El 17 de enero de 1920 entró en vigencia en los Estados Unidos la llamada Ley Volstead, que reglamentó la Decimoctava Enmienda de la Constitución y dio inicio oficial a la Prohibición del alcohol. Desde ese día, quedó prohibida la producción, venta y transporte de bebidas alcohólicas en todo el país, en un experimento social sin precedentes impulsado por movimientos religiosos y grupos reformistas que asociaban el consumo de alcohol con la pobreza, la violencia y la desintegración familiar.

Lejos de erradicar el consumo, la Prohibición generó un florecimiento del mercado ilegal. Surgieron los speakeasies, bares clandestinos que funcionaban en sótanos, trastiendas y departamentos privados, y se fortalecieron las redes del crimen organizado, con figuras como Al Capone convirtiéndose en símbolos de la época. La corrupción policial y política se volvió endémica, mientras millones de ciudadanos desafiaban abiertamente la ley.

Tras trece años de fracaso, el experimento fue abandonado en 1933, cuando la Vigésima Primera Enmienda derogó la prohibición. La experiencia dejó una huella profunda en la historia estadounidense y se convirtió en un caso de estudio sobre los límites de la regulación estatal de las conductas privadas.