En buena parte del mundo, los menores de 40 compran su primera vivienda cada vez más tarde o directamente no llegan a hacerlo. Precios que crecen más rápido que los salarios, crédito escaso y empleo inestable explican un fenómeno que también golpea con fuerza en la Argentina.

Durante décadas, la secuencia parecía natural: terminar los estudios, conseguir trabajo, irse de la casa de los padres y, con algunos años de esfuerzo, comprar una vivienda. Para muchos jóvenes de hoy, ese recorrido se volvió una carrera cuesta arriba, y la casa propia pasó de ser una meta alcanzable a un horizonte cada vez más lejano.

Un fenómeno global

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), entre los años 80 y mediados de la década de 2010 bajó la proporción de propietarios de entre 25 y 34 años en países como Australia, Dinamarca, Alemania, Países Bajos, Reino Unido y Estados Unidos. Hubo excepciones, como Italia y Noruega, donde esa tasa creció.

Datos más recientes del organismo muestran que la propiedad de la vivienda entre personas de 30 a 40 años cayó en 17 de 24 países analizados desde mediados de los 90. En Irlanda, por ejemplo, pasó del 81% al 53%, en el Reino Unido del 74% al 56% y en España del 77% al 60%.

La consecuencia es que cada vez más jóvenes viven con sus padres o alquilan. En más de la mitad de los países de la OCDE, la mayoría de los jóvenes de 20 a 29 años sigue viviendo en la casa familiar. Y el alquiler también se encareció: la proporción de inquilinos que destinan más del 40% de sus ingresos a pagar la renta pasó del 12,8% en 2012 al 17,9% en 2023.

España es un ejemplo elocuente. En 2025, comprar una vivienda de 80 metros cuadrados requería 8,4 años de salario bruto completo, frente a 7,1 años el año anterior. Los precios de las viviendas usadas subieron un 20,5%, mientras los salarios ofertados apenas crecieron un 1%.

Por qué antes se podía

Los especialistas coinciden en que no hay una única causa, sino una combinación de factores.

El primero es la brecha entre precios y salarios. En las últimas tres décadas, el costo de la vivienda creció más rápido que casi cualquier otro gasto de los hogares y mucho más que los ingresos. La OCDE vincula ese aumento con la demanda en zonas donde la oferta de viviendas está limitada, sobre todo en las grandes ciudades, donde se concentra el empleo.

El segundo es el acceso al crédito. Tras la crisis financiera de 2008, muchos países endurecieron los requisitos para otorgar hipotecas, y más recientemente la suba de las tasas de interés encareció los préstamos. A eso se suma la dificultad de reunir el ahorro inicial, que en las ciudades más caras puede equivaler a varios años de ingresos.

El tercero es la inestabilidad laboral. Los jóvenes tienen más contratos temporales o informales, lo que les dificulta demostrar ingresos estables para acceder a un crédito o incluso a un alquiler.

Por eso, cada vez más jóvenes dependen de la ayuda de sus familias para comprar una vivienda, lo que, según distintos estudios, profundiza las desigualdades entre quienes tienen patrimonio familiar y quienes no.

El caso argentino

En la Argentina, el problema tiene rasgos propios, marcados por décadas de inflación y la ausencia de un mercado hipotecario masivo. Según un relevamiento del Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda Argentina (OFAVA) basado en datos del INDEC, cerca de 2,5 millones de personas de entre 25 y 35 años siguen viviendo en su hogar de origen, el 37% de esa franja de edad, porque no pueden comprar ni sostener un alquiler.

Al mismo tiempo, creció la cantidad de inquilinos: los hogares que alquilan pasaron del 13% en 2007 al 18,4% en la actualidad. Entre las personas de 16 a 29 años, más de cuatro de cada diez alquilan, y en la franja de 30 a 45 años la proporción supera el 50%. Los especialistas atribuyen esta tendencia al aumento del valor del suelo urbano y a la escasez de crédito hipotecario accesible.

Según datos de la Fundación Tejido Urbano, la situación es más grave en provincias del norte, como Salta y Santiago del Estero, donde seis de cada diez jóvenes no logran independizarse.

A pesar de todo, el deseo de ser propietario sigue intacto: un informe del Colegio Inmobiliario porteño indicó que el 85% de los jóvenes aspira a comprar una vivienda.

El debate sobre las soluciones

No hay consenso sobre cómo resolver el problema. Algunos economistas sostienen que la clave es desregular y facilitar la construcción para aumentar la oferta. Otros ponen el acento en la vivienda social y en políticas públicas de alquiler asequible.

La OCDE advierte que los incentivos para comprar, como subsidios o beneficios fiscales para primeros compradores, pueden resultar contraproducentes si la oferta no crece, porque terminan empujando los precios hacia arriba. En cambio, recomienda ampliar la oferta de vivienda asequible y social.

Mientras tanto, para toda una generación, la llave de la casa propia sigue siendo más una aspiración que una realidad.