El gobernador bonaerense Axel Kicillof comenzó a delinear un esquema de construcción política con proyección nacional que combina recorridas por el interior, articulación con gobernadores y una reformulación discursiva del peronismo, en medio de la crisis económica.
La estrategia, que en su entorno sintetizan como la necesidad de impulsar “nuevas canciones”, apunta a ampliar la base política más allá del kirchnerismo tradicional y evitar una “defensa boba” del Estado frente al avance del gobierno de Javier Milei.
En esa línea, Kicillof inició una serie de movimientos con fuerte contenido simbólico y territorial. Su reciente viaje a Tierra del Fuego, con escala en Ushuaia y Río Gallegos, lo mostró junto a mandatarios como Gustavo Melella y Ricardo Quintela, en una foto que buscó exhibir volumen político y proyección federal.
El desembarco en el sur, en el marco de la conmemoración por Malvinas, funcionó como vidriera de ese armado: un peronismo con anclaje territorial, que intenta diferenciarse del esquema centralizado del Gobierno nacional y reconstruir una coalición multisectorial con intendentes, sindicatos y movimientos sociales.
Según fuentes del gabinete bonaerense, la apuesta es “salir de la lógica defensiva” y construir una agenda propia que conecte con las preocupaciones sociales en un contexto de deterioro económico. En ese sentido, el gobernador planteó la necesidad de revisar críticamente el funcionamiento del Estado y generar propuestas superadoras, en lugar de limitarse a sostener el statu quo.
El plan incluye nuevas salidas a distintas provincias y el despliegue de estructuras vinculadas al Movimiento Derecho al Futuro (MDF), con ejes en áreas como ciencia, universidad, salud, cultura y educación. Esos espacios, explican en La Plata, funcionarán como “brazos territoriales” para consolidar presencia política fuera de Buenos Aires.
En paralelo, el oficialismo bonaerense observa con atención el impacto del ajuste nacional sobre la actividad económica, el empleo y la recaudación, variables que —admiten— empiezan a erosionar el humor social. En ese escenario, consideran clave ofrecer una alternativa que no se limite a la confrontación discursiva.
La construcción también implica tensiones internas. La relación con el kirchnerismo duro atraviesa un momento de distancia, sin señales de recomposición en el corto plazo. Sin embargo, cerca de Kicillof descartan una ruptura y plantean que el objetivo es “construir una opción para la Argentina actual”, con capacidad de interpelar a sectores más amplios.
Con ese telón de fondo, el gobernador busca posicionarse como uno de los principales referentes de la oposición con vistas a 2027, en un mapa político aún en formación y atravesado por la crisis económica.
El diagnóstico en su entorno es que el desgaste del gobierno nacional abre una ventana de oportunidad, pero advierten que el malestar social podría impactar en todo el sistema político. Por eso, la apuesta combina presencia territorial, articulación política y un intento de renovación del discurso, con la idea de ofrecer algo más que una reacción frente al oficialismo.