La región de Bretaña tiene un buen número de localizaciones que contribuyen a esa sensación, falsa pero placentera, de que el día tiene más de 24 horas. Una de ellas es la pequeña localidad de Josselin. Claro que sus calles atesoran un valioso patrimonio sobre las callejuelas de empedrado y casas de entramado con fachadas de vivos colores; por no mencionar la gastronomía, estamos en Francia. Pero este tipo de pueblos invitan a repetir cruasán por la mañana, a decir bonjour a los desconocidos, a detenerse cada dos pasos, tres como mucho, a tardes de café sin prisa y hermosos atardeceres.
UN PUEBLO DE ROBLE Y ADOBE

Había llegado a Josselin desde Guérande, a la hora en que las campanas de la basílica de Notre Dame du Roncier se desperezaban. Aprovechando el fin de la cantinela, subí hasta el campanario para tener una vista general del pueblo, con el casco histórico con el río Oust de fondo y el castillo, en manos de la familia Rohan desde su primera construcción en el siglo XII. Junto al castillo, a su amparo, creció el barrio de Sainte-Croix, el más antiguo de Josselin, con sus casas de entramado, una de las grandes señas de identidad del patrimonio bretón.
Fuente: Viajes National Geographic
A partir de la Edad Media hubo un éxodo hacia entornos urbanos y eso obligó a construir. El transporte de materiales era muy caro o, directamente, imposible. Así que, a falta de piedra, tuvieron que tirar de lo que tenían más a mano: la madera, principalmente de roble por su resistencia, de los bosques cercanos. Con eso y un poco de adobe estuvieron levantando hogares durante los siguientes siglos. Los elementos como la decoración de las fachadas, la altura o el color de las casas son algunas de las pistas que podemos seguir para saber en qué siglo fueron construidos.
El fuego nunca ha acabado de conciliar bien con la madera y ha sido responsable de la desaparición de numerosas casas de entramado. Otro de los enemigos fue el postureo. Actualmente, ya nadie duda del valor histórico, cultural y arquitectónico de este tipo de casas, pero hubo una época en que se consideraron «casas de pobre» y la tendencia fue a cubrir el entramado con argamasa para simular piedra, ergo riqueza.
LOS RINCONES DEL CASTILLO

Aunque la familia Rohan sigue habitando el castillo de estilo gótico flamígero, un buen exponente de la arquitectura feudal y renacentista. Hay un horario de visitas que nos permite entrar en algunas de las principales salas de la propiedad, como algunos salones o la biblioteca, y pasear por los cuidados jardines, obra de Achille Duchesne, paisajista que también trabajó en Vaux-le-Vicomte.
Cuando es temporada, destaca la rosaleda compuesta por más de cuarenta variedades, el jardín de estilo francés y el parque inglés atravesado por un arroyo. La visita a la finca se puede complementar con la entrada al Museo de Muñecas y Juguetes, ubicado en las antiguas caballerizas.
ATARDECER AL MURMULLO DEL RÍO

La caída de la tarde me lleva a pasear junto al río siguiendo el recorrido Au fil de l’eau(«A lo largo del agua»), una divertida forma de conocer los espacios naturales y su biodiversidad, la fauna, la flora y la historia local. Un sistema de audios nos permite conocer antiguas historias de la gente que hacía vida en el río, como las lavanderas. De regreso me detengo en una de las esclusas que hacen navegable el río, desde donde se tiene la mejor vista de Josselin, especialmente en el momento en que la ciudad se ilumina para recibir a la noche.