El orujo de manzana y las harinas de caldén y alpataco, materias primas con alto valor nutricional y funcional, fueron incorporadas al Código Alimentario Argentino (CAA) gracias al trabajo conjunto entre investigadores del CONICET, la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) y productores de la región patagónica. La medida, publicada recientemente, marca un paso clave hacia la industrialización y comercialización de estos productos nativos y representa una apuesta por el desarrollo local sustentable.
El orujo de manzana es un subproducto sólido de la industria frutícola con alto contenido de fibra y antioxidantes. Su inclusión en el CAA fue impulsada por un equipo del Centro de Investigación y Transferencia (CIT) Río Negro, encabezado por el investigador Andrés Felipe Rocha Parra, en articulación con la Planta Piloto de Alimentos Sociales de Villa Regina.
“El orujo de manzana antes era un residuo sin uso. Con esta incorporación, ahora puede ser utilizado como ingrediente en panes, snacks o barritas, ayudando a reducir el desperdicio y a ofrecer alimentos más saludables”, explicó Rocha Parra, quien además lidera un proyecto de desarrollo de productos panificados con este insumo.
Cada año, la industria frutícola de Río Negro genera entre 48 mil y 80 mil toneladas de orujo como residuo. Su aprovechamiento no solo mitiga el impacto ambiental, sino que brinda una alternativa natural y económica para la alimentación humana y animal. Actualmente, el equipo científico trabaja para que también el orujo de pera sea incorporado al CAA.
También se sumaron al Código las harinas de caldén y alpataco, dos especies de algarrobos nativos de la Patagonia, aptas para personas celíacas, con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. La solicitud para su incorporación fue realizada por la UNRN y una empresa privada, con base en investigaciones dirigidas por Patricia Boeri, investigadora del CIT Río Negro.
Boeri subrayó que la medida tiene especial relevancia para Río Negro, ya que tanto el caldén como el alpataco son especies emblemáticas de la región. “Se trata de ingredientes valiosos desde tiempos ancestrales, que ahora tienen reconocimiento legal para su uso industrial y comercial”, indicó.
La habilitación de estos productos permite a cooperativas, productores y pymes acceder a nuevos mercados, con la posibilidad de desarrollar alimentos funcionales, saludables y adaptados a las necesidades de distintos sectores de la población, como quienes deben evitar el gluten.
El equipo científico involucrado está conformado también por Diego Rocha Parra, Juan Laiglecia, Claudia Arias, Jessica Liberati, Daniela Dalzotto, Lucrecia Piñuel, Daniel Barrio y Sandra Sharry, entre otros investigadores del CONICET y docentes de la UNRN.