Es producto de un trabajo conjunto realizado por 26 expertos y expertas de siete países de nuestro continente y liderado por un científico del CONICET en el Museo de La Plata. Establecieron un “semáforo” con los niveles del impacto de cada una. La información es clave para comprender su incidencia sobre los nuevos ambientes y los efectos socioeconómicos asociados a las que son potencialmente invasoras

Las especies son originarias de al menos cuatro regiones de América del Sur y están presentes en otras 11 regiones del planeta, excepto los polos. Foto: gentileza investigadores.

Después de los artrópodos –insectos, arañas y cangrejos, entre otros–, los moluscos son el segundo grupo más numeroso entre los animales. Dentro de ellos se enlistan, por ejemplo, desde grandes pulpos y calamares hasta pequeñas babosas y distintos tipos de caracoles y toda una variedad de especies de bivalvos, como mejillones, almejas marinas y de agua dulce, uno de los grupos más representativos de moluscos a nivel mundial.

Si bien históricamente los moluscos han sido explotados para su uso como alimento o con fines estéticos, este grupo animal cobra particular relieve por su interés sanitario, ya que algunos suelen hospedar a distintos tipos de parásitos de importancia médica o veterinaria. Además, cuando algunas especies son transportadas por el ser humano de su lugar de origen a otro donde antes no existían, presentan grandes capacidades adaptativas y reproductivas, ocasionan impactos ambientales, como la modificación de las cadenas alimentarias, la alteración de la estructura y funcionamiento del ecosistema, y pueden provocar efectos socioeconómicos, como daños en materia de infraestructura.

“Una primera aclaración importante es que no necesariamente una especie no nativa es una especie invasora. No nativa es aquella que, por acción del ser humano, fue trasladada de su lugar de origen a otro distinto. Se la considera invasora, cuando su presencia ocasiona impactos en el ecosistema o tiene efectos negativos en la salud pública o la economía”, relata Darrigran, primer autor de la publicación, y desarrolla: “Y allí hay otra diferencia: el impacto es una alteración medible, pero no es ni bueno ni malo per se. Desde un punto de vista antropocéntrico, lo que es positivo o negativo es el efecto que eso tiene sobre la sociedad. Así como hay especies que ocasionan problemas, por ejemplo, para la infraestructura hídrica, hay otras que son beneficiosas, porque se las utiliza para consumo”.

Con el objetivo de generar conocimiento sobre estas especies para contribuir a la implementación de estrategias de prevención, detección y control que permitan mitigar sus impactos y efectos socioeconómicos, el grupo denominado “especialistas en Moluscos Invasores de América del Sur” (eMIAS), un equipo de 26 científicos y científicas de siete países del continente que es encabezado por el investigador del CONICET en el Museo de La Plata (UNLP) Gustavo Darrigran, acaba de publicar un documento que revela cuáles son las especies de moluscos nativas sudamericanas que se dispersaron hacia otros puntos del planeta, cuáles de ellas son potencialmente invasoras, los sitios donde se encuentran y el modo en que se produjo su ingreso. Las conclusiones del estudio fueron publicadas recientemente en la revista científica Biology.

Formado por Darrigran en 2016, el eMIAS realizó una exhaustiva búsqueda bibliográfica que, combinada con el conocimiento previo con el que cada integrante del grupo contaba, permitió recopilar y sintetizar datos actuales sobre el estado de situación en nuestro continente con relación a la presencia de especies no nativas, plasmados en diversas publicaciones. El arduo trabajo dio como resultado, además, el documento que recientemente vio la luz y en el que se identifican 29 especies de moluscos sudamericanos que establecieron poblaciones en otros puntos del globo: 10 especies marinas, 10 de agua dulce y 9 terrestres. A su vez, el grupo pudo determinar el área potencial de origen de cada una, la fecha y lugar de introducción y distribución actual.

“Son especies originarias de al menos cuatro regiones de América del Sur que se propagaron y están presentes en otras 11 regiones del planeta, excepto los polos”, destaca Darrigran. “La mayoría de estas introducciones ocurrieron en relación con los procesos de globalización, como consecuencia del gran intercambio comercial que favoreció una mayor dispersión. Las cuatro regiones de origen también son áreas identificadas como puntos de entrada de especies de moluscos no nativos o invasores a nuestro continente, principalmente provenientes de Europa y Asia, y están asociadas a grandes ciudades, aeropuertos y puertos de carga o pasajeros”, subraya.

La información que arroja el documento pudo ser sintetizada en un “semáforo de impacto”, donde el rojo alerta sobre una alteración severa en los ecosistemas, el amarillo da cuenta de potenciales problemas que podrían ocasionar, y el verde agrupa a las especies sobre las que se requiere más información para dar un diagnóstico. El primer segmento, que requiere una rápida atención, reúne a 13 especies, entre bivalvos marinos, caracoles y babosas.

“Todo este conocimiento generado sobre la diversidad de especies que han sido movilizadas por el mundo puede ser utilizado por gestores ambientales, responsables de políticas públicas, conservacionistas y miembros de las comunidades científicas de cada país para establecer iniciativas de prevención, detección, monitoreo y control que les permitan evitar problemas ambientales y económicos mayores”, cierra el experto.