Cada año, el 29 de junio suele recordarse como una de las fechas asociadas a la inauguración del Coliseo de Roma, el anfiteatro más emblemático del Imperio romano y uno de los monumentos más visitados del mundo. Sin embargo, los historiadores coinciden en que no existe una certeza absoluta sobre el día exacto de su apertura al público: la mayoría de las fuentes sitúan la inauguración en el año 80 d.C., durante el reinado del emperador Tito, aunque algunas investigaciones la ubican en abril de ese año o incluso en el 81 d.C.
Con casi dos milenios de historia, el Coliseo continúa siendo el símbolo por excelencia de la antigua Roma y una de las mayores proezas de la ingeniería de la Antigüedad.
Un regalo para el pueblo romano
La construcción del anfiteatro comenzó alrededor del año 70 o 72 d.C., impulsada por el emperador Vespasiano, fundador de la dinastía Flavia. La obra se levantó sobre los terrenos donde antes se encontraba un lago artificial perteneciente a la fastuosa Domus Aurea del emperador Nerón, como una forma de devolver ese espacio al uso público.
Tras la muerte de Vespasiano, su hijo Tito concluyó la mayor parte del edificio e inauguró el anfiteatro con un espectáculo sin precedentes que se extendió durante cien días.
Cien días de espectáculos
Las celebraciones inaugurales incluyeron combates de gladiadores, cacerías de animales exóticos, ejecuciones públicas y representaciones de batallas, en una demostración del poder y la riqueza del Imperio romano.
Los relatos de la época indican que durante aquellos festejos murieron miles de animales y participaron centenares de gladiadores. Algunas fuentes antiguas hablan de más de 9.000 animales sacrificados durante las celebraciones.
Una obra maestra de la ingeniería
Con unos 48 metros de altura y una capacidad estimada para entre 50.000 y 80.000 espectadores, el Coliseo fue durante siglos el anfiteatro más grande del mundo romano.
Su sofisticado diseño permitía desalojar rápidamente a decenas de miles de personas mediante un sistema de escaleras, pasillos y 80 accesos distribuidos estratégicamente. Bajo la arena se encontraba el hipogeo, un complejo entramado de túneles y montacargas desde donde aparecían animales, gladiadores y escenografías durante los espectáculos.
Del abandono a ícono mundial
Tras el fin de los espectáculos y la caída del Imperio romano, el Coliseo sufrió terremotos, saqueos y la reutilización de gran parte de sus mármoles para construir otros edificios de Roma.
A pesar de esas pérdidas, la estructura sobrevivió y hoy es uno de los sitios arqueológicos más visitados del planeta. En 1980 fue incorporado al Patrimonio Mundial de la UNESCO y, en 2007, fue elegido como una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo.
Casi veinte siglos después de su inauguración, el Coliseo sigue siendo mucho más que un monumento: es el testimonio de una civilización que dejó una huella indeleble en la arquitectura, la ingeniería y la historia de Occidente.