Rondaba el año 1392 cuando la peste y el hambre asolaban a los vecinos de esta pequeña localidad valenciana. Un amanecer, una piadosa mujer se encontró en mitad de su camino a un hermoso joven que le transmitió un mensaje para todas sus gentes: “vuelve al pueblo y di, que vengan y hagan una rogativa todos los años en este sitio y cesará la plaga y la hambruna”. Con temor de que no le crean, el joven lo dejó por escrito en la palma de su mano, y la mujer emprendió el camino de vuelta para llevar la noticia a casa, con la suerte de que nadie dudó de su palabra. Decididos, fueron en procesión hasta el lugar encomendado para hacer rogativa, y así pusieron fin a un periodo de estragos y desolación.

Fuente: Viajes National Geographic

Tras este supuesto acontecimiento, cada segundo lunes de enero, miles de fieles se reúnen en Ayora y en los pueblos de sus alrededores, para dar inicio a la romería que se dirige hacia una pequeña ermita perdida entre las llanuras del valle homónimo que la arropa, conmemorando el milagro que el Santo Ángel obró para librar al pueblo de la peste y el hambre.

Algún tiempo atrás

Ayora
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Desde que aquella aparición cambiara el destino de sus vecinos, la historia de este pueblo del interior de Valencia siguió marcando su carácter a lo largo de los siglos. Sus orígenes se remontan a siglos atrás, con la evidencia del arte rupestre que se encuentran en sus alrededores y que se encarga de atestiguar la presencia humana en este territorio desde hace milenios.

Ejemplo de ello son las pinturas rupestres de los abrigos de Tortosilla y El Sordo, situados en plena sierra al oeste de la localidad, donde aparecen representadas escenas de caza y representaciones de animales, entre otras. Por su relevancia, desde 1998 tienen la categoría de Patrimonio Mundial por la Unesco y se han convertido en uno de los testigos más relevantes de la presencia humana en este territorio.

Testimonios ibéricos

Ayora valencia
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Además, en sus alrededores también se encuentran testimonios ibéricos, como el poblado de Castellar de Meca -una de las ciudades ibéricas de la Edad del Bronce más espectaculares de la península-, que continúan hablando de culturas tempranas en la región. Más adelante, ya entrada la Edad Media, la localidad vivió uno de sus momentos más brillantes cuando, tras la Reconquista cristiana, se consolidó como villa fronteriza entre reinos y se alzaron algunas de las construcciones que hoy son capaces de reflejar la historia de algunos de sus episodios más importantes.

Vigilando la villa

Ayora
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Coronando el casco urbano, los vestigios del castillo marcan el mejor punto para empezar a conocer y comprender el legado de esta localidad. Edificado sobre los cimientos de una antigua construcción árabe, los restos que se vislumbran a día de hoy son fruto de la época de la Reconquista, probablemente de mediados del siglo XIII. Aunque en su momento su figura era inmensa, incluso rodeada por cerca de 2 km de murallas y torreones de defensa, acabó en ruinas a manos de las tropas de Felipe V durante la Guerra de Sucesión, por lo que ahora solo se puede admirar parte de su perfil rocoso, con restos de la planta y de la torre del homenaje.

Huellas musulmanas

Ayora
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A sus pies se dibuja el entramado de calles que conforma el núcleo de Ayora, con casas de colores -algunas de ellas blancas y azules, como en el barrio Los Altos, que recuerdan la época musulmana que vivió la localidad-.

Sus recovecos descubren el resto de patrimonio arquitectónico, donde sobresalen la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, con fases constructivas entre los siglos XVI y XVIII, la iglesia Santa María la Mayor, y antiguas casas señoriales que conservan la sobriedad del interior valenciano.