Una nueva construcción en pleno centro, una zona industrial recién rehabilitada o rincones secretos llenos de historia. No importa las veces que se haya visitado, Londres no te la terminas nunca. Y, además, tienta con barrios emergentes que aún no se han hecho famosos.

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A Pickering Place, la plaza pública más pequeña de Inglaterra, se accede por un callejón forrado de madera en el 3 de St. James’ Street, en el céntrico barrio de Myfair. Es fácil pasarse de largo. Una pista: justo al lado se halla Berry Bros. & Rudd, la tienda de licores más antigua de Gran Bretaña, con más de 320 años de historia. Pickering Place es tan diminuta y está tan escondida que durante el siglo XVIII fue el refugio de casas de juego y burdeles. Y parece que se haya quedado anclada en aquellos tiempos. Las farolas son las originales, cuentan que aquí se celebró el último duelo de la ciudad y una placa indica dónde estuvo la embajada de la República de Texas antes de que se uniera a Estados Unidos en 1845.

Fuente: revista Viajes National Geographic

Así es Londres. Por muchas veces que se haya estado allí, hay ricones que uno nececesita revisitar en cada viaje. El paseo por Southwark junto al Támesis, por ejemplo, desde Tower Bridge hasta el Parlamento y la torre del Big Ben, pasando por el Globe Theatre  –réplica del teatro donde Shakespeare estrenaba sus obras–, la Tate Modern –magnífica colección de arte y espléndidas vistas sobre el río– o el London Eye, que acaba de cumplir 25 años.

 

Mayfair

Burlington Arcade
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Y aun así, como dijo Virginia Woolf, el rasgo más delicioso de esta ciudad reside en que «siempre proporciona algo nuevo que contemplar». El barrio de Mayfair es un ejemplo: a solo unos pasos de la bulliciosa Picadilly Street, nos introduce en un universo bien distinto. Otro de sus rincones secretos es Queen’s Passage, un pasadizo a lo Alicia en el País de las Maravillas ubicado entre el 21 y el 22 de St. James’ Place que permite abandonar esta exclusiva zona y aparecer en pleno Green Park. Es tan estrecho que estirando los dos brazos uno puede tocar ambas paredes.

Mayfair es uno de los barrios más elegantes de Londres, refugio todavía hoy de una burguesía que comenzó a trasladarse a esta zona de la ciudad a mediados del siglo XVII. Burlington Arcade, en pie desde 1819 y considerado el primer centro comercial del país, es la demostración de ese lujo inalcanzable. Una galería de tiendas tan sofisticadas que pocos pueden hacer algo más que asomarse a sus escaparates. Así que habría que pasar por delante, fisgonear sin sacar la cartera y seguir hasta la cercana Savile Row, la calle con las sastrerías más exclusivas del planeta… y del cine. Aquí se viste James Bond y está el escondite de la agencia secreta Kingsman. Y en una de sus azoteas, en 1969, ofrecieron The Beatles su improvisado concierto antes de que llegara la policía y diera por acabada la fiesta.

Mount Street
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Shepherd Market es otro de esos rincones que quien lo conoce no sabe si correr a contarlo o guardárselo como un secreto. Un laberinto de antiguas calles entrelazadas con tiendas, restaurantes, galerías de arte y librerías como Heywood Hill, donde las tablas del suelo suenan a cada paso y huele a papel viejo. Aquí nació el nombre del barrio, después de que en el siglo XVII el rey Jacobo II decidiera nombrarlo sede de las festividades anuales conocidas como Feria de Mayo.

Hoy en día es el territorio de los ejecutivos que aprovechan la pausa del mediodía para salir a almorzar, ir a la barbería o hacer otros recados antes de, al final de la jornada, reunirse en cualquiera de sus centenarios pubs. Mezclarse con ellos es vivir el verdadero espíritu del barrio.

Mercato Mayfair
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El paseo continúa hacia el norte por los característicos edificios victorianos de ladrillo rojo y terracota de Mayfair. Entre Park Street –una de las diez calles más caras del país– South Oudley Street y Mount Street, repletas de tiendas de alta gama, clubes privados y exclusivos restaurantes. Y junto a ellas, la humilde parroquia anglicana de Grosvenor Chapel, en pie desde 1730 pero especialmente popular desde que en 2003 se rodó en ella la boda de Juliet, el personaje interpretado por Keira Knightley en Love Actually.

También tiene fachada de iglesia y cualquiera entraría en silencio para no interrumpir el servicio, pero el pastel se descubre al cruzar la puerta: San Marcos se ha reconvertido recientemente, aunque manteniendo el esplendor de sus naves y sus vidrieras, en Mercato Mayfair, un mercado con puestos donde locales y turistas prueban recetas de todo el mundo. Si el clima británico lo permite, resulta difícil resistirse al plan de pedir para llevar y sentarse a merendar en un banco del encantador Mount Street Gardens mientras se observa a la gente pasar.

Marylebone

Marylebone
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Marylebone es otro de esos regalos que Londres nos obsequia para enamorarnos aún más de ella. Tiene tanto encanto que se lo conoce como Marylebone Village. Todavía bastante ajeno a los turistas, en este barrio uno tiene la sensación de haberse colado en un pequeño pueblo. Y lo cierto es que ambiente de cuento tiene. Sus edificios georgianos y las fachadas de sus tiendas de moda independiente y de decoración, sus selectos restaurantes, cafeterías, floristerías, bombonerías o librerías dan para una y mil fotos. Es el lugar donde todos querrían quedarse a vivir, aunque pocos puedan permitírselo. Sus calles son, de hecho, de las más caras en la versión británica del juego del Monopoly.

El premio de consolación es deleitarse con el paseo por su Hight Street, centro neurálgico del barrio, y perderse literalmente por Marylebone Lane. Allí está Daunt Books, quizá la librería más elegante de la ciudad y donde es posible pasarse horas aun sin intención de comprar nada. En Baker Street 221b, el Museo de Sherlock Holmes rinde homenaje al famoso detective creado por Arthur Conan Doyle en 1887.  Y por si Marylebone no andara ya sobrado de elementos bucólicos, cuenta con su propio museo: Wallace Collection, con obras de Fragonard, Velázquez, Tiziano o Rembrandt. Todo esto, a un tiro de piedra de Regent’s Park.

 

Regent’s Park y Regent’s Canal

Regent's Park
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Cualquiera que conozca el país habrá comprobado lo que sostenía André Maurois, novelista y ensayista francés experto en cultura anglosajona: «A Inglaterra no le gustan los parques demasiado bien trazados». He aquí una excepción. Regent’s Park es todos los parques en uno. Propiedad de la Corona Británica y bajo gestión del gobierno de turno, tiene explanadas infinitas, pero también jardines franceses, fuentes, instalaciones deportivas, un lago navegable… ¡Si tiene hasta una universidad y un zoo dentro! No hay verano en Londres sin plan de pícnic junto al kiosco de la banda de música o viendo una representación teatral.

En octubre sus jardines acogen las obras de arte seleccionadas por el prestigioso premio Frieze. Y si cada año 120 especies de aves anidan en los 5.000 tipos de árboles de este parque, por algo será. Muy cerca de allí se puede descansar un rato en la espectacular sala de lectura de la Wellcome Collection, un espacio acogedor lleno de luz, color y cómodos pufs en la segunda planta de este curioso museo dedicado al pasado, presente y futuro del cuidado de la salud. Y después cambiar de universo con solo pasar detrás de la popular Kings Cross.

Regent's Canal
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Esta zona ha dejado de ser foco industrial para ser punto de encuentro de los londinenses. Sus edificios recién levantados se han convertido en un centro de empresas tecnológicas. Al otro lado del canal, las mil pequeñas fuentes perfectamente coreografiadas del suelo de Granary Square y su cine de verano junto a Regent’s Canal son el refugio ideal para los días de bochorno veraniego. O simplemente para sentarse a ver las barcas. Además, justo allí, la impresionante rehabilitación de dos antiguos almacenes de carbón y sendos viaductos han convertido el recinto de Coal Drops Yard en el centro comercial y de ocio más apetecible de la zona.  

Islington

Islington
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No es reclamo para turistas y no viene en las guías, pero Islington es perfecto para pasear y acercarse al día a día de un barrio residencial que, tras la «supergentrificación», hoy es hogar de londinenses de clase media y clase alta. Con su parque de bomberos, sus colegios, su sede municipal y el Almeida Theater, cuyo cartel suele ser un anticipo asequible de la programación del West End.

Como particularidad, tiene dos «calles mayores»: Upper Street es la del diseño, mientras que Essex Road es la más alternativa, la que aún mantiene cierta esencia de barrio trabajador. Camden Passage es un rincón encantador como pocos que los vecinos aún mantienen casi en secreto, con locales y pubs a los que acuden a diario. El paseo que comienza en las tiendas de ropa y objetos vintage y productos delicatessen desemboca en Regent’s Canal, un insólito refugio de verdor y calma. Igual que el cine Screen on the Green, cuya fachada es una foto ineludible para inmortalizar el barrio de Islington.

Muchos políticos y famosos viven en esta zona y otros tantos la pisaron alguna vez. Testigo de ello son las paredes del Hope and Anchor, un pub conocido mundialmente por los amantes de la música donde tocaron Joy Division, U2, The Clash, The Cure, The Police, The Ramones o Dire Straits antes de ser conocidos. Islington es barrio para los amantes de la música… y del cine. El cuartel general de la Orden del Fénix en la saga Harry Potter está en Islington, entre el 23 y el 29 de Claremont Square; y la casa frente a la que Hugh Grant y Andie MacDowell se besan al final de Cuatro bodas y un funeral es el 22 de Highbury Terrace.

Dulwich

Dulwich
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A Dulwich no se llega por casualidad. Hay que coger transporte público y hacer varios transbordos. Pero lo merece. Olvídense de lo que conocen de Londres. Aquí todo cambia. Sus vecinos viven en casas de estilo campestre cada cual con más encanto y, a la hora de las compras, el almuerzo o las pintas, se reúnen en Dulwich Village, la calle principal del barrio. Y damos fe de que el enamoramiento continúa paseando por Court Lane y Turney Road, cuajadas de locales que parecen sacados de un cuento.

En esta exclusiva zona es raro encontrarse con turistas. Apenas llegan unos pocos atraídos por su reclamo más famoso: la Dulwich Picture Gallery, uno de los primeros museos construidos específicamente para albergar una colección de arte. Pequeño, pero con grandes obras de maestros como Rembrandt, Canaletto o Rubens. «Vienen por el museo y se quedan por el barrio» bien podría ser el eslogan de Dulwich.

Todo en Dulwich se resume en pasear y deleitarse con el entorno. Solo así se disfruta de descubrir por sorpresa su edificio más majestuoso y reconocido, el Dulwich College, un prestigioso centro educativo donde estudiaron históricos parlamentarios británicos, pero donde también estuvo Reese Whiterspoon rodando Una rubia muy legal. Y ahí está también Dulwich Park, el gran pulmón de la zona con casi 30 hectáreas de senderos, lagos, explanadas y zonas infantiles donde agotar el día.

La City

Sky Garden
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Si algo caracteriza al cielo nocturno de Londres son las infinitas luces rojas que lo dominan ¿Acaso hay alguna ciudad con tantas grúas? Se puede estar una temporada sin ir y ya han levantado un edificio nuevo. La mayoría son rascacielos en la zona financiera. A la City hay que presentarse entre semana para ser testigo del frenético ir y venir de sus trabajadores. Al nivel del suelo, paseando por sus calles, y también oteando desde sus miradores. Hay tantos que resulta difícil elegir porque cada vista es distinta. Quizá el más popular sea el Sky Garden, en la torre Fenchurch, conocida como Walkie Talkie. The Garden at 120 está justo al lado, es gratuito y su terraza regala la posibilidad de contemplar el Walkie Talkie.

Otro mirador de vértigo –y también de visita gratis– es Horizon 22, el más alto de Europa, situado a 254 m, en la planta 58 del rascacielos 22 Bishopsgate. De vuelta en tierra firme, lo mejor es seguir los pasos de quienes trabajan y se mueven por la zona. Muchos seguro que residen en el rascacielos del Barbican Center, un icono de la arquitectura brutalista de los años 1970 que tiene tanto amantes como auténticos detractores. Con 40 pisos y 2.000 apartamentos, en realidad es todo un complejo que aloja varias escuelas, una iglesia, una biblioteca, un lago artificial, un conservatorio, un centro de arte, un teatro y cines.

Saint Dunstan in the East
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A la hora de almorzar hay quienes optan por refugiarse en rincones que solo ellos conocen. Uno de los más encantadores está en St. Dunstan in the East. De esta pequeña iglesia anglicana levantada hacia el año 1100 ya solo quedan las ruinas, pero la imagen es de las que dejan sin palabras. Primero resultó dañada por el gran incendio que arrasó Londres en 1666, y después fue bombardeada en 1941 por la aviación alemana.

Otra opción para comer algo es el pub Old Bank of England, una antigua sede bancaria en el 194 de Fleet Street o «calle de la prensa», como se la conocía en los 80 por alojar la sede de periódicos y agencias de noticias. En la ficción, el pub está encajado justo entre la barbería de Sweeney Todd y la pastelería de la señora Lovett. Si el día es soleado, una parada en Forgotten Streams, la fuente de la artista española Cristina Iglesias, es perfecta para disfrutar de un momento de serenidad.

Después se pasa por la famosa Trafalgar Square hasta alcanzar Whitehall y allí «colarse» en el majestuoso edificio del nuevo hotel The Owo, ubicado en la antigua Oficina de Guerra de Winston Churchill y cuya millonaria reforma ha mantenido el espíritu de los tiempos en los que sus pasillos eran territorio de funcionarios y espías.

 

Tottenham Court Road

Now Building
Foto: Outernet London

Covent Garden, Seven Dials, Neal’s Yard… Hay paseos que uno repite en cada visita como peregrinación obligatoria porque mantienen intacto el encanto que los caracteriza. Pero, incluso ahí, de repente, un día surge una sorpresa. Como la nueva plaza de Tottenham Court Road, tras más de una década en obras. Su revitalización es obra del grupo Outernet, de ahí que hayan denominado a la zona el nuevo Outernet District. Entre sus socios se encuentran el director de cine Ridley Scott, los Brit Awards y WePresents, la rama artística de WeTransfer.

Su idea siempre fue clara: construir lo que denominan «un centro de entretenimiento». El Now Building es el espacio estrella de esta remodelación y el que atrae todas las miradas. De líneas modernas en negro y oro, es imposible no reparar en él, pero más aún cuando su estructura en forma de cubo se abre y deja a la vista un espacio diáfano de cinco plantas de altura. El interior aloja 360 grados de pantallas de 16K con posibilidades 4D que lo mismo te sumergen en una exposición que en una experiencia mindfulness.

Shoreditch

Shoreditch
Foto: Shutterstock

«El barrio alternativo y de moda», se dice de Shoreditch, aunque en los últimos años los hípsters han reclamado su espacio y proliferan los restaurantes y hoteles de alta gama. Sin embargo, sus grafitis, mercadillos, tiendas vintage y clubs nocturnos siguen siendo el reclamo de un barrio que hasta la década de 1990 era considerado peligroso. La mejor ruta es la que no está diseñada y se pierde entre los puestos de Brick Lane Market y la parada en Beigel Bake… por muy larga que sea la cola de espera. Así es Londres, una ciudad en perpetuo cambio que lleva al visitante de sorpresa en sorpresa.