En Marruecos, las puertas son un elemento cultural que trasciende su función como simple lugar de acceso a medinas, ciudades, palacios o viviendas. Además de su evidente utilidad práctica, algunas puertas poseen una poderosa carga simbólica y evocan la grandeza de una población o sus gobernantes, marcan el paso de procesiones y viajeros, o delimitan la frontera entre lo profano y lo sagrado, el presente y el pasado.
Como espacios de tránsito privilegiados, desde la antigüedad se convirtieron en monumentos donde la arquitectura y el arte se unieron para dar forma a una de las expresiones artísticas que mejor definen la esencia de la cultura marroquí.
A continuación, proponemos un recorrido por algunas de las puertas más singulares y bellas del país. A través de ellas accederemos a la historia, la cultura, las costumbres y algunas curiosidades de Marruecos.

El Arco de Volubilis, la herencia romana
En las cercanías de Meknes, rodeadas de colinas terrosas cubiertas de olivos, se hallan las ruinas de la antigua Volubilis, el principal yacimiento romano de Marruecos. En el centro del conjunto arqueológico se encuentra el Arco de Caracalla, un magnífico arco erigido en el siglo III por el hijo de Septimio Severo, el primer emperador romano nacido en África.
Aunque no se trata de una puerta urbana en sentido estricto, su función simbólica como arco triunfal lo convierte en una de las grandes puertas históricas del país. La construcción nos narra cómo cartagineses y romanos llegaron sucesivamente al enclave fundado por bereberes locales.
Construido en honor al emperador Caracalla y su madre Julia Domna, el arco marcaba el acceso a la zona más importante de la ciudad, donde se encontraban el Foro, la Basílica y el Capitolio, proclamando así el poder de Roma.
El Arco de Caracalla explica cómo, en el norte de Marruecos, las influencias mediterráneas se fusionaron con las africanas propias de sus habitantes originarios. También invita a descubrir la llegada del islam de la mano de Mulay Idriss I, cuya memoria se venera en el cercano pueblo homónimo, situado junto a las ruinas de Volubilis.

Bab Mansour, la puerta más bella
Considerada una de las puertas más bellas del mundo islámico y, para muchos, la más bonita de Marruecos, Bab Mansour es el gran icono monumental de Meknes. Construida a finales del siglo XVIII por orden del sultán Mulay Ismail –el fundador de la ciudad imperial–, la puerta deslumbra con su imponente belleza a todos aquellos que deambulan por la cercana plaza de el-Hedim.
La plaza, en muchos aspectos, recuerda al escenario siempre cambiante de la plaza de Djema el Fna en Marrakech, pero con el encanto de no haber sido tomada por el turismo de masas.
Decorada con los típicos mosaicos geométricos de zellige, columnas de mármol reutilizadas de Volubilis y una decoración tan sobria como majestuosa, Bab Mansour proyecta una imagen inequívoca del poder absoluto del sultán. Su grandeza y el refinamiento de su ornamentación reflejan la reivindicación de Meknes como ciudad imperial.

Bab el Khamis, una puerta a la vida cotidiana de Meknes
Menos conocida que la anterior, Bab el Khamis es un umbral que nos conduce a la dimensión más popular de Meknes. Su nombre, la “Puerta del Jueves”, el día tradicional del mercado, indica la estrecha relación de la puerta con la vida cotidiana, económica y social de la ciudad.
A diferencia de la magnífica Bab Mansour, Bab Khamis tenía una función mucho más cercana a los ciudadanos de a pie: dar acceso a algunos de los barrios y mercados que había entre las murallas concéntricas que protegían la ciudad.
La arquitectura de Bab el Khamis es sobria. De ella destacan su tamaño y la belleza de las caligrafías que decoran la parte superior. A su gran tamaño se contrapone la estrechez de la abertura que, antaño, usaron comerciantes y viajeros y que, hoy en día, solo pueden cruzar vehículos poco voluminosos.

Bab Agnaou, la puerta almohade de Marrakech
Bab Agnaou es una de las puertas más antiguas y monumentales de Marrakech y uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura almohade en el Magreb. Su nombre podría proceder del término amazigh agnaw, usado para designar a los pueblos no bereberes del sur, en referencia a su orientación hacia el África subsahariana.
Construida en el siglo XII por orden del califa Yusuf Yaqub al Mansur, la puerta fue la entrada principal a la kasbah real, un recinto reservado solo al poder político y militar, ubicado en el lado sur de la medina.
A diferencia de otras puertas urbanas destinadas al tránsito cotidiano, Bab Agnau tenía un carácter fundamentalmente protocolario y ceremonial, ya que por ella accedían las comitivas oficiales y desfiles que se dirigían al corazón político del reino.
Sobre la piedra desnuda del gran arco se esculpieron relieves geométricos, motivos vegetales y caligrafías que reflejan la concepción almohade del poder y su estética. Tras ella se extiende el complejo monumental de la kasbah, en cuyo interior se encuentran la propia Mezquita de la Kasbah, el Palacio de El Badi y las Tumbas de los Saadíes. En 1985 fue declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO como parte de la medina de Marrakech.

Bab er Rouah, la “Puerta de los Vientos”
Bab er Rouah, la “Puerta de los Vientos”, es la puerta monumental más imponente de Rabat y una de las expresiones más notables de la arquitectura almohade, junto con Bab Agnau de Marrakech.
Construida a finales del siglo XII por orden del califa Yusuf Yaqub al Mansur, la puerta y las dos torres defensivas que la flanquean estaban destinadas a proteger la ciudad de cualquier asedio.
Su fachada exterior, ricamente esculpida en piedra rojiza, combina tres arcos concéntricos polilobulados y una sobria inscripción cúfica que reproduce un versículo del Corán.
En su cara interior, la puerta es mucho más austera y presenta un único arco polilobulado rodeado con un marco con un bello patrón sebka que reproduce formas geométricas.

Bab Boujloud, la puerta de la medina
Aunque fue construida a principios del siglo XX, Bab Boujloud es una de las imágenes más icónicas de Fez y la gran puerta de entrada a su medina medieval. Los mosaicos azules de su cara exterior la vinculan con la profunda espiritualidad de la ciudad fundada por Idriss II y con la protección frente al mal de ojo. Los tonos verdes del lado interior –el color del islam– refuerzan su dimensión religiosa.
Bajo el arco de Bab Boujloud, las calles de la Fez moderna se encuentran con los callejones de laberíntica medina que nos conducen hasta la Universidad de Qarawiyyin, considerada la más antigua del mundo en funcionamiento ininterrumpido desde su fundación; las coloridas curtidurías de Chouwara; o las espléndidas madrazas de Bou Inania y Al-Attarine. Más que una más de las puertas de la medina, Bab Boujloud es el lugar de acceso a la Fez medieval.

Las puertas azules de Chefchaouen
Las puertas de madera de las casas de Chefchaouen, la ciudad azul del Rif, nos conducen a una escala más íntima y doméstica que la de las grandes puertas monumentales de Marruecos.
No hay una única puerta que defina la ciudad, sino que en cada una de ellas podremos descubrir elementos cotidianos que describen la esencia de esta localidad del norte del país, fundada por musulmanes y judíos expulsados de al-Ándalus que trajeron consigo costumbres y estéticas que aún hoy nos recuerdan las de Andalucía.
Las puertas de Chefchauen son expresiones de la identidad local y de una relación armónica entre la arquitectura, el paisaje y la tradición. En ellas, el azul se convierte en la seña distintiva de una de las ciudades más fotogénicas de Marruecos.
Fuente: Revista Viajes National Geographic