El Consejo de la Unión Europea aprobó este viernes el pacto comercial con Mercosur. Se despeja así un obstáculo importante en la ratificación del principio de acuerdo alcanzado por la Comisión Europea con el bloque sudamericano (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) hace algo más de un año que puede acabar creando la zona de libre comercio más grande del mundo con más de 720 millones de consumidores potenciales.
La UE se juega algo más que un acuerdo de libre comercio; está sobre la mesa su credibilidad como actor internacional con el se puede llegar a acuerdos y la ampliación del abanico de alianzas geoeconómicas en medio de seísmo en el escenario internacional que ha provocado la captura de Nicolás Maduro por la fuerza hace solo seis días.
La votación oficial todavía no se ha producido. No obstante, varias fuentes del Consejo apuntan que con las posiciones expuestas por los embajadores de los Veintisiete en la reunión que ha empezado a las 11 de este viernes, cuando se emitan los votos −hay de tiempo hasta las 17 horas− el apoyo saldrá adelante. Este resultado ha sido posible porque Italia finalmente se ha decantado por el sí tras las concesiones hechas en los últimos días por la Comisión Europea.
En cambio, Francia, Polonia, Austria, Hungría e Irlanda se mantienen en el no. Bélgica, en cambio, se abstiene. Esto garantiza la necesaria mayoría cualificada (55% de países que representen al menos al 65% de la población de la UE) para que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, puedan viajar la semana que viene a Sudamérica para el actor protocolario de firma del acuerdo.
Para la Unión Europea, el área económica más abierta del mundo al comercio internacional, llegar a acuerdos con otras zonas del mundo se ha convertido en una necesidad comercial y geopolítica desde que Donald Trump volvió a la Casa Blanca. Lo demuestra lo sucedido en 2025, con la agresión arancelaria estadounidense (difícilmente puede calificarse de guerra una contienda en la que solo una parte dispara y eso fue lo que ocurrió), y los pocos días que van de 2026, con el secuestro de Maduro y las amenazas constantes sobre Groenlandia. Y para afrontarlas la estrategia de Bruselas ha sido ampliar alianzas y acuerdos comerciales: en este camino, el pacto con Mercosur puede definirse como la joya de la corona.
Desde Europa, la Comisión Europea ofrece una cantidad grande de datos para defender este paso. El libre comercio con el bloque sudamericano, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, ofrece el acceso a un mercado de 270 millones de habitantes y un PIB conjunto de unos 2,7 billones de euros. Calcula el Ejecutivo de la UE que el potencial de exportaciones podría aumentar en 84.000 millones y generar unos 756.000 empleos adicionales, beneficiando especialmente al sector automovilístico europeo −muy golpeado por la competencia de los vehículos eléctricos chinos− y a otras industrias, la química o la farmacéutica. También prevé que se mejoren las posibilidades de exportación para la agroalimentación al caer drásticamente aranceles como los del queso, en el 28%, el vino, en el 27%, o las bebidas espirituosas, 35%.
Ninguno de estos números, sin embargo, ha convencido al sector agrícola, que este jueves y este mismo viernes, ha salido a protestar en diferentes partes del continente. Tampoco lo han hecho las salvaguardas semiautomáticas que se aprobaron a finales de 2025, en las que si se detectan distorsiones en el mercado interior −un incremento de importaciones del 5% sobre la media de los últimos tres años o caídas de precios del 10%− se abren investigaciones que pueden llevar medidas provisionales para amortiguar los efectos como la recuperación de los aranceles para los productos afectados. Ni siquiera ha bastado que la Comisión haya propuesto este semana adelantar pagos de la Política Agraria Común en el próximo periodo presupuestario (2028-2034) ni que se suspendan temporalmente las tarifas aduaneras de fertilizantes para el campo, abaratando un producto básico para la agricultura.