La débil tregua que había impuesto la muerte del Indio Solari quedó sepultada el sábado en Parque Lezama. A un año de la prisión domiciliaria de Cristina Kirchner, La Cámpora salió con todo: movilización masiva, discurso de combate y un mensaje que no necesitó nombrar a Axel Kicillof para que nadie dudara a quién iba dirigido.

El diputado Máximo Kirchner fue el único orador ante unas 15.000 personas y aprovechó cada minuto. «Queremos tener a Cristina de candidata y no candidatos por default», lanzó, en la frase que sintetizó el espíritu de la jornada. Antes había apuntado a quienes «hablan de unidad» pero no visitan a la expresidenta en su domicilio de San José 1111 -Kicillof estuvo una sola vez en todo el año- y cuestionó a dirigentes que «ven al peronismo como un vehículo de acceso al poder».

Modo ruptura

En la cúpula camporista describen el nuevo tiempo con una frase: «modo ruptura activado»: el cristinismo plantea abiertamente dos proyectos en disputa. Para reforzarlo, Kirchner -como viene haciendo Kicillof- también realizará visitas a las provincias en modo despliegue federal.

El antecedente inmediato al banderazo fue el video de Berenice Iañez, legisladora porteña del Movimiento Derecho al Futuro -el espacio de Kicillof- que dijo que Cristina «jode bastante las pelotas» con sus condicionamientos al gobernador. La frase se viralizó y el kirchnerismo respondió sin modulación. Lo que Iañez dijo en voz alta circulaba hace meses en el entorno kicillofista: que la expresidenta pretende seguir manejando los hilos de un espacio que, según la lectura del gobernador, necesita renovarse para ser competitivo en 2027.

Las ausencias que hablan

Kicillof no fue al acto. El Movimiento Derecho al Futuro figuró entre los convocantes en redes, pero su presencia en el predio fue casi invisible. Varios enviaron banderas de sus municipios sin aparecer en persona. «Es raro pregonar la unidad y no mandar a nadie cuando es el aniversario de la detención de Cristina», razonó una fuente del espacio.

En las gradas sí estuvieron Wado de Pedro, Juliana Di Tullio, Juan Grabois, Mayra Mendoza, Federico Otermin, Mariel Fernández, Fernando Espinoza, Fernando Gray, Mario Ishii, Julio Zamora, Julián Álvarez, Mariano Recalde, Jorge “Coqui” Capitanich, Eduardo Valdés, Jorge Taiana, Vanesa Siley, Paula Penacca, Amado Boudou, Juan Abal Medina, Guillermo Moreno, Gastón Granados, Federico Achával y Nicolás Mantegazza. Lo que no hubo fue presencia sindical orgánica ni representación de la CGT, que mantiene distancia de Cristina desde hace más de una década.

La propia expresidenta no grabó ningún audio ni publicó en redes. Desde marzo solo rompió el silencio para despedir al Indio Solari y a Taty Almeida.

El fondo de la disputa

La pelea tiene dos dimensiones que el cristinismo presenta como inseparables: Cristina candidata en 2027 y Cristina como conductora de la oposición frente a Javier Milei. No una cosa o la otra. En ese esquema, Kicillof queda corrido al lugar del outsider que construye poder sin construir transversalidad. «¿Líder de qué es?», es la pregunta que circula en La Cámpora con una mezcla de sinceridad y provocación.

El reclamo tiene, sin embargo, una complejidad jurídica que el kirchnerismo no esquiva: Cristina arrastra una condena firme y una inhabilitación para ejercer cargos públicos. Aun así, Máximo insistió en su postulación. En el cristinismo lo explican como una posición política antes que electoral: la candidatura es la bandera que moviliza a la militancia y la palanca para forzar un cambio en las condiciones judiciales que hoy se lo impiden. No es un plan cerrado sino una presión en curso. Y viene con subtexto para Kicillof: si Cristina finalmente no puede competir, el espacio no llegará al 2027 sin nombre propio. El mensaje es claro: hoy no hay ningún candidato natural dentro del peronismo, y esa vacante no está reservada para el gobernador bonaerense.

Desde el sector albertista, Juan Manuel Olmos intentó una tercera vía: reconocer el peso de Cristina pero sin cerrar el debate programático. «Perón también estuvo proscripto y siempre alentó que el peronismo se presentara a elecciones», dijo en Radio Splendid. El kirchnerismo invierte esa lógica: primero la conducción, después el programa.

Con el horizonte 2027 cada vez más cerca y las PASO en disputa -tres gobernadores peronistas frenan su eliminación para evitar candidatos libertarios en sus provincias-, la interna dejó de ser una amenaza latente. El banderazo de Parque Lezama la convirtió en un hecho consumado.