El 1° de noviembre de 1512, tras cuatro años de trabajo casi en soledad, se presentó al público el fresco que cubre el techo de la capilla del Vaticano. Es una de las obras cumbre del Renacimiento y de la historia del arte.

El 1° de noviembre de 1512, día de Todos los Santos, el papa Julio II celebró una misa en la Capilla Sixtina que sirvió para presentar al público la bóveda pintada por Miguel Ángel Buonarroti. Esa obra, hecha a lo largo de cuatro años, es considerada una de las cumbres del arte universal.

La capilla, construida a fines del siglo XV por orden del papa Sixto IV, de quien toma su nombre, ya tenía en sus paredes frescos de grandes maestros como Botticelli, Perugino y Ghirlandaio. En 1508, Julio II le encargó a Miguel Ángel la decoración del techo.

Un escultor frente al techo

El encargo era un desafío enorme. Miguel Ángel se consideraba ante todo escultor, ya había tallado obras como la Piedad y el David, y tenía poca experiencia en la técnica del fresco, que exige pintar sobre el yeso todavía húmedo. Aun así, aceptó y trabajó casi en soledad, subido a un andamio diseñado por él mismo, en condiciones muy duras para el cuerpo. Contra la creencia popular, no pintó acostado, sino de pie y con la cabeza inclinada hacia atrás.

El resultado fue una superficie de más de 500 metros cuadrados poblada por más de 300 figuras. En el centro, nueve escenas del libro del Génesis narran desde la creación del mundo hasta la historia de Noé. Alrededor aparecen profetas, sibilas y los antepasados de Cristo.

La escena más famosa es La creación de Adán, en la que los dedos de Dios y del primer hombre están a punto de tocarse. Es una de las imágenes más reproducidas de la historia.

El Juicio Final

Más de dos décadas después, entre 1536 y 1541, Miguel Ángel volvió a la capilla por encargo del papa Paulo III para pintar El Juicio Final en la pared del altar. Esta otra obra monumental completó el conjunto.

Entre 1980 y 1994, los frescos fueron sometidos a una profunda restauración que eliminó siglos de hollín y suciedad y reveló los colores intensos y luminosos originales, lo que generó también un intenso debate entre especialistas.

Hoy, la Capilla Sixtina forma parte de los Museos Vaticanos y recibe a millones de visitantes por año. Es además el lugar donde se reúnen los cardenales en el cónclave para elegir a un nuevo papa. Más de cinco siglos después, la bóveda de Miguel Ángel sigue dejando sin palabras a quienes levantan la vista.