El universo de la animación cinematográfica actual, dominado por grandes corporaciones e hitos tecnológicos, tiene una raíz indiscutiblemente argentina. Un día como hoy, pero de 1917, el realizador Quirino Cristiani patentaba y comenzaba a materializar las bases de «El Apóstol», el primer largometraje de animación de la historia del cine mundial, un logro que precedió por dos décadas a los gigantes de la industria norteamericana.

Nacido en Italia pero radicado en la Argentina desde su infancia, Cristiani no solo fue un pionero, sino un artesano de la sátira política. Utilizando una técnica rudimentaria pero brillante de figuras de cartón recortadas y articuladas —fotografiadas cuadro por cuadro sobre un fondo fijo—, el director logró dar vida a una obra cinematográfica que se estrenaría meses más tarde, el 9 de noviembre de 1917, cambiando las reglas del séptimo arte para siempre.

El dato: Walt Disney estrenó Blancanieves y los siete enanitos en 1937. Para ese entonces, la Argentina ya había producido no uno, sino dos largometrajes animados de la mano de Cristiani: El Apóstol (1917) y Peludópolis (1931), este último siendo además el primer largometraje animado con sonido óptico del mundo.

Una sátira política grabada en cenizas

El Apóstol era una afilada crítica al gobierno del entonces presidente Hipólito Yrigoyen. En la trama, el mandatario ascendía al Olimpo para pedirle a los dioses del fuego los rayos necesarios para limpiar a Buenos Aires de la corrupción y la inmoralidad, lo que terminaba provocando un espectacular incendio simulado de la mismísima cúpula del Congreso de la Nación.

La película fue un éxito rotundo de crítica y público, manteniéndose en cartelera durante meses. Sin embargo, el destino material de esta obra maestra fue trágico:

  • El film original se perdió para siempre en 1926, tras un feroz incendio en los laboratorios de la productora Valle.
  • Cristiani no conservaba copias de seguridad en nitrato, por lo que hoy en día no quedan rollos visibles de la película, transformándola en una de las mayores leyendas perdidas del cine global.

A pesar de la pérdida física de los celuloides, el 27 de julio permanece en el calendario cultural como el recordatorio de la audacia creativa argentina. Una fecha que reivindica a Quirino Cristiani no solo como un caricaturista de su tiempo, sino como el verdadero padre de la animación cinematográfica mundial.