Antes que verlas, a las Cataratas del Iguazú se las oye. El rugido del agua que se precipita al vacío desde unos 80 metros de altura, sobre todo en la Garganta del Diablo, se escucha a lo lejos, como un motor encendido que pone la piel de gallina. Este fenómeno natural, que se extiende como una cortina acuática de 2.700 metros, es uno de los grandes iconos turísticos de Argentina y Brasil, pero las condiciones climáticas extremas de las últimas semanas obligan a limitar las visitas.
Cierre en circuitos y pasarelas

El extraordinario aumento del caudal, provocado por las intensas precipitaciones de las últimas semanas, ha llevado a la Administración de Parques Nacionales de Argentina a cerrar temporalmente algunos sectores del recorrido turístico. El 12 de octubre se clausuró el acceso al circuito de pasarelas del lado argentino, que volvió a abrirse ayer. Sin embargo, el denominado Circuito Verde, así como las pasarelas que permiten acercarse a la Garganta del Diablo, la cascada más imponente, siguen cerrados.
Por su parte, en el Parque Nacional do Iguaçu, en Brasil, se han aplicado cierres y limitaciones en varias pasarelas y en las zonas afectadas por la crecida, entre ellas la que da acceso a las mejores panorámicas. Mientras que el lado argentino permite acercarse al corazón de las cataratas, el brasileño es el mejor balcón para contemplarlas en su conjunto.
Como todo depende de lo que dicte la naturaleza, es posible que las medidas se endurezcan (o relajen) en los próximos días.
Un caudal extraordinario

El caudal del río Iguazú es siete veces superior al habitual: frente a una media de 1.500 m³ por segundo, el río está registrando unos 12.000 m³ por segundo.
La rápida subida del nivel multiplica la fuerza del agua, cuya corriente pone en riesgo las pasarelas, barandillas, miradores y otras estructuras que acercan a los visitantes hasta los saltos. Además, los materiales que arrastra la riada, como troncos, pueden dañar las instalaciones.

La situación no es sorpresiva: en julio, la Administración de Parques Nacionales de Argentina ya había anticipado que los análisis meteorológicos e hidrológicos apuntaban a la llegada de crecidas importantes en septiembre y octubre. Para proteger la infraestructura, la empresa concesionaria Iguazú Argentina S. A. solicitó autorización para desmontar de forma preventiva las pasarelas del circuito de la Garganta del Diablo, un operativo que arrancó el pasado 3 de agosto.
La culpa del Niño

Los expertos vinculan las intensas lluvias del norte de Argentina y el sur de Brasil con El Niño, un fenómeno climático que calienta de forma anómala las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial y altera el régimen de precipitaciones en distintas regiones del planeta.
Hace tres años, en octubre de 2023, otra fuerte crecida arrasó con el 90 % de las pasarelas y con el balcón de la Garganta del Diablo, en el lado argentino. Esta infraestructura estuvo inhabilitada casi un año, hasta julio de 2024.
Las restricciones suponen un importante impacto para el turismo regional: según la Administración de Parques Nacionales de Argentina, las cataratas recibieron 1,5 millones de visitantes el año pasado, segundo récord histórico tras 2019. Entre enero y julio de 2025 ya habían registrado un aumento del 20 % en las visitas respecto al mismo período de 2024.