Construido en el siglo XIV, está rodeado por un parque diseñado en “habitaciones verdes” y por uno de los bosques más antiguos y extensos del Reino Unido.
A las afueras de Inverness, en las Tierras Altas escocesas, se alza el Cawdor Castle, una fortaleza cargada de historia y leyenda. Sus orígenes se remontan a 1189, cuando Guillermo “El León” ordenó levantar una base defensiva para controlar el paso sobre el río Nairn y la franja costera entre Inverness y Elgin. Con el tiempo, el sitio quedó en ruinas y la tierra pasó de manos hasta que, hacia 1398, la familia Cawdor comenzó a erigir la casa-torre de cuatro niveles con buhardilla, foso y murallas de acceso restringido. Desde entonces, el castillo permanece bajo la tutela de sus descendientes. La fama mundial llegó gracias a Shakespeare, que lo inmortalizó en Macbeth al mencionar al Señor de Cawdor.
Jardines con siglos de historia
El parque que rodea la construcción guarda uno de los jardines más antiguos del Reino Unido, con más de 350 años. Su conservación ha sido siempre prioridad de la familia, lo que explica el aspecto exuberante de sus praderas, setos y parterres. Suelo fértil, lluvias regulares, la suavidad climática de la corriente del Golfo y la buena insolación estival permiten un desarrollo vegetal vigoroso.
Entre praderas silvestres, túneles de sauces tejidos y senderos floridos, se despliega un bosque único, con robles, hayas, abedules y rododendros de más de trescientos años. La distribución del parque responde a distintas “habitaciones verdes” que delimitan áreas con carácter propio.
El claustro
Desde 1600 existe un jardín amurallado destinado al cultivo de frutales, hortalizas y hierbas perennes. En 1981, Lord Cawdor rediseñó el espacio y creó un laberinto de ilex inspirado en mosaicos de una villa romana. Allí, los muros se visten con laburnum que en primavera estallan en racimos amarillos, mientras en su centro se instaló en 2015 El Minotauro, obra del escultor Gregory Ryan.
El jardín del paraíso
Diseñado en 1990 por la condesa viuda de Cawdor, representa su visión de “cielo en la tierra”. Es un espacio circular y secreto, atravesado por el murmullo de una fuente de bronce que simboliza su cosmología personal.
El jardín de flores
Trazado hacia 1710 por Sir Archibald Campbell, lleva la impronta de la jardinería francesa. Conserva algunos frutales originales y los setos de tejo, además de canteros de lavandas y rosas plantados en 1850. Su ubicación al sur del castillo permite que florezca desde fines de marzo hasta bien entrado noviembre.
El jardín silvestre
Creado en los años 60, es un recorrido informal junto al río Cawdor, rodeado de azaleas, narcisos, prímulas y sauces. Allí crece la secuoya gigante más alta del parque. Los topiarios de tejo y los cercos de boj acompañan praderas estacionales de amapolas, margaritas y orlayas.
El jardín de aromáticas
De diseño formal, está organizado en torno a una estrella de siete puntas con una escultura de terracota en el centro: Adán y Eva del paraíso, del artista francés George Jeanclos. Romero, salvia, violetas y pelargoniums perfuman el aire.
Caminos y memoria botánica
Fuera de los jardines principales, senderos señalizados invitan a caminatas de entre 1 y 12 km por los bosques seculares que rodean al castillo. Desde el siglo XVII se documenta cada incorporación vegetal: primero semillas locales y, a partir de 1681, especies exóticas. Ya en 1690 aparecen listados cardos españoles, perejil turco, berro indio y la primera ornamental registrada: la malva real doble.
En Cawdor Castle, cada rincón guarda historia: desde la literatura shakesperiana hasta la minuciosa memoria botánica que aún hoy se conserva.