
Fotos cedidas por Casa Navàs
En pleno centro histórico de Reus, en la plaza del Mercadal, destaca un elegante edificio modernista que parece observar la ciudad desde una de sus esquinas más emblemáticas. Su fachada de piedra, rica en detalles ornamentales y balcones esculpidos, anuncia ya una obra excepcional pero… no tanto. Porque, dentro, encontramos la casa más fantasiosa y espléndida del modernismo europeo y al traspasar sus puertas nos adentramos en uno de los interiores más extraordinarios y mejor conservados de la época.
La Casa Navàs no es únicamente una obra maestra arquitectónica: es uno de los pocos lugares capaces de mostrar, casi intacto, el universo doméstico de la gran burguesía catalana de principios del siglo XX. Pocas casas conservan todavía el mobiliario, las lámparas, las maderas talladas, los tejidos, las pinturas murales o las cerámicas exactamente en el lugar para el que fueron concebidos hace más de un siglo. Por eso está considerada la única casa modernista de Europa que ha llegado hasta nuestros días prácticamente tal y como fue estrenada por sus propietarios.

La única casa modernista de Europa que ha llegado hasta nuestros días tal como se estrenó
La vivienda fue construida entre 1901 y 1908 por Lluís Domènech i Montaner, una de las figuras clave del modernismo catalán junto a otros nombres como Josep Puig i Cadafalch y, por supuesto, Antoni Gaudí, y autor de edificios tan emblemáticos como el Palau de la Música Catalana o el Hospital de Sant Pau de Barcelona. Durante su juventud viajó por distintos países europeos, donde adquirió conocimientos técnicos y descubrió nuevos materiales que transformarían su manera de entender la arquitectura.

Esa visión innovadora, capaz de unir artesanía, técnica y decoración, fascinó rápidamente a la burguesía catalana, que encontró en sus edificios una nueva forma de representar el lujo y la modernidad. Y por eso, cuando el empresario textil Joaquim Navàs y su esposa, Pepa Blasco, decidieron construir su vivienda familiar y negocio en una de las mejores ubicaciones de Reus, eligieron a Domènech i Montaner para que llevara a cabo el proyecto. Le otorgaron total libertad creativa y un presupuesto prácticamente ilimitado. El resultado fue una de las obras más refinadas del arquitecto.

El interior sorprende por su riqueza ornamental y por la extraordinaria conservación de todos sus detalles. Las formas vegetales recorren columnas, techos y muebles; la madera tallada se mezcla con cerámicas y pinturas decorativas; y la luz adquiere un protagonismo absoluto gracias a las espectaculares vidrieras modernistas. Más de doscientos metros cuadrados de cristal coloreado decoran claraboyas, puertas, ventanas y separadores interiores, creando una atmósfera única en toda la vivienda.

Para crear ese universo de fantasía, ese «jardín» interior que hoy deja con fascinados a quienes visitan la Casa Navàs, el arquitecto Domènech i Montaner contó con la colaboración de uno de los mejores decoradores de la época, Gaspar Homar. Juntos reunieron algunos de los artesanos más solicitados y expertos de aquella Cataluña modernista que bullía de creatividad, como el vidriero Antoni Rigalt, el ceramista Lluís Bru o el escultor Eusebi Arnau. Cada elemento de la casa fue diseñado como parte de un conjunto total en el que arquitectura y artes decorativas dialogan constantemente.Fotos cedidas por Casa Navàs
Una larga historia vinculada a la familia Navàs
La Casa Navàs también incorporó algunas de las grandes innovaciones técnicas de comienzos del siglo XX, como teléfono, electricidad o calefacción radiante, convirtiéndose en una vivienda adelantada a su tiempo. En la planta baja se instaló la tienda textil de la familia Navàs, que pronto se convirtió en uno de los negocios más prósperos de la ciudad, en un momento de gran crecimiento económico para Reus.
Durante la Guerra Civil Española, el edificio sufrió daños importantes a causa de los bombardeos sobre la ciudad y perdió parte de su estructura original, incluida la emblemática torre. Aun así, gran parte de sus interiores lograron conservarse y, con el paso de los años, se han impulsado distintos proyectos de restauración para recuperar elementos desaparecidos y devolver al edificio parte de su imagen original.

Los herederos de la familia Navàs siguieron habitando la casa hasta que, en 2009, falleció Joaquim Blasco y la casa pasó a sus hermanos. En 2017 el edificio fue adquirido por un empresario reusense con la intención de abrir la casa al público –hasta entonces se abría a visitantes una vez a la semana–. Una tercera parte de la casa aún sigue en manos de un miembro de la familia Blasco.
Hoy, visitar la Casa Navàs permite descubrir una de las obras más completas y singulares del modernismo europeo. Está abierta al público general y además organizan muchas modalidades de visitas, desde teatralizadas a infantiles, pasando por un recorrido por sus «rincones sercretos». Más allá de su valor arquitectónico, la casa conserva intacta la idea de belleza total que definió al modernismo catalán: un lugar donde arquitectura, diseño y artesanía conviven todavía con una armonía excepcional que bien merece una escapada a Reus.