Axel Kicillof se prepara para abrir la última gran pelea del año en la Legislatura bonaerense: la presentación del Presupuesto 2026. En principio, el borrador llegaría entre el lunes y el miércoles, pero ya nadie duda de que se viene un diciembre de alto voltaje político.

El gobernador necesita aprobar la “Ley de leyes”, la Impositiva y, sobre todo, el endeudamiento, un combo que no logró consensuar a fines de 2024 y que lo obligó a prorrogar el Presupuesto anterior. La discusión promete ser áspera: la oposición -y parte del propio peronismo- ya avisó que no habrá luz verde sin que se negocien todos los cargos pendientes, desde la Suprema Corte bonaerense hasta el Banco Provincia.

“Tienen que darle la herramienta al gobernador, no puede ser que solo les interesen los cargos”, se escuchó decir en la Casa de Gobierno, con fastidio evidente hacia los socios legislativos. Pero los legisladores, curtidos en roscas, replican con pragmatismo: sin sillas, no hay votos.

Entre los pedidos opositores sobresale la creación de un fondo de libre disponibilidad para los 135 intendentes, y en el radicalismo alineado a Maximiliano Abad dejaron claro que sus prioridades son “la Corte y el Bapro”.

Mientras tanto, en los pasillos de la Cámara baja, se cocina otra interna igual de jugosa: la pelea por la presidencia de Diputados. Cada tribu del peronismo bonaerense quiere su candidato.

El kicillofismo impulsa al intendente de Almirante Brown, Mariano Cascallares, su nuevo hombre fuerte en La Plata. El massismo pretende retener el sillón con Alexis Guerrera, actual titular del cuerpo. Y La Cámpora evalúa lanzar a Mayra Mendoza, que dejará Quilmes para asumir como diputada y ya suena como carta propia de Máximo Kirchner.

El reparto de poder legislativo se entrelaza con la definición del Presupuesto 2026, los cargos vacantes y hasta la presidencia del PJ bonaerense, que hoy también está en la órbita de Kirchner.

A partir del 10 de diciembre, el oficialismo de Fuerza Patria tendrá 39 bancas en Diputados, lejos del quórum propio (47). Con la oposición (PRO y libertarios) al acecho y los socios internos en plena negociación, el gobernador sabe que cada despacho vale oro.