La llana orografía y las restricciones de tráfico rodado en el centro hacen de Copenhague una ciudad muy cómoda de recorrer en bicicleta o a pie. Alrededor de la plaza del Ayuntamiento, en aproximadamente un kilómetro a la redonda, se encuentran una buena parte de los atractivos de la ciudad. En la misma plaza tenemos el Reloj del Mundo, de Jens Olsen, la estatua del fundador de la ciudad, el obispo Absalón, en la fachada del Ayuntamiento, y la columna de los Tocadores de Lur.

Tras visitar al Hans Christian Andersen de bronce nos podemos acercar hasta Tivoli, uno de los parques de atracciones más antiguos de Europa. Data de 1843 y enciende sus más de cien mil bombillas entre los meses de mayo y septiembre. Muy cerca de Tivoli está uno de los museos más interesantes de la ciudad, la NY Carlsberg Glyptotek. El recinto alberga las colecciones del prestigioso industrial cervecero Carl Jacobsen. Entre la importante muestra de arte egipcio, griego, romano o etrusco, podemos ver obras escultóricas de Degas, pinturas de Gauguin o Van Gogh, y uno de los besos de Rodin.

Uno de los edificios más hermosos de la ciudad es el de la Bolsa, de estilo renacentista, con una magnífica aguja adornada con cuatro dragones que entrelazan sus colas hasta la punta. Si buscamos estilos arquitectónicos más actuales hay que acercarse a la Biblioteca Real, fundada por Federico III en 1773 y con una colección de cerca de cinco millones de libros.

Fuente: Revista National Geographic

El edificio sufrió una controvertida remodelación en 1999, añadiendo al antiguo edificio un trapecio de cristal conocido como Black Diamond. La estructura alberga una cafetería, un restaurante y la sala de consulta, y es un claro exponente del afamado diseño danés.

El Diamante Negro en Copenhague
Foto: AgeFotostock

Copenhague está considerada como una de las capitales del diseño. Parte de culpa la han tenido nombres como Arne Jacobsen o Giorgetto Guiugiaro. Al primero le debemos haber sido promotor del funcionalismo y obras como el Hotel Radisson Sas Royal, de 1960, en el que están cuidados hasta detalles tan nimios como los picaportes.

Una de sus habitaciones, la 606, ha permanecido tal como la dejó el diseñador. El creador italiano, padre de diseños como los del Fiat Panda, el Golf o la Nikon F5, diseñó uno de los metros más vanguardistas de Europa: anchos vagones de aluminio sin conductor circulan entre estaciones dotadas de un sistema de claraboyas que bañan de luz natural los siempre claustrofóbicos espacios del subsuelo.

Ópera Copenhague
Foto: Shutterstock

Entrañable o acogedor son los términos que mejor encajan con el impreciso término con el que definen los daneses a su ciudad: hyggelig. Para entenderlo mejor podemos dar una vuelta alrededor de los canales. El corazón de Copenhague es la plaza Kongens Nytorv, donde se encuentran edificios históricos como el Teatro Real o el Hotel de Inglaterra.

Desde la misma plaza nace el canal Nyhavn, antiguo punto de encuentro de estibadores y prostitutas, hoy frecuentado por bohemios y estudiantes que al mínimo rayo de sol se sientan en el borde de los canales, en las terrazas de los barcos o, los más afortunados, en los veleros atracados en el canal para beber cerveza y comer smørrebrød, bollos de pan de cereales —suele ser de centeno— untado con mantequilla y acompañado de arenques, carne, salchichas o huevos y algún tipo de salsa.

Stroget pasa por ser una de las calles peatonales más largas de Europa, aunque tiene truco porque va cambiando de nombre a lo largo de recorrido. Desviándonos unos metros podemos subir a la Torre Redonda, el antiguo observatorio astronómico, desde donde se tienen amplias panorámicas de la ciudad. La historia nos cuenta que por la rampa en espiral subió a caballo el zar Pedro el Grande de Rusia en 1716.

La calle Bredgade, que parte el barrio de los anticuarios, conduce directamente al palacio de Amalienborg. Antes de llegar hay una parada interesante: en el número 70 está la placa conmemorativa del fallecimiento del padre de la corriente existencialista del siglo XX, el filósofo Soren Kierkegaard.

Stroget
Foto: iStock

La residencia real está en una plaza octogonal, rodeada por varios palacios rococós que forman en su conjunto el palacio de Amalienborg. Recibió su nombre de la esposa de Federico III, la reina Sofía Amalia. La familia real se trasladó aquí después de que un incendio, en el año 1794, devastara la anterior residencia, el palacio de Christiansborg, que hoy es la oficina del primer ministro y la sede del Tribunal Supremo. Especialmente vistoso es el cambio de guardia que tiene lugar cada día a las 11.30, donde los soldados con su uniforme de gala marchan al ritmo de la banda de música.

Copenhague
Foto: Adobe Stock

La sirenita, icono de la ciudad

Hans Christian Andersen pasó gran parte de su vida en Copenhague, donde escribió alguno de sus cuentos de fama universal. Uno de sus personajes, la Sirenita, es el icono más reconocible de la ciudad. La estatua es obra del escultor Edvar Eriksen. Aún se conservan los moldes de 1913, menos mal, para que se puedan reparar actos de vandalismo como el que ha llevado a la estatua a perder la cabeza en un par de ocasiones.

Callejeando más allá del centro de la ciudad podemos llegar hasta el cementerio de Assistens, con un parque donde la gente acude a pasear, a leer un libro, charlar o tomar el sol entre lápidas y mausoleos, muy ligeros de ropa en ocasiones. Ya lo dijo Hans Christian Andersen: «A los daneses no nos basta con vivir. Necesitamos sol, libertad y unas cuantas flores».

Pueblo de Rungsted, en Dinamarca
Shutterstock

El buen sistema de transportes de Copenhague nos permite plantearnos algunas excursiones fuera de la ciudad. La primera parada debería ser Rungsted. En este pueblo con mar ubicamos la casa museo de Karen Blixen, quien bajo el seudónimo de Isak Dinesen escribió Lejos de África. Es la casa donde nació la escritora, el lugar al que regresó tras abandonar la granja que tuvo en Kenia.

Visitando la casa se puede comprobar que la foto real de su amante dista bastante de la imagen de Robert Redford en la adaptación que se llevó al cine. En Hillerød está el castillo de Frederiksborg, que fue reconstruido en el siglo XVII por el rey Christian IV en estilo renacentista. Es el más grande de Escandinavia y en su interior está el Museo de Historia Nacional.