La Unión Astronómica Internacional (IAU) bautizó oficialmente como (20786) San Sebastián al asteroide que hasta ahora era conocido como 2000 RG62, en reconocimiento a la trayectoria científica de la astrónoma argentina Irina San Sebastián, egresada de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
El cuerpo celeste fue descubierto el 1° de septiembre de 2000 por el programa LINEAR, en Socorro, Estados Unidos. Durante más de dos décadas permaneció identificado con esa denominación, hasta que la IAU resolvió asignarle el apellido de la investigadora argentina.
San Sebastián es doctora en Astronomía y actualmente reside en Milán, Italia, donde realiza un posdoctorado en el Politecnico di Milano. Su trabajo científico está centrado en el estudio de la evolución de los asteroides a través de las colisiones.
La investigadora realizó tanto la Licenciatura como el Doctorado en Astronomía en la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP. Sus primeras investigaciones estuvieron relacionadas con la formación planetaria y la fragmentación de los cuerpos que dieron origen a los planetas.
En la actualidad, su trabajo se concentra especialmente en los denominados rubble piles, asteroides formados por cúmulos de rocas que permanecen unidos principalmente por su propia gravedad. San Sebastián estudia este tipo de cuerpos mediante experimentos, debido también a su importancia para la defensa planetaria.
La propuesta para que el asteroide llevara su apellido surgió de un investigador de un país vecino que conoce su trabajo desde sus comienzos en la investigación y que estuvo presente incluso en su primera exposición en un congreso. La recomendación, según explicó la propia científica, fue realizada por el investigador uruguayo Gonzalo Tancredi.
«La verdad que nunca ni soñé con esto«, contó San Sebastián al referirse al reconocimiento. Según explicó, la elección del nombre no es algo que los propios investigadores soliciten, sino que debe existir una propuesta de otra persona.
El reconocimiento fue formalizado por el Working Group on Small Bodies Nomenclature (WGSBN), el grupo de la IAU encargado de asignar nombres a planetas menores, cometas y satélites de planetas menores. La descripción oficial identifica a San Sebastián como una científica planetaria argentina especializada en la evolución colisional y en la combinación de estudios experimentales y teóricos aplicados a las ciencias planetarias.
Un nombre que también recuerda a Ana Teresa Diego
El nuevo nombre tiene para San Sebastián un significado que excede el reconocimiento a su trayectoria profesional. Durante sus años como estudiante en la UNLP conoció la historia de Ana Teresa Diego, una estudiante de Astronomía de la misma facultad que fue secuestrada y desaparecida a los 21 años durante la última dictadura cívico-militar.
En 2011, la Unión Astronómica Internacional había bautizado como (11441) Anadiego a un asteroide en su homenaje. Fue la primera vez que la organización asignó a un cuerpo del Sistema Solar el nombre de una persona desaparecida.
San Sebastián recordó que fue precisamente el caso de Diego el que despertó su interés por los nombres asignados a los asteroides. Ambas estudiaron Astronomía en la UNLP y llegaron desde Bahía Blanca a La Plata para formarse en la carrera.
La investigadora señaló que siempre se pregunta qué habría sido de Diego si no hubiese sido secuestrada y desaparecida, incluso si podría haber sido su profesora o a qué área de la astronomía se habría dedicado. «Nos arrebataron esas respuestas», reflexionó.
Por eso, la posibilidad de que su apellido ahora comparta el espacio con el de Diego tiene un valor particular para la científica. «Me siento muy honrada de que ahora haya un asteroide con mi apellido orbitando tanto cerca de otros nombres de colegas que admiro como de Anadiego«, expresó.
Una trayectoria vinculada a la investigación científica
La carrera de San Sebastián también incluye trabajos vinculados con la recuperación de meteoritos. Durante una expedición realizada el año pasado en La Pampa, participó de la búsqueda de fragmentos de un meteorito cuya caída pudo ser reconstruida a partir de su órbita.
La investigadora encontró uno de los fragmentos durante aquella búsqueda. El trabajo, sin embargo, fue resultado de una tarea colectiva que involucró a geólogos, investigadores, especialistas y vecinos que colaboraron para determinar el área de caída y recorrer el terreno.
El equipo continúa trabajando en la publicación de los resultados y, de confirmarse, se trataría del primer meteorito recuperado en Argentina cuya órbita pudo ser reconstruida.
Años atrás, mientras finalizaba su beca posdoctoral, San Sebastián también había destacado la importancia del desarrollo científico en el país y de la educación pública. «La ciencia la hacemos personas, con nuestras identidades, culturas y territorios«, había señalado en una entrevista publicada por la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas.
En esa oportunidad había planteado además la necesidad de generar desarrollo científico en Argentina y fomentar tanto la ciencia aplicada como la básica para responder a las necesidades del territorio. También había remarcado la importancia de defender la ciencia y la educación públicas.
El nuevo asteroide se suma así a otros cuerpos celestes vinculados con figuras de la historia de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas. Entre ellos se encuentran los nombres de José Luis Sérsic, uno de los astrónomos argentinos más influyentes del siglo XX, y Virpi Niemelä, quien se doctoró y desarrolló parte de su trayectoria profesional en ese ámbito.
Desde ahora, el antiguo 2000 RG62 lleva oficialmente el nombre (20786) San Sebastián, y el apellido de la astrónoma argentina formada en la UNLP quedó incorporado al registro de cuerpos menores del Sistema Solar.