Científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) con sede en La Plata detectaron la presencia de residuos de antibióticos de uso veterinario en cursos de agua del cordón frutihortícola regional, en el marco de un estudio que incorporó por primera vez el monitoreo de estos compuestos en la zona.

La investigación, desarrollada por especialistas del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIM), analizó muestras en ocho puntos de los arroyos Carnaval, El Gato y El Pescado, donde se identificaron restos de fármacos utilizados en la cría de aves de corral en agua, sedimentos y plantas acuáticas. Los resultados fueron publicados recientemente en la revista científica Chemosphere.

El trabajo fue encabezado por los investigadores Tomás Mac Loughlin y Marcos Navarro, quienes junto a un equipo interdisciplinario ampliaron la línea de estudios del CIM al incluir los llamados “contaminantes emergentes”, es decir, sustancias que no habían sido monitoreadas de forma sistemática hasta el momento.

Según explicaron, estos residuos provienen de la denominada “cama de pollo”, un material utilizado como enmienda orgánica en cultivos hortícolas que combina restos vegetales con excretas de aves. Allí pueden persistir compuestos farmacológicos que no son completamente metabolizados por los animales.

Los científicos identificaron específicamente poliéteres ionóforos, una familia de antibióticos empleados para tratar enfermedades parasitarias en aves. Si bien no se registran efectos inmediatos sobre el ambiente, advirtieron que su presencia puede estar asociada a la generación de resistencia microbiana.

El estudio partió de la hipótesis de que estos compuestos pueden trasladarse desde el suelo hacia los cursos de agua por acción de la lluvia o del riego. En ese sentido, uno de los hallazgos destacados fue la detección de estos residuos en plantas acuáticas como Lemna gibba, Pistia stratiotes y Eichhornia crassipes, lo que aporta información sobre su acumulación en el ambiente.

Los investigadores señalaron que esta capacidad de absorción vegetal podría incluso “enmascarar” los niveles reales de contaminación, ya que las mediciones en agua podrían reflejar valores menores a los existentes si parte de los compuestos está retenida en la flora.

Además de los fármacos veterinarios, el estudio también detectó la presencia de plaguicidas, entre ellos el insecticida clorpirifos –prohibido en el país desde 2021– y el herbicida glifosato.

Pese a estos resultados, los especialistas remarcaron que el objetivo de la investigación no es cuestionar la actividad productiva sino aportar información para mejorar las prácticas. En ese sentido, destacaron el valor de las enmiendas orgánicas dentro de esquemas de economía circular, aunque advirtieron sobre la necesidad de regular su uso.

Como posible línea de acción, propusieron el desarrollo de humedales construidos, una tecnología que replica procesos naturales para interceptar contaminantes antes de que lleguen a los arroyos. También sugirieron establecer condiciones para la comercialización de la cama avícola, como períodos mínimos de compostaje.

Finalmente, plantearon que estos estudios buscan contribuir al diseño de políticas públicas orientadas al control y manejo de estos residuos, con el objetivo de reducir su impacto ambiental sin afectar la actividad de los productores hortícolas.