Pals
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En el interior de Cataluña, un pueblo medieval sobre una pequeña colina cuidadísimo y encantador, rodeado de llanuras verdes y campos de arroz que dan mucho de sí en la cocina, con el macizo del Montgrí de fondo y miradores con vistas privilegiadas a la comarca del Baix Empordà, en Girona. Solo unos cinco kilómetros más allá, en la costa, amplias playas de bellos atardeceres, y con dunas habitualmente azotadas por un viento que las hace un paraíso para los amantes del kitesurf.

Fuente: revista Viajes National Geographic

El paraíso de Josep Pla

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En las excursiones en familia que hacíamos mi hermano y yo en coche cuando éramos niños, sabíamos que quedaba poco para llegar a Pals cuando mi abuela paterna, gerundense, se encargaba de señalar: «Mirad, el obispo muerto». Y es que así se le llama popularmente al macizo del Montgrí, pues su forma, desde lejos, recuerda a un obispo difunto que yace con su mitra puntiaguda en la cabeza, las manos sobre el pecho y un anillo en un dedo: el castillo del Montgrí.

Un prólogo que promete para un pueblo que encandila. «Pals no merece una visita, sino cien», decía el famoso escritor y periodista catalán Josep Pla, un enamorado del lugar y de sus vistas panorámicas a lo que él denominaba el Empordanet. «Por su ubicación, ofrece la posibilidad de ver uno de los paisajes más bonitos e inolvidables del país», redactó. El escritor se pasaba horas contemplando su Empordanet sentado junto a la cruz de hierro que caracteriza el mirador del barrio del Pedró de Pals, hoy bautizado con su nombre, y la Fundación Josep Pla ofrece actualmente un itinerario a través de los rincones del pueblo que inspiraron al autor.

Una villa medieval intacta

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Esta atalaya está a solo unos pasos de los restos de la muralla que delimita el centro de la villa, con fachadas y pavimentos empedrados que le dan el cálido color de la tierra clara y buganvilias moradas que trepan hasta ventanas y balcones. Tras múltiples restauraciones respetuosas con el pasado, Pals es hoy uno de los pueblos medievales mejor conservados del Empordà y está considerado Bien Cultural de Interés Nacional desde 1949.

La Plaza Mayor, donde se sitúa el Ayuntamiento, es el punto de reunión por excelencia, con terrazas para tomar algo, tiendas de artesanía y el Portal de la Vila, un precioso arco gótico que da acceso a la Calle Mayor, una de las más bonitas del lugar. Y destacan edificios de gran valor histórico y arquitectónico, como la Torre de las Horas, que se construyó entre los siglos XII y XIII, tiene planta circular y es de los pocos restos que quedan del antiguo castillo. Su azotea, a 15 metros de altura, es también un excelente mirador desde el que divisar la villa y sus alrededores. Están, además, la iglesia de Sant Pere, con elementos románicos, góticos y barrocos, o Ca la Pruna, una imponente casa fortificada del siglo XVI.