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En un mundo cada vez más digital, la lucha por una tecnología inclusiva se perfila como una herramienta clave para garantizar la igualdad y el empoderamiento de las mujeres en América Latina, donde cuatro de cada diez carecen de una conectividad efectiva, según alertan referentes y Naciones Unidas.
«Incorporar de forma transformadora la perspectiva de género en la innovación, la tecnología y la educación digital ayudaría a que las mujeres y las niñas tomen mayor conocimiento sobre sus derechos y a potenciar el ejercicio de estos y su activismo», afirmó ONU Mujeres, que este año eligió el lema «Por un mundo digital inclusivo: Innovación y tecnología para la igualdad de género» para el Día Internacional de la Mujer.
En los últimos años, los cambios tecnológicos tuvieron un impacto transversal en la sociedad y la economía, con transformaciones en los sistemas de producción, gestión y gobernanza mundiales.
Esta tendencia hacia la transformación digital se ha visto acelerada por la pandemia y constituye tanto una «oportunidad» como un «desafío» para la región, según afirma un informe reciente elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), ONU Mujeres y la Unesco.
De acuerdo al reporte, existen brechas de género «significativas» en la adquisición de habilidades digitales y en la participación de las latinoamericanas en áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (CTIM), lo que repercute en su baja inserción laboral en dicha industria.
Así, en la mayoría de los países de la región, la proporción de mujeres graduadas de carreras CTIM no supera el 40%.
Los campos más críticos son ingeniería, industria y construcción, con 30,8% de participación femenina en la matrícula de educación superior en 2019, y tecnologías de la información y las comunicaciones, con 18% de mujeres inscriptas en el mismo año.
En la misma línea, menos del 20% de las vacantes tecnológicas regionales están ocupadas por mujeres, lo que hace que el sector sea poco diverso, según un estudio elaborado en 2020 por el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información de España.
Además, se estima que cuatro de cada 10 mujeres en América Latina y el Caribe no están conectadas o no pueden costear una conectividad efectiva.
«Aún es difícil pensar en un mundo realmente equitativo», dijo a Télam Mariana Costa, co-fundadora y presidenta de Laboratoria, una ONG enfocada en empoderar a las latinoamericanas para que trabajen y prosperen en el campo de la tecnología.
Para la emprendedora peruana, que inició su proyecto en su país en 2014 y desde entonces se expandió a Chile, México, Brasil, Colombia y Ecuador, son varios los factores que alimentan la brecha digital de género en la región.
Entre ellos, destacó el «impacto restrictivo de los roles de género», que está presente en la vida de las niñas desde sus primeros años.
También la presencia constante de estereotipos y sesgos inconscientes disminuye, a su juicio, las aspiraciones de desarrollo de las niñas en las carreras CTIM. Según explicó, se insinúa de entrada que las mujeres tienen poco que hacer en dichos espacios, mientras que la falta de modelos a seguir desmotiva su incorporación en el área.
«Es como si no fuera un trabajo para las mujeres y esa mentalidad ya empieza a ser impuesta desde la niñez», expresó Costa, quien subrayó la necesidad de abordar este problema de manera multidisciplinaria, desde las familias, escuelas y la sociedad en su conjunto.
«La igualdad de oportunidades en los sistemas educativos es fundamental para abrir caminos a niñas y adolescentes a una carrera en estas áreas», indicó.
Asimismo, la activista afirmó que las empresas «tienen una gran responsabilidad». En ese sentido, señaló que las organizaciones deben tener un «real compromiso con la diversidad e inclusión» y colaborar para que más mujeres puedan acceder a puestos de trabajo en tecnología.
Para ello, consideró fundamental que garanticen procesos de selección inclusivos y libres de sesgos, evitando el uso de términos exclusivamente masculinos en las ofertas de trabajo y conformando comités de selección diversos, que incluyan a hombres y mujeres en las decisiones.
Además, recalcó la necesidad de retener el talento femenino con espacios y herramientas para que las mujeres puedan hacer carrera y romper los techos de cristal que, según reconoció, también existen en la industria digital.
«Hay que tener políticas de trabajo compatibles con otras responsabilidades, como las domésticas y de cuidado; crear una cultura laboral libre de discriminación y tomar acciones para fomentar el crecimiento de las profesionales y el liderazgo femenino», insistió Costa.
«Si no invertimos para tener a miles de mujeres más con las habilidades necesarias para adaptarse, vamos a pagar las consecuencias», sentenció.
La exclusión digital de las mujeres tiene, de hecho, un importante costo económico, al representar una reducción de 1 billón de dólares del PBI de los países de ingresos bajos y medios en la última década, en base al informe Gender Snapshot 2022 de ONU Mujeres.
Esta pérdida aumentará a 1,5 billones de dólares en 2025 si no se toman medidas, advirtió el reporte.
Según la emprendedora peruana, la industria tecnológica ya notó que la falta de diversidad en equipos de desarrollo e innovación lleva a la creación de productos con sesgos, que no responden a las necesidades de la diversidad de usuarios, y, por tanto, tiene consecuencias económicas.
«Las oportunidades para las mujeres son enormes. Queremos ver economías en las que los beneficios de los sectores en auge, como el de la tecnología, se repartan equitativamente», defendió Costa, para quien «la tecnología es una de las mejores opciones» para cerrar la brecha de género.
Sus ocho años de experiencia en Laboratoria, argumentó, le han demostrado que sí es posible avanzar al respecto, luego que más de 3.000 mujeres realizaran sus seminarios intensivos -actualmente remotos- y el 87% de las graduadas, desde 2020, lograran sus primeros empleos en la industria.
La formación de seis meses, dirigida a mujeres que no han podido comenzar una carrera y centrada en la empleabilidad, se paga solo si se consigue un trabajo al concluirla.
Tras el programa, la organización conecta a las estudiantes con empleos de calidad en desarrollo de software y diseño de experiencia de usuario, a la vez que impulsa una comunidad de egresadas para que se apoyen mutuamente en su crecimiento como futuras líderes del sector tecnológico.
«Queremos revertir las desventajas que las mujeres de menores oportunidades han enfrentado para acceder a trabajos de calidad en la creciente economía digital y así contribuir a construir un futuro más equitativo en la región», dijo la activista y concluyó: «Más mujeres trabajando en tecnología significa más mujeres construyendo el futuro de nuestra región».