Entre canales que remiten al Delta y parajes rurales donde el tiempo parece ir más lento, los municipios de Berisso y Navarro se destacan como dos destinos de la provincia de Buenos Aires que invitan al descanso, al encuentro con la naturaleza y a redescubrir tradiciones.
Aunque separadas por kilómetros y paisajes, estas localidades bonaerenses proponen experiencias distintas pero con un mismo espíritu: tomarse un respiro, conectar con el entorno y disfrutar de las vacaciones de invierno sin necesidad de salir del país.
Ubicada a escasos minutos de La Plata, Berisso se presenta como un destino que combina la historia de la inmigración con postales ribereñas y propuestas de turismo activo.
Desde el kayak entre los canales hasta el stand up paddle al amanecer, la ciudad ofrece actividades náuticas para quienes buscan aventura y contacto con el agua.
También es posible navegar en velero o embarcarse en salidas de pesca organizadas, como las que ofrece Miguel Puebla, responsable de Pesca Halcón: “Arrancamos con el desayuno y nos encargamos de todo: cañas, carnada, líneas y equipamiento completo. Solo hay que traer ganas de pasar un lindo momento”, asegura.
La ciudad también conserva su tradición rural en quintas como Isabella, donde es posible merendar a orillas del río Santiago y pasar una tarde isleña. Los viñedos locales y las bodegas familiares ofrecen degustaciones de vinos artesanales y relatos que conectan con las raíces del trabajo en la tierra.
Uno de los emblemas de la ciudad es la Isla Paulino, a la que se accede en lancha colectiva. Allí, el avistaje de aves, los picnics frente al río y los senderos entre talas y juncales forman parte de una postal serena y cercana.
Berisso es también Capital Provincial del Inmigrante, y eso se refleja en su gastronomía: varenikes, empanadas árabes, strudel y chorizos a la pomarola son algunas de las delicias que pueden degustarse en restaurantes, almacenes y eventos locales.
Desde la Cámara de Turismo de Berisso destacan que hay opciones para todos los gustos: “Contamos con lanchas, veleros y yates para realizar paseos por el delta, travesías nocturnas, experiencias isleñas o salidas de astroturismo”.
A la vez, 125 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, Navarro se despliega en el corazón de la llanura con una propuesta que combina la tranquilidad del campo, la historia local y una fuerte impronta religiosa.
La ciudad cabecera y sus pueblos rurales —como Las Marianas, Almeyra y Villa Moll— invitan a recorrer caminos de tierra, disfrutar de platos típicos y conocer el patrimonio religioso a través de los Caminos de la Fe dedicados a Mama Antula y el Sendero de la Virgen del Cerro.
La parroquia San Lorenzo Mártir, con su campana bicentenaria y su Cristo jesuítico, es uno de los puntos destacados del circuito.
Para quienes viajan con niñas y niños, el camping municipal ofrece un espacio con juegos, áreas para picnic, alquiler de kayaks y pesca.
Además, se pueden visitar el Museo Paleontológico Pampa Fósil, el Parque Bicentenario, la réplica del Fortín y realizar paseos en bicicleta por la zona rural.
“Si bien tanto Moll como Almeyra no tienen gran infraestructura turística, son grandes creadores de platos típicos que los visitantes no deberían perderse”, señalaron desde el municipio.
Entre juncos y llanuras, ríos y caminos rurales, Berisso y Navarro muestran la diversidad de paisajes y experiencias que ofrece la provincia de Buenos Aires. Dos propuestas que, lejos del bullicio, invitan a mirar cerca, descubrir lo simple y volver a sorprenderse.