio de empujones y forcejeos entre los responsables de la seguridad de Lula y los militantes, el exmandatario finalmente salió a pie y recorrió cerca de 100 metros, rodeado por policías hasta un vehículo de la Policía Federal que lo esperaba en las inmediaciones, reportó la agencia de noticias EFE.
El convoy policial que recogió a Lula se dirigió a la sede de la Policía Federal de San Pablo, y varias veces debió reducir su marcha por la aproximación de centenas de manifestantes, entre partidarios y opositores.
Tras la entrada de los vehículos, la Policía tuvo que separar ambos grupos para impedir los enfrentamientos.
En su mayoría, los manifestantes eran detractores del líder socialista y festejaron su encarcelamiento sacudiendo una enorme bandera de Brasil y arrojando fuegos de artificio.
Lula fue sometido a un examen físico en la sede policial antes de ser trasladado en helicóptero al aeropuerto paulista de Congonhas, desde donde fue llevado en una avioneta a Curitiba. En esta ciudad lo esperaba una celda especial de 15 metros cuadrados que fue adaptada en la sede de esa misma institución.
En Curitiba, un nutrido operativo policial esperó la llegada de Lula, donde por la tarde simpatizantes y detractores del ex presidente protagonizaron escenas de tensión e incidentes.
Del avión en el aeropuerto Alfonso Pena, Lula fue llevado en helicóptero a la sede de la Superintendencia de la Policía Federal. Ahí, agentes locales lanzaron bombas lacrimógenas a los seguidores del ex mandatario que se congregaron desde que el ex jefe del Estado anunció su intención de entregarse.
Curitiba es una pequeña ciudad del estado de Paraná, fronterizo con Misiones. El Estado está gobernado por el PSDB.
La presidenta del Partido de los Trabajadores (PT), Gleisi Hoffmann, convocó hoy a toda la militancia de izquierdas a “ocupar” Curitiba -también Brasilia- hasta que el ex presidente brasileño sea liberado.
Lula fue condenado en enero en segunda instancia a 12 años y un mes de prisión por cargos de corrupción en el contexto del Lava Jato, una megacausa que salpica a casi toda la clase política brasileña.
La sentencia se produjo a pesar de que los magistrados reconocieron que no hay pruebas materiales que demuestren que el imputado sea dueño del departamento que habría recibido como parte de un soborno de la constructora OAS.
La Justicia rechazó varios recursos de su defensa para evitar una orden de arresto, aunque los abogados de Lula sostienen que aún no se agotaron todas las instancias, y por lo tanto esta orden de arresto les resulta arbitraria.
Con todo, existe una chance que Lula pueda salir la próxima semana de la cárcel: si el Supremo Tribunal de Justicia trata la cuestión de fondo, o sea, si decide que es inconstitucional que se encarcele a alguien con una condena en segunda instancia, un paso probable porque la jueza Rosa Weber especuló con un voto en ese sentido, lo que cambiaría los números del miércoles pasado.
Por lo pronto, Lula quedó esta noche en una sala aislada de los otros 20 presos que están en esa sede, 7 de ellos por el caso de corrupción en Petrobras, entre ellos Renato Duque, exdirectivo de la petrolera, y Leo Pinheiro, extitular de la constructora OAS, la que dijo haberle cedido el departamento que derivó en su condena.