Para muchos argentinos que visitan Estados Unidos, Philadelphia suele quedar eclipsada por gigantes turísticos como Nueva York, Washington o Miami. Sin embargo, la ciudad más importante del estado de Pensilvania guarda una identidad propia que combina historia, cultura, gastronomía y una característica poco frecuente en las grandes urbes norteamericanas: está diseñada para recorrerse caminando.
Ubicada estratégicamente en el corredor noreste de Estados Unidos, Philadelphia se encuentra a unas dos horas en tren de Nueva York y de Washington, una ubicación que la convierte en una excelente base para explorar varias ciudades durante un mismo viaje. Pero lejos de ser una simple escala, ofrece suficientes atractivos como para dedicarle varios días.
La ciudad conserva uno de los centros históricos más importantes del país. En el barrio de Old City, las calles adoquinadas y las casas construidas en el siglo XVIII permiten asomarse a los orígenes de Estados Unidos. Allí se encuentra Elfreth’s Alley, considerada una de las calles residenciales habitadas de manera continua más antiguas del país, donde aún sobreviven viviendas históricas que reflejan la vida cotidiana de los primeros colonos.
Philadelphia también ocupa un lugar central en la historia estadounidense. En el edificio de Independence Hall se debatieron y firmaron la Declaración de Independencia y la Constitución de Estados Unidos. Muy cerca se exhibe la famosa Liberty Bell, uno de los símbolos más reconocidos de la historia del país.
Para quienes disfrutan de los museos, la ciudad cuenta con una de las concentraciones culturales más importantes de Estados Unidos. Sobre el bulevar Benjamin Franklin se encuentran instituciones como la Barnes Foundation, el Rodin Museum y el célebre Philadelphia Museum of Art, famoso por las escalinatas inmortalizadas en la saga cinematográfica de Rocky Balboa.
Sin embargo, el arte en Philadelphia no se limita a los museos. La ciudad alberga más de 4.000 murales distribuidos por distintos barrios, una cifra que la convirtió en una referencia mundial del arte urbano. El programa nació en la década de 1980 como una alternativa para combatir el vandalismo y terminó transformando fachadas enteras en galerías a cielo abierto. Muchos de estos trabajos fueron realizados además en proyectos sociales vinculados con escuelas, barrios vulnerables y programas de reinserción.
Entre las propuestas más originales sobresale Philadelphia’s Magic Gardens, un espacio artístico creado por el artista Isaiah Zagar. El lugar combina mosaicos elaborados con azulejos, espejos, ruedas de bicicleta y materiales reciclados para formar un laberinto de esculturas y galerías que se convirtió en uno de los sitios más fotografiados de la ciudad.
La experiencia urbana se completa con una visita al histórico Reading Terminal Market, uno de los mercados más antiguos de Estados Unidos. Desde 1893 reúne decenas de puestos gastronómicos donde conviven especialidades tradicionales locales, comida internacional y productos elaborados por miembros de la comunidad amish. Allí se puede probar el famoso cheesesteak, el sándwich más emblemático de Philadelphia.
Para los amantes del deporte, la ciudad ofrece otra de sus grandes pasiones. Equipos como los Philadelphia Eagles, los Philadelphia 76ers, los Philadelphia Phillies y los Philadelphia Flyers movilizan multitudes y permiten experimentar el fervor con el que los estadounidenses viven sus principales competencias deportivas.
Con una escala más amigable que otras grandes ciudades norteamericanas, una fuerte identidad histórica y una oferta cultural que va mucho más allá de los circuitos tradicionales, Philadelphia aparece como una alternativa cada vez más atractiva para los argentinos que buscan conocer otro rostro de Estados Unidos sin resignar historia, arte ni buena gastronomía.