
Dentro de las grandes gastronomías del mundo —japonesa, mexicana, francesa y (dieta) mediterránea—, solo faltaba la italiana por ser reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad; un hito que sucedió el 10 de diciembre de 2025 celebrando sus tradiciones, su identidad y sus técnicas culinarias como un legado vital a la comunidad italiana. Y es que, como explicaron en la ceremonia celebrada en Nueva Delhi, lo que la UNESCO reconoció es que “la cocina italiana es mucho más que platos icónicos como la pasta o la pizza: es una expresión cultural profundamente arraigada en la vida familiar, las tradiciones locales y las prácticas comunitarias diarias”.
Fuente: Viajes National Geographic
Un legado vivo

Las prácticas culturales vivas, las formas de expresión que comunidades enteras siguen preservando, transmitiendo y adaptando con el paso del tiempo, son las características que la UNESCO premia dentro de su categoría de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Esto incluye ritos, celebraciones, modos de vida y conocimientos tradicionales que hacen únicas a las sociedades que los mantienen. Y la gastronomía italiana se encuentra dentro de esta categoría pues, como ellos mismos dicen, “la cocina italiana es una tradición culinaria que va más allá de los ingredientes y platos”, es una gastronomía que transmite su saber hacer, como las abuelas italianas enseñando los secretos de la pasta, los mercados locales con sus productos de temporada o la costumbre de reunirse alrededor de una mesa para compartir una buena comida. Porque la gastronomía italiana es un ritual ligado a la identidad del país y sus gentes, a la memoria y a los afectos.
Además, la UNESCO también destacó otras dimensiones de la práctica gastronómica italiana: “su enfoque en la sostenibilidad histórica —recetas de aprovechamiento y respeto por los recursos— y la biodiversidad regional que se refleja en una enorme variedad de ingredientes y técnicas”.
Un largo recorrido

Dos años de trabajo ha llevado la inclusión de la cocina italiana en la lista de Patrimonio Inmaterial; dos años en los que asociaciones gastronómicas, académicas y culturales, instituciones gastronómicas y el propio gobierno italiano han estado trabajando para demostrar que la cocina italiana debía reconocerse como tal. Además, también trabajaron de manera estrecha toda la red de relaciones personales, territoriales y laborales que hacen de la cocina italiana una experiencia integral: desde los agricultores que cultivan ingredientes locales hasta los abuelos y abuelas que transmiten saberes culinarios.
Más allá de la pasta y la pizza

Esta ardua tarea por la inclusión de la gastronomía italiana en la lista de la UNESCO ha demostrado al planeta que su cocina abarca mucho más que algunas de sus recetas más reconocidas y replicadas –como pasta carbonara, lasaña o tiramisú–; y que, este reconocimiento también recae en rituales y prácticas que conectan generaciones y regiones que se encuentran, tanto en grandes ciudades como en pequeños pueblos rurales.
Estas zonas y regiones también hablan de las diferentes gastronomías italianas que existen gracias a su diversidad regional, desde los risottos del norte hasta las pastas del sur, pasando por técnicas ancestrales de curado de carnes y quesos en distintas zonas del país o por la variedad de recetas que giran alrededor de los pescados y mariscos provenientes del mar, de mostrando la coexistencia de múltiples identidades culturales dentro de una misma tradición compartida.
Cocina de los afectos

Una de las razones clave que llevaron a la UNESCO a otorgar el estatus de Patrimonio Cultural Inmaterial fue la dimensión social y afectiva con la que cuenta la cocina italiana. Definida en numerosas ocasiones como cucina degli affetti —la cocina de los afectos—, esta gastronomía une alrededor de la mesa a familias y amigos al tiempo que transmite valores culturales.