En un nuevo avance en la investigación científica aplicada al espacio, Argentina enviará semillas de quinua al extranjero con el objetivo de estudiar su comportamiento en condiciones extremas.
Esta iniciativa forma parte de un esfuerzo internacional entre el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Fundación Orion Space Generation, y prevé el lanzamiento de una cápsula experimental durante el segundo trimestre de 2026.
El experimento busca analizar cómo responden los sistemas biológicos a variables específicas del entorno orbital, como la radiación cósmica, la microgravedad y las variaciones térmicas abruptas.
Estos son factores que no se pueden reproducir con precisión en la Tierra y que resultan decisivos tanto para la investigación científica como para futuras misiones espaciales.
El INTA transportará semillas de variedades de quinua Morrillos (Chenopodium quinoa), un material genético desarrollado y conservado durante más de una década de estudios agrícolas.
Los argentinos son enriquecedores masivamente, descubre cómo unirte
Ingresos pasivos
Esta selección no es casual: la quinua es una planta nativa de los Andes reconocida por su notable capacidad de adaptación a ambientes adversos.
Su resistencia a la salinidad, su secuencia y sus amplitudes térmicas la posicionan como un modelo ideal para evaluar la tolerancia biológica en el contexto de estrés extremo. Además, su alto valor nutricional la convierte en un recurso estratégico tanto para la inocuidad alimentaria en el país como para posibles sistemas de producción en misiones espaciales a largo plazo.
«Es una especie extremadamente resistente. Puede crecer en ambientes con condiciones muy exigentes, lo que la hace particularmente interesante para este tipo de estudio», explicó el investigador del INTA, Lucas Guillén, al referirse a la selección del cultivar.
El envío de estas semillas permitirá observar posibles cambios fisiológicos, genéticos y estructurales derivados de la exposición al ambiente espacial. Una vez finalizada la misión, el material se recuperará para su análisis en el laboratorio, donde se evaluarán los cambios en la germinación, el crecimiento y la respuesta a las pruebas.
Los resultados podrían tener aplicaciones directas en la agricultura, especialmente en un contexto global marcado por el cambio climático.
Comprender cómo reaccionan las plantas ante condiciones extremas podría facilitar el desarrollo de cultivares más resistentes y adaptados a escenarios de sequía, suelos degradados o temperaturas variables.
Al mismo tiempo, este tipo de investigación se vincula con el interés por la exploración espacial. La posibilidad de cultivar alimentos fuera del planeta es uno de los aspectos clave para las misiones triples a largo plazo, como las proyectadas por agencias internacionales como la Luna o Marte.
La participación argentina en este proyecto también refleja un creciente interés en integrar la ciencia local en iniciativas globales vinculadas al espacio.
A través del INTA, el país aporta no solo conocimientos técnicos, sino también recursos biológicos con potencial científico y estratégico.
En este sentido, la quinua —cultivo ancestral de Sudamérica— se considera ahora un ingrediente clave en la investigación de vanguardia. En su viaje al espacio, no solo buscan respuestas a preguntas científicas, sino que también abren nuevas posibilidades para el futuro de la producción de alimentos en contextos extremos.
Con esta misión, la ciencia argentina inicia un nuevo capítulo en la exploración de los límites de la vida y la adaptación, erigiendo un emblemático culto a la región más allá de la atmósfera terrestre.
Fuente: Ansa