Durante décadas, el jazz femenino luchó por consagrarse en un mundo de hombres. Hoy hacemos un homenaje a algunas de las más influyentes mujeres del jazz.
Fueron mujeres en su mayoría afrodescendientes, que tuvieron que luchar por predominar en el mundo artístico patriarcal con sus condicionantes de género y raza. Mujeres valientes, que decidieron hacer del jazz y la música una profesión, a pesar de “todo lo demás” que se esperaba de ellas. Mujeres que utilizaron la música para expresar sus sentimientos, sus problemas como mujeres, como mujeres negras, sus pasiones, sus debilidades, alegrías y fortalezas. El jazz no es jazz sin ellas, a pesar de que durante décadas los historiadores las han invisibilizado. Las mujeres jazzistas cantantes son las que más han conseguido perdurar en el imaginario social, pero hubo grandísimas instrumentistas, pianistas, trompetistas, saxofonistas del jazz… Hoy nos centraremos en las principales exponentes del jazz femenino y del jazz humano, sin olvidar que no fueron sólo unas pocas, sino cientos de ellas.

 

Mujeres esclavas transmisoras y creadoras de música
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Durante el periodo de la colonia y esclavitud de africanos y afrodescendientes en los diferentes países del continente americano, las mujeres negras nunca dejaron de transmitir sus conocimientos a través de la música. La mayoría de las primeras esclavas africanas provenieron de sociedades matriarcales, donde las mujeres eran sujetos de sabiduría y de transmisión cultural. Sin embargo, su situación de opresión minó a golpes su poder femenino, que de alguna manera pudo resistir a través de su música. Ellas cantaron a sus hijos durante generaciones y siglos de esclavitud las canciones que les enseñaron sus abuelas, bisabuelas y tatarabuelas, siendo parte fundamental de la creación de las músicas actuales en todo el continente americano. La voz de las mujeres esclavas supuso su aliento, porque tenían prohibido el uso de instrumentos y el acceso al conocimiento musical. Pero las mujeres esclavas nunca dejaron de cantar, lo que ayudó al surgimiento de grandes estilos musicales en la Historia, como el gospel, el blues o el jazz en Estados Unidos y la cumbia, el bolero, la salsa, la bossa nova y un sinfín de géneros musicales que hoy llamamos “ritmos latinos” en el resto del continente.

Mujeres del jazz en los años 20′
Dando un salto en el tiempo, nos ubicamos en los años 20′ en Estados Unidos, cuando la música se había instalado tanto en las sociedades blancas como en las negras, que tras varias décadas de abolición de la esclavitud, siguieron otras décadas más sufriendo discriminación racial. La década de los 20′ supone la consolidación del jazz como género musical y el comienzo de los últimos años del blues, donde mujeres cantantes afrodescendientes destacaron sin precedentes, como Mamie Smith, en la fotografía, Gertrude “Ma” Rainey, Bessie Smith, Ida Cox o Rosa Henderson. En el piano, destacan mujeres jazzistas como Billie Pierce, Dolly Adams, Jeanette Salvant Kimball, Edna Thomas, que llegó a tocar junto a Louis Armstrong, Lovie Austin que comenzó sus inicios también junto a Louis Armstrong, Alberta Simmons, Mazie Mullins y Lil Hardin, la esposa y después exmujer de Louis Amstrong cuya aportación al crecimiento artístico del jazz fue fundamental. Las bandas de mujeres instrumentistas del jazz comenzaron a resurgir, tanto en el ámbito negro como en el blanco norteamericano. Algunas instrumentistas importantes de la época fueron la saxofonista Irma Young, la contrabajista Thelma Terry o Sophie Tucker, la primera mujer que dirigió una banda de hombres.

Años 30′: Surgimiento de las musas del jazz
En los años 30′ siguieron proliferando las bandas de jazz de mujeres, pues la industria musical las explotó considerablemente debido al filón comercial que provocaban. La Lil Hardin’s All-Girl Band, la Dixie Sweethearts dirigida por Mayme Lacy y la Harlem Playgirls son tres de las mejores orquestas femeninas de la época. Además, se comenzó a romper el estereotipo de género por el que las mujeres no podían participar en orquestas masculinas, llegando incluso a sustituir a vocalistas masculinos por femeninos, debido también a la atracción sexual que generaban las vocalistas mujeres. También continuaron trabajando mujeres instrumentistas en el mundo del jazz, son cientos de ellas que siempre les costó ser consideradas socialmente como iguales a los instrumentistas varones, aunque muchas fueron muy respetadas en los círculos musicales del jazz. Pero lo interesante de los años 30′ es que es en esta década donde interrumpen dos musas del jazz, dos voces inigualables que llegaron para consolidar a las mujeres en el mundo del jazz y cambiar su Historia: son Ella Fitzgerald (a la derecha de la fotografía), considerada la mejor vocalista del jazz de la Historia, y la innovadora y original Billie Hollyday (a la izquierda de la fotografía). Sin ellas el jazz sería otra cosa de la que conocemos hoy día.

Años 40′ Sara Vaughan y el bebop
En plena II Guerra Mundial, el auge del trabajo femenino en Estados Unidos fue espectacular. Mientras los hombres estadounidenses luchaban en Europa, las mujeres comenzaron a ocupar puestos laborales para los que jamás se les había considerado. En el ámbito del espectáculo y la música, las mujeres cantantes e instrumentistas supusieron un número jamás antes visto. Eso sí, el aumento de número de mujeres músicas vino acompañado de un aumento de cosificación y sexualización de las mismas y muchas de ellas eran hostigadas sexualemente en lso conciertos. Las orquestas femeninas proliferaron como la espuma y las mujeres instrumentistas se hicieron hueco incluso en las orquestas de hombres. Un ejemplo es Melba Liston, trombonista, compositora, arreglista y cantante, que estuvo en varias orquestas como la Dizzy Gillespie, en la de Billie Holiday y en la Count Basie y era una arreglista muy solicitada por las mejores orquestas de jazz del país. En este contexto de guerra apareció un nuevo jazz, el bebop, que nació como una categoría propia de jazz negro y cuya complejidad armónica tenía mucho más que ver con los sentimientos de una generación desencantada por la guerra. Sus representantes tocaban en pequeños clubs en Nueva York, alejándose de los círculos blancos de poder. Una de sus máximas representantes es Sara Vaughan, apodada como Sassy y La Divina, que también tocaba el piano con soltura y que ha sido considerada junto a Billie Hollyday y Ella Fitzgerald como una de las tres cantantes del jazz más grandes de todos los tiempos.

Años 50′: Competencia entre mujeres y hombres del jazz

La guerra se acaba y regresan los hombres de la guerra, lo que supuso un duro golpe para todas las mujeres estadounidenses a nivel laboral. El mensaje ahora era que las mujeres debían regresar a los hogares, dejar de ganar dinero y ocuparse de sus familias. Sin embargo, tras saborear un cierto tipo de libertad, muchas mujeres se resistieron como pudieron a este nuevo retorno a una sociedad tradicional y continuaron trabajando a la vez que “cumplían” con sus obligaciones maritales.

Las mujeres del jazz son un ejemplo de ello, que ahora se encontraban en total competitividad con los jazzistas masculinos y con un nuevo tipo de género musical mezcla del rhythm & blues negro y la música country blanca, el rock&roll. El jazz dejó de convertirse en la música bailable y es en los 50′ donde comienza su decaimiento, pero a la vez, la competencia laboral del jazz incluía a las mujeres y éstas comenzaron a estar presentes en la vida social. Ahora había el mismo número de mujeres que de hombres en los grandes clubs, y sólo los pequeños clubs son los que continúan masculinizados. Aparecen nuevos nombres de cantantes, como Carmen McRae, Betty Carter o Abbey Lincoln, que además suponían una nueva generación de cantantes de jazz, en su mayoría negra, que se unirían a la lucha política por los derechos civiles en los 60′. Destacan algunas pianistas como Barbara Carroll, Bess Bonnier y Terry Pollard, que en esta escena junto al vibrafonista Terry Gibbs se muestra la competencia entre hombres y mujeres en el jazz. De todas formas, a pesar de la cantidad de mujeres jazzistas de calidad excepcional, la Historia del jazz las dejó fuera del reconocimiento a sus contribuciones.

Años 60′: jazz restringido
Ante el auge del pop y el rock, las grandes compañías discográficas dejaron a un lado el jazz, pero las mujeres jazzistas continuaron luchando por un camino que les permitiera disfrutar de su música y vivir de ello. Los 60′ es la década de la llamada Segunda Ola del Feminismo y nunca antes se había visto una participación política de las mujeres como en esa década. En el ámbito del jazz, se apuesta por el free jazz, que abandona las estructuras para dar paso a la improvisación y a la experimentación. Una exponente importante de esta época es Mary Maria Parks, saxofonista que tocaba junto a Albert Ayler, su marido y hombre considerado como el máximo exponente del free jazz. Ella componía sus canciones, las arreglaba y cantaba… pero a pesar de su gran influencia, nunca tuvo un hueco merecido en la Historia del jazz. Otro nombre destacado es la cantante, pianista y compositora Carla Bley (en la foto), fundadora de la Jazz Composer’s Orchestra y cofundadora de la New Music Distribution Service, una discográfica de sellos independientes que sentaría las bases de lo que hoy conocemos como discográficas independientes, que manejan prácticamente todo el mercado del jazz actual.

Años 70′: Mujeres presentes en el jazz
En la década de los 70′ nos encontramos con un jazz avanzado que se concreta en una nueva forma de experiencia musical, los lofts o espacios diáfanos donde los invitados podían acudir a disfrutar de sesiones de jazz con diferentes músicos que se reunían con el objetivo de experimentar y avanzar en el lenguaje musical que se comenzó a vislumbrar en el free jazz. Una de las pioneras en la creación de los nuevos lofts para músicos en la ciudad de Nueva York, fue la jazzista Jay Clayton. Además, el jazz comienza a electrificarse y cambiar, experimentando nuevos rumbos que permiten su diversificación y proliferación en esta década. También, las mujeres comienzan a estar presentes en el mundo ejecutivo del jazz, con nombres importantes como Cobi Narita, promotora del Women in Jazz Festival, primer festival de jazz femenino que aún continúa celebrándose en la ciudad de Nueva York. Se generan grandes orquestas de jazz, dos de las más grandes fueron dirigidas por mujeres, la orquesta de Carla Bley y la de Toshiko Akiyoshi con su marido Lew Tabakin. Es una época de gran auge donde aparecen figuras de todas partes del planeta, no necesariamente estadounidense y donde las mujeres cobran protagonismo no sólo como cantantes o pianistas (ámbitos donde tradicionalmente fueron más aceptadas), sino como compositoras, saxofonistas, trompetistas, flautistas… e incluso en el campo de la docencia. Algunos nombres de instrumentistas famosas son Jane Ira Bloom, Ann Paterson, Stacy Rowles, Bobbi Humphrey (en la fotografía), Janice Robinson o Karen Borca, entre muchas otras. Una de las cantantes más famosas de la década fue la inigualable Dianne Reeves, pero hay muchos otros nombres conocidos de mujeres cantantes de jazz como Jay Clayton, Cobi Narita, Joni Mitchell o Judy Roberts.

Años 80′ a 90′: presencia de mujeres en todos los ámbitos del jazz
A partir de la década de los 80′, las mujeres comenzaron a estar presentes en todos los ámbitos del jazz, desde el ámbito de la producción hasta el artístico. El acceso a la educación musical en prestigiosas escuelas como el Berklee College en Boston, la Julliard School en Nueva York, la AACM de Chicago o la Universidad de Berkeley en California, permite que las mujeres aborden instrumentos anteriormente exclusivos para los hombres, como la batería o la guitarra eléctrica. Son muchos los nombres de mujeres jazzistas que han sonado desde entonces, la mayoría unidas al movimiento feminista o a una posición política identificada como de izquierdas que desde los 60′ se ha mantenido en el universo del jazz. Pauline Oliveros fue una de las exponentes más importantes en la contribución del jazz electrónico de vanguardia, la gran contrabajista Joëlle Léandre, la violinista India Cooke o la baterista, compositora, productora, empresaria y cantante Terri Lyne Carrington (en la fotografía) son sólo algunos de los nombres más relevantes. También es destacable la labor de la directora de orquesta Maria Schneider, que grabó junto a su orquesta su primer disco “Evanescence” en 1995 y que desde entonces es una de las orquestas de jazz más solicitadas del panorama internacional. En cuanto a las cantantes, Diana Krall es una de las más famosas, y junto a ella, Madeleine Peyroux, Leena Conquest, Nnenna Freelon, Rachelle Ferrell, Luciana Souza, Dee Alexander o Jane Monheit junto a muchas otras.