La Plaza de Mayo volvió a ser el epicentro de una jornada multitudinaria en la que miles de personas conmemoraron el 50° aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, en una movilización que, con el correr de las horas, colmó sus accesos y desbordó por las principales arterias del centro porteño.

Desde temprano, columnas de organizaciones políticas, sociales y de derechos humanos comenzaron a concentrarse en los alrededores, pero fue hacia la tarde cuando la Avenida de Mayo y las diagonales Norte y Sur se transformaron en un flujo constante de manifestantes que avanzaban con paso lento hacia la plaza, al ritmo que imponía la multitud.

La escena se consolidó como una de las postales más representativas de la jornada: familias, jóvenes y adultos mayores marcharon entre bombos, carteles y pañuelos blancos, símbolo histórico del reclamo de Memoria, Verdad y Justicia. No hubo espacio libre en veredas ni en bares, donde largas filas se formaron para acceder a servicios básicos en medio de la masiva concurrencia.

Entre las imágenes más impactantes volvió a destacarse la extensa bandera azul con los rostros de los desaparecidos, que avanzó por la Avenida de Mayo generando, a su paso, un silencio profundo que rápidamente dio lugar a aplausos y consignas coreadas por la multitud.

También se repitió una escena cargada de significado: las fotos en blanco y negro de las víctimas, colgadas del cuello de familiares y allegados, que caminaron la marcha como cada año. Según el informe Nunca Más, el 60% de los desaparecidos tenía entre 21 y 30 años al momento de su secuestro, una dimensión que atravesó los relatos y la memoria colectiva presentes en la movilización.

La participación de niños y adolescentes volvió a marcar la jornada. En muchos casos, acompañados por sus familias o grupos escolares, portaron pañuelos confeccionados en papel o tela y banderas con nombres de instituciones educativas, en una muestra de continuidad generacional del reclamo.

Las consignas históricas —“Nunca Más”, “¿Dónde están?” y “Son 30.000”— se combinaron con cánticos que atravesaron toda la movilización, en un clima que alternó momentos de recogimiento con expresiones de fuerte carga política.

El acto central se desarrolló por la tarde en el escenario montado frente a la Casa Rosada, donde se dio lectura al documento consensuado por organismos de derechos humanos y espacios convocantes, en el que se renovaron los reclamos de justicia y apertura de archivos, a cinco décadas del inicio del último régimen militar.

La jornada también estuvo atravesada por la participación de distintos espacios políticos, sindicales y sociales, que se movilizaron desde diversos puntos de la ciudad. Entre ellos, columnas que partieron desde la ex ESMA y otras concentraciones que confluyeron en el centro porteño, en una convocatoria que volvió a mostrar su carácter transversal.

Al cierre de la movilización, la Plaza de Mayo quedó colmada y consolidó, una vez más, su lugar como escenario central de la memoria colectiva argentina, en una fecha que, a 50 años del golpe, mantiene vigentes los reclamos de verdad y justicia.