El compositor y pianista polaco murió el 17 de octubre de 1849, a los 39 años, tras una larga enfermedad. Dejó una obra dedicada casi por completo al piano, que lo convirtió en una de las grandes figuras del Romanticismo.
El 17 de octubre de 1849 murió en París Frédéric Chopin, uno de los compositores más importantes de la historia de la música. Tenía 39 años y hacía tiempo que su salud estaba muy deteriorada. Durante mucho tiempo se atribuyó su muerte a la tuberculosis, aunque investigadores posteriores plantearon otras hipótesis.
Su funeral se celebró en la iglesia de la Madeleine, donde se interpretó el Réquiem de Mozart, tal como había sido su deseo. Fue enterrado en el cementerio de Père-Lachaise, en París, pero su corazón fue llevado a Varsovia por su hermana. Hoy se conserva en una columna de la iglesia de la Santa Cruz, en la capital polaca.
De Varsovia a París
Chopin nació en 1810 en Żelazowa Wola, un pueblo cercano a Varsovia, hijo de un padre francés y una madre polaca. Fue un niño prodigio: compuso sus primeras piezas a los 7 años y a los 8 ya daba conciertos en público.
En 1830 dejó Polonia para desarrollar su carrera en el exterior. Poco después, el levantamiento polaco contra el dominio ruso fue aplastado, y el compositor nunca volvió a su tierra natal. Se instaló en París, donde se convirtió en una figura destacada de los salones aristocráticos y del ambiente artístico de la época, y se dedicó a componer y a dar clases.
Allí trabó amistad con figuras como Franz Liszt, Eugène Delacroix y Héctor Berlioz. También mantuvo una relación de casi diez años con la escritora George Sand, con quien pasó un invierno en la isla de Mallorca. Esa estadía quedó asociada a algunas de sus obras más conocidas.
Una obra única
A diferencia de la mayoría de los compositores de su tiempo, Chopin escribió casi exclusivamente para piano. Sus nocturnos, preludios, estudios, baladas, valses y scherzos, junto con sus dos conciertos para piano y orquesta, forman parte del repertorio esencial de cualquier pianista.
En sus polonesas y mazurcas incorporó ritmos y melodías de la música popular polaca, lo que lo convirtió en un símbolo nacional de su país. Su Sonata número 2 incluye la célebre «Marcha fúnebre», una de las piezas más reconocibles de la música clásica.
Un legado vigente
Desde 1927, Varsovia organiza el Concurso Internacional de Piano Frédéric Chopin, una de las competencias más prestigiosas del mundo, que se realiza cada cinco años. En 1965 lo ganó la pianista argentina Martha Argerich, uno de los hitos de su carrera.
A 177 años de su muerte, la música de Chopin sigue sonando en salas de concierto de todo el mundo y conserva intacto su poder para conmover.