El 24 de enero de 1848, un carpintero llamado James W. Marshall descubrió pepitas de oro mientras trabajaba en un aserradero propiedad de John Sutter, en Sutter’s Mill, a orillas del río American, en la entonces remota región de California. Aunque el hallazgo fue inicialmente mantenido en secreto, la noticia se propagó con rapidez y desató uno de los fenómenos migratorios más impactantes del siglo XIX: la Fiebre del Oro de California.
A partir de 1849, cientos de miles de personas —conocidas como los forty-niners— llegaron desde distintos puntos de Estados Unidos, América Latina, Europa y Asia en busca de fortuna. San Francisco pasó de ser una pequeña aldea portuaria a una ciudad en expansión acelerada, mientras se transformaban la economía, la demografía y la infraestructura del territorio.
El boom del oro aceleró la incorporación de California como estado de la Unión en 1850, pero también tuvo consecuencias dramáticas: el desplazamiento y exterminio de comunidades indígenas, conflictos sociales y una explotación laboral extrema. El descubrimiento de Marshall no solo alteró el mapa del oeste estadounidense, sino que redefinió el imaginario del “sueño americano” ligado a la riqueza rápida y la conquista del territorio.