Su ubicación entre dos de las ciudades más visitadas de Portugal no ha sido suficiente para incluirla en los circuitos habituales. Sin embargo, esta localidad es un museo a cielo abierto del azulejo. Su extraordinaria colección de fachadas azulejadas se cuentan por cientos solo en el centro histórico, pues sus freguesías también acumulan un buen puñado de paneles cerámicos que brillan a todo color bajo el sol atlántico.
Fuente: Revista National Geographic Viajes
Definido por dos fronteras naturales – una el océano, con sus playas vírgenes salpicadas de dunas, y la otra una ría, llena de canales, isletas y marismas -, el municipio es también hogar de interesantes museos, un gran patrimonio artístico y las condiciones de cercanía y tranquilidad de la que gozan los extrarradios más bellos.
A todo color

A 40 km de la bella Ciudad Invicta, Ovar parece solo un punto en el mapa de camino a Aveiro, aunque sus cerca de 55.000 habitantes sepan perfectamente el gran valor que se concentra en su concelho. Los millones de azulejos que se pueden contar en sus casas, iglesias y otros edificios – son más de 800 las fachadas azulejadas solo en el centro histórico -, con sus patrones geométricos, motivos florales, escenas figurativas y combinaciones cromáticas, convierten el lugar en una galería de arte cuyo origen radica en los siglos XIX y XX.
En estas fechas, los emigrantes ovarenses enriquecidos en Brasil regresaban a su tierra y construían sus casas cubriéndolas con las cerámicas más llamativas, mostrando así su nuevo estatus. Esta bella competición ha dejado un patrimonio notable en Ovar, que ahora puede descubrirse con una ruta circular señalizada con piezas de azulejo que parte del edificio consistorial y pasa por lugares icónicos. Para saber más, se pueden hacer visitas guiadas, talleres de conservación o acudir en mayo, cuando se celebra el mes del azulejo.
Concentración de arte

Un paseo por el casco histórico comienza en la Praça da República, presidida por el ayuntamiento del siglo XIX y con la iglesia azulejada de Santo António en uno de sus extremos, pero si uno se fija bien podrá ver una de las Siete Capillas de la Pasión, uno de los tesoros más peculiares de Ovar. Distribuidos por el centro histórico y sus alrededores, estos pequeños edificios rococó -primero de madera y construidos en piedra en el siglo XVIII gracias a un impuesto sobre la venta del vino- combinan maestría arquitectónica, escultural y pictórica en poco espacio.
Pueblos medievales Portugal
El recorrido sigue por el Mercado Municipal, diseñado por el arquitecto Januário Godinho, y por algunos centros culturales que no hay que perderse en la ciudad. El Museu de Ovar es uno de ellos, pues recorre la historia y etnografía local a través de trajes, herramientas, cerámica e incluso muñecas. El Museu Escolar Oliveira Lopes es un viaje a las escuelas del Portugal rural de hace un siglo, y la Casa Museu de Arte Sacra reúne el patrimonio artístico de los siglos XV al XX de la Orden Franciscana Seglar. Por último, el Museu Júlio Dinis reconstruye el paso del escritor por Ovar, que dejó varios libros y adaptaciones al cine.
El azulejo, omnipresente

Las cinco freguesías de Ovar justifican conocer el municipio más allá de la pequeña ciudad. Esmoriz es la más urbana y la única con rango de ciudad, y es famosa por la tradición tanoaria (fabricación de barriles de vino) y los palheiros, las antiguas casas de pescadores que también pueden verse en Cortegaça. En esta freguesía se levanta la imponente Igreja Matriz de Santa Marinha, con sus azulejos clásicos, blancos y azules, tiñendo todo su frontal y representando figuras de santos, que también pueden verse en el cementerio adyacente.
Otro templo que quita el aliento es la Igreja Matriz de Válega, comenzada en 1746 y con un siglo de obras a sus espaldas, su fachada se revistió en el siglo XX con azulejos policromados que representan pasajes bíblicos. El trabajo, realizado por la Fábrica Aleluia de Aveiro, se conoce popularmente como la «Capilla Sixtina» portuguesa, y es que no hay un centímetro sin intervención artística: vidrieras elaboradas en Madrid, azulejos dentro y fuera y artesonado de madera la hacen única. Un espectáculo que se intensifica con la luz del atardecer en su colorida estructura.
Arenales para todos los gustos

Unos 15 km de costa atlántica sin apenas interrupciones bañan Ovar. La arena fina y blanca es la protagonista junto a las aguas frías incluso en verano y el viento constante, que hacen de ellas las más queridas por surfistas y quienes aman la naturaleza más pura. La praia do Furadouro es la más accesible y su bandera azul atrae tanto eventos deportivos de surf, bodyboard, voleibol y fútbol playa como a bañistas aventureros. Junto a ella nace la praia de Torrão do Lameiro,flanqueada por dunas y pinares y característica por las barcas varadas en la orilla y los pescadores trabajando con el tradicional método de la xávega.
Hacia el norte se encuentran las playas de Cortegaça y Maceda, que forman prácticamente un único arenal. El primero, con bandera azul, guarda una zona protegida por un espigón con condiciones algo más tranquilas, mientras que el sur se abre completamente al Atlántico. La segunda cambia radicalmente de carácter, con un frondoso bosque de pinos por el que discurre una carretera con carril bici. La más lejana de Ovar es la praia de São Pedro de Maceda, la que más se acerca a la idea de playa virgen por su acceso a través de una pista de árboles que desemboca en acantilados de arena y pino y una soledad soñada.
Naturaleza mires donde mires

Al ocupar el extremo norte de la Ría de Aveiro, una de las zonas húmedas más extensas de Portugal, Ovar disfruta del inicio de esa gran laguna que se extiende paralela a la costa unos 45 km. Esta red de canales y marismas que habitan flamencos, garzas, águilas pescadoras y decenas de especies migratorias se puede disfrutar tanto en Cais da Ribeira – antiguos muelles desde donde partían las embarcaciones y que ahora ofrecen paseos en el típico moliceiro o kayak – como en los 60 km de vías ciclables que los rodean.
También existen otros espacios verdes en el municipio. El Parque Ambiental do Buçaquinho es el pulmón verde de Ovar, con seis lagunas, puestos de observación, jardines de plantas aromáticas y un centro de educación ambiental. En el extremo norte, la Barrinha de Esmoriz es un ejemplo de recuperación ambiental de un humedal altamente contaminado que ahora alberga más de 160 especies de aves. Por último, el Parque da Fonte do Estanislau, que ya aparece documentado en el año 1053 y que fue hogar de numerosos molinos de rodezno durante siglos, es ahora un parque lleno de pasarelas, escaleras y puentes de madera entre vegetación ribereña y espacios para descansar.