ada vez que entro en un museo o galería de arte me viene a la mente una cita del arquitecto Renzo Piano: “Un museo es un lugar donde perder la cabeza”. El arquitecto se refería a que suelen ser espacios tan fascinantes e inspiradores que hacen que durante el tránsito por sus salas desconectemos de la realidad cotidiana. Me lo tomo como una advertencia para no perder la noción del tiempo. Sobre todo, si acudo a una exposición acompañado. Esta vez recordé la cita de Renzo Piano por otro motivo, porque hacer una lista con el «top ten» de los museos del mundo es una labor con la que perder la cabeza. De alguna forma, hay que evitar sesgos y ser lo más abierto posible —mental y geográficamente— para hacer una selección así. En todo caso, espero que cualquier ausencia (y elección) sea disculpable.

Fuente: revista Viajes National Geographic. 

Louvre Abu Dabhi
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Louvre Abu Dabi (Abu Dabi, Emiratos Árabes)

Flotando sobre una isla artificial, la cúpula metálica del primer Louvre fuera de Francia representa el pulso de Emiratos Árabes por posicionarse en el tablero mundial más allá que como potencia petrolera. El edificio fue concebido por Jean Nouvel como un cruce entre una medina arábiga y un ágora griega: “un lugar para reunirse”, dijo. Es un paréntesis urbano en una de las ciudades más distópicas del mundo. A mi, de noche, con los rayos de luz filtrándose del interior al exterior por las capas de celosía de la maravillosa cúpula, me parece un ovni sobre el agua. Más allá del espectáculo arquitectónico, el nivel de su colección permanente -desde un hacha del pleistoceno a una de las olas de Kanagawa, pasando por Renoirs, Picassos, Mondrianes-  y sus exposiciones temporales ha permitido llevar el arte fuera de su habitual foco geográfico al hub de Oriente Medio.

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Museo Británico (Londres, Reino Unido)

En las salas del British Museum encontramos uno de los misterios arqueológicos más fascinantes de la arqueología: la Piedra Rosetta, clave para desentrañar el secreto de los jeroglíficos egipcios, y clave en la rivalidad académica que protagonizaron franceses y británicos en el siglo XIX como potencias museísticas. Su bellísima Reading Room circular, donde trabajaron desde Kipling a Karl Marx o Gandhi, fue durante décadas el corazón intelectual del Imperio Británico. Las controversias sobre la repatriación de los Mármoles del Partenón y otras muchas piezas de la colección continúan dividiendo a los especialistas. Grecia, Irak, Nigeria o incluso China han solicitado la devolución de piezas que consideran parte de su patrimonio cultural. Tal vez por eso se techó la Gran Corte con diseño de Foster, para dar más luz al patio victoriano que funciona como corazón de la histórica institución. 
 

Gran Museo Egipcio (Giza, Egipto)
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Gran Museo Egipcio (Giza, Egipto)

Howard Carter necesitó una década completa para excavar y vaciar la tumba de Tutankamón después de su descubrimiento en 1922. Aproximadamente, la mitad de tiempo que han necesitado para construir y abrir el Gran Museo Egipcio, donde se exhibirá todo el tesoro del faraón más “pop” de Egipto, junto a un catálogo de piezas desbordante. El complejo diseñado por Heneghan Peng ocupa 490.000 metros cuadrados, lo que le convierte en el mayor museo arqueológico del mundo. Su fachada de alabastro traslúcido de 800 metros filtra la luz solar directamente a un vestíbulo que tiene mucho de centro comercial. El Gran Atrio, espacio de 33 metros de altura, alberga la estatua de Ramsés II de 83 toneladas, trasladada desde la plaza Ramses de El Cairo. Se ha vuelto a retrasar la inauguración; pero la importancia de la colección y el “faraónico” edificio, sitúan al GEM desde ya entre los diez museos más importantes del mundo.

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Museo del Prado (Madrid, España) 

Las Meninas de Velázquez encierra uno de los enigmas más fascinantes de la crítica de arte: ¿Qué pinta realmente el artista en el lienzo dentro del cuadro?, ¿por qué nos convierte en voyeurs reales, ocupando literalmente el lugar de los monarcas? A Picasso, la obra le cautivó de tal forma que hizo toda una serie reinterpretando la obra de Velázquez. Más recientemente, en una intervención de la escritora Olga Tokarczuk durante el programa “Escribir el Prado” -la Residencia Literaria Internacional patrocinada por la Fundación Loewe en el Museo del Prado-, la Nobel destacó también la fascinación que se siente ante algunas obras del museo. En concreto, ella se centró en las tres escenas de Historia de Nastagio degli Onesti que están en la pinacoteca. Le fascinó la representación del tiempo circular de Botticelli. Esa fascinación protagonizada por Picasso o Tokarczuk es la base con la que se configuró la colección del Prado hasta tener joyas tan importantes de Tiziano, Rubens, El Bosco, El Greco o Goya: 1.300 pinturas que narran cinco siglos de genialidad artística europea.

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Museos Vaticanos (Ciudad del Vaticano)

Herman Melville llegó a Roma en marzo de 1857. Era un hombre deprimido y arruinado que había embarcado en un barco de vapor para viajar de Nueva York a Glasgow meses atrás. Todos los días que pasa en Roma se encamina al Museo del Vaticano. Le gustaba ver los bustos de Sócrates, de Julio César, de Séneca y Platón. Pero siempre acababa su visita en el Patio de Belvedere, donde perdía la cabeza y se le pasaban las horas contemplando el Apolo, el Laocoonte, el Moisés de Miguel Ángel… Me basta con imaginar los Museo Vaticanos como refugio de Melville para colocarlo en este top ten museístico. Pero por si hubiera dudas del argumento, estos museos poseen la mayor concentración de obras maestras por metro cuadrado del planeta. Su medio centenar de galerías albergan tesoros acumulados durante cinco siglos por papas coleccionistas. Y para colmo, tenemos la Escalera de Bramante, una doble hélice arquitectónica del siglo XVI cuyo fascinante diseño no enflaquece en la actual estética Instagram. 
 

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Museo Nacional de Antropología (Ciudad de México, México)

Después de semanas de trabajo y negociaciones, la madrugada del 16 de abril de 1964 comenzó el recorrido desde un pueblo cercano a Texcoco hacia la capital del enigmático Monolito de Tláloc, dios del agua y la lluvia, que nos da la bienvenida al Museo Nacional de Antropología de Ciudad de México. Las fotografías del monolito sobre una especie de góndola atravesando las calles llenas de espectadores podría pasar por una extraña performance artística. Se dice que ese día, llovió de una forma extraña en la Ciudad de México para recibir a la deidad a su nueva casa, en la entrada del museo. Pedro Ramírez Vázquez diseñó este templo moderno de la mexicanidad en 1964, creando espacios que dialogan poéticamente entre arquitectura prehispánica y contemporánea. El paraguas gigante del patio central, sostenido por una sola columna de 11 metros, filtra la luz como los antiguos templos mayas. Con una bienvenida tan espectacular, parece poca cosa la Piedra del Sol —que es el corazón mismo del museo—, las cabezas colosales de la cultura olmeca o el Disco de Mictlantecuhtli. Recorrer sus salas es como sentirse Indiana Jones buscando algún artefacto secreto.
 

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Museo Metropolitano de Arte (Nueva York, EE. UU.)

Reconozco que me ha costado escoger entre The MET, el MoMA o  el AMNH. Más allá de sus siglas, tres instituciones museísticas irrepetibles. Me decanto por el Museo Metropolitano de Arte porque en él conviven pinturas de Picasso, Monet o Van Gogh junto a momias egipcias, armaduras medievales, vestidos de Chanel o Gianni Versace, además de distintas colecciones donadas a la institución a lo largo de la historia. El templo egipcio de Dendur, trasladado piedra a piedra desde las orillas del Nilo en 1963, constituye el regalo más monumental jamás recibido por Estados Unidos. Rodeado por un foso que simula el Nilo, el templo del siglo I a.C. fue donado por Egipto en agradecimiento por la ayuda estadounidense para salvar los monumentos de Nubia de las aguas de la presa de Asuán. Visitar el Met es lo más parecido a estar en un gabinete de curiosidades del XVI.

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Museo del Louvre (París, Francia)

Clásico entre los clásicos. Recuerdo la fascinación con la que lo visité por primera vez. Y esa es, precisamente la clave: el Louvre de París trasciende la idea de simple contenedor de arte para ser una experiencia emocionante. Eso es lo que no deja de atraer cada vez más visitantes. La pirámide de cristal de Ieoh Ming Pei, inaugurada en 1989, descendió 21 metros bajo tierra para crear un vestíbulo subterráneo que procesa más de 10 millones de visitantes anuales. Ese es, también, su principal reto: ¿Cómo gestionar la afluencia masiva de visitantes sin morir de éxito? La Mona Lisa ocupa apenas 77 x 53 centímetros, pero genera un campo gravitacional humano que atrae multitudes de todo el mundo: es un auténtico agujero negro. Pero en una visita contaremos además con más de 35.000 objetos exhibidos simultáneamente del total de la ingente colección Louvre. Seguro que habrá algo para ver sin tener que cruzar por las áreas más saturadas del museo. 
 

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Museo de Arte de São Paulo (MASP, Brasil)

Toda una revolución. Por su ubicación geográfica y por su arquitectura. Fue Lina Bo Bardi, arquitecta ítalo-brasileña, la que ideó levantar este cubo de cristal que desafía horizontal la gravedad arquitectónica de la Avenida Paulista. Suspendido por cuatro pilares rojos que crean un vano libre de 74 metros bajo el que se puede circular, todo el museo es una reinterpretación de los espacios clásicos, convirtiendo a los visitantes en protagonistas que escogen su propio y personal recorrido por la exposición. El MASP alentando el espíritu democrático del arte «pinacoteca del pueblo». Pietro Maria Bardi, esposo de la arquitecta y primer director, adquirió en Europa obras maestras aprovechando el caos de la Segunda Guerra Mundial. Van Gogh, Cézanne, Picasso y Monet llegaron a São Paulo cuando Europa reconstruía sus museos bombardeados. Hoy, el MASP posee la mayor y más completa colección de arte occidental en América Latina.
 

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Institución Smithsonian (Washington D.C., EE. UU.)

El Smithsonian es el complejo museístico más grande del mundo, con 19 museos y galerías, la National Zoological Park, y varias instalaciones de investigación (en la imagen, la sede principal de este universo cultural). En los años trumpistas de recortes a educación, investigación y cultura, una institución como ésta es clave no solo en la sociedad estadounidense sino en todo el mundo. Más de 137 millones de objetos que detallan la historia de América -desde el primer vuelo de los Wright hasta fragmentos lunares del Apolo, pasando por las zapatillas rojas de Dorothy del Mago de Oz- y que vienen a conformar lo más parecido a los antiguos gabinetes de curiosidades con los que comenzaron a pensarse los primeros museos. El Hope Diamond es una de sus piezas más populares: maldito según la tradición, parece ser que se formó en la India y acabó representando el Azul Francés de Luis XIV.