El jefe comunal de La Plata avanza en la construcción de un frente amplio que trasciende al peronismo tradicional. Con guiños a figuras del duhaldismo, el PRO y la UCR, consolida un armado territorial que, en su entorno, ya tiene nombre propio: la gobernación de Buenos Aires.
El intendente de La Plata, Julio Alak, sumó esta semana al exdiputado nacional del PRO Daniel Lipovetzky como secretario de Relaciones Internacionales y a Marcos Urtubey -hijo del exgobernador salteño Juan Manuel Urtubey– como subsecretario de Cooperación Internacional e Inversiones. El acto, celebrado en el Salón Dorado de la Municipalidad, estuvo lejos de ser un trámite administrativo: fue una declaración política.
La presencia de Juan Manuel Urtubey -tres veces gobernador de Salta, exsenador nacional y precandidato presidencial en 2019- y de su hermano Rodolfo, distinguidos como Huéspedes de Honor, subrayó la dimensión que Alak pretende darle a su proyecto. Figuras de ese peso político no viajan a un acto municipal sin razones de fondo.

Un armado que mira más allá de La Plata
Las incorporaciones responden a una estrategia que el intendente viene ejecutando con paciencia. En las últimas semanas sumó a Matías Remes Lenicov —-hijo del exministro de Economía del gobierno de Eduardo Duhalde– a su equipo de trabajo, y mantuvo reuniones con el propio Duhalde y con exdirigentes de ese espacio. La lógica es clara: recuperar para el peronismo a quienes, en algún momento del ciclo kirchnerista o post-kirchnerista, tomaron otros caminos.
Lipovetzky es el ejemplo más nítido. Nacido en La Plata, se inició políticamente en el peronismo de la mano de Antonio Cafiero, viró hacia el PRO, fue diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, legislador bonaerense, impulsor de la Ley de Alquileres y referente de la legalización del aborto. Nunca gobernó ni representó a su ciudad natal. Ahora lo hace, pero bajo el paraguas de una gestión peronista. Alak llama a eso «volver a casa».
«Hay que unir a todo el peronismo, sobre todo a los que se fueron y tienen experiencia, y sumar otros sectores del campo nacional y popular como la UCR. Necesitamos un frente patriótico que contraste con el modelo entreguista de Milei, que desprecia la soberanía, lo público, la salud y la educación», sostiene Alak en cada encuentro.
La gobernación, el objetivo que ya no se disimula
En su entorno ya no esquivan el tema: Alak aspira a la gobernación bonaerense en 2027. Sin embargo, su estilo dista del de otros precandidatos que abrieron locales partidarios o lanzaron operativos de clamor. El intendente prefiere la acumulación territorial. Recorre la provincia, se reúne con intendentes y dirigentes, y evita que su postulación dependa exclusivamente de avales de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner o del gobernador Axel Kicillof. La idea es llegar a unas PASO con construcción propia, no delegada.
Desde la secretaría de Formación Política del PJ, Alak iniciará un ciclo de encuentros en los municipios. El primero será el 3 de junio en La Matanza, y según informaron fuentes del partido, para esos encuentros ya se registraron más de 17.000 inscriptos de distintos puntos del país.
La propuesta electoral que le acercó a Kicillof
Junto con su armado territorial, Alak viene impulsando una posición concreta sobre el calendario electoral de 2027 que ya le hizo llegar al gobernador Kicillof. Sostiene que el peronismo debería impulsar un desdoblamiento: que las PASO provinciales se celebren en marzo y la elección de gobernador en torno a mayo, antes de los comicios nacionales.
El razonamiento es estratégico: si la provincia de Buenos Aires vota primero y el peronismo retiene la gobernación, Kicillof llegaría a la campaña presidencial -en caso de decidir competir- con una victoria en el distrito más grande del país como respaldo político. Una espalda que, entienden en el entorno del intendente, vale más que cualquier encuesta.
En esa misma línea, y con la historia como argumento, en el círculo de Alak circula otra reflexión que se menciona sin estridencias: que quien aspire a la presidencia debería poder dedicarse a eso de lleno. El caso de Cafiero en 1988 funciona como advertencia tácita: el entonces gobernador bonaerense compitió por la conducción del PJ atado a la gestión provincial, mientras Carlos Menem recorría el país de punta a punta sin restricciones. Cafiero perdió la interna. La lectura implícita es que Kicillof, si decide ir por la presidencia, debería pedir licencia y salir a caminar el país sin la carga de administrar la provincia.