
Entre Bergen y Ålesund se encuentran algunos de los fiordos y paisajes más reconocidos de Noruega. Repasando la postal más vendida de Bergen, la que muestra las casas de madera del puerto de Bryggen, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, intuyes que en ese lugar se reclutaban marineros, aguerridos hombres de manos ajadas como las fachadas del puerto. Actualmente, los comerciantes y marineros de la Liga Hanseática han sido sustituidos por jóvenes de media Europa en ese viaje iniciático que son las becas Erasmus. El grito de la pescadera es políglota en los puestos del mercado de pescado de la plaza Torget, donde te venden, en perfecto castellano, «el auténtico salmón de Jabugo».
Fuente: Viajes National Geographic
El viaje empieza en la puerta de los fiordos

Bergen pasa por ser puerta de los fiordos. Vistos desde lo bidimensional de un mapa, el trazado oblongo de Noruega aparece salpicado de fiordos e islotes que dan a la costa un aspecto de cristal roto en añicos. Algunos de los fiordos más hermosos están en el tramo comprendido entre Bergen y Ålesund, aunque todo el resto del país pueda presumir de ellos. Como todavía quedaba un rato para embarcar, aproveché para dar un paseo por las tiendas del puerto, donde venden las obras de Edvard Grieg entre jerséis de pura lana nórdica.
Grieg tuvo su cabaña a orillas del lago Nordås, a pocos minutos de la ciudad. A la música del compositor noruego le pasa lo mismo que a otras obras maestras de la música clásica, acabas relacionándola antes con un anuncio o una película que con su autor. Una de sus piezas más conocidas, La mañana, establece un duelo entre diferentes instrumentos que te lleva a los idílicos paisajes de los fiordos, sus verdes montañas y el sol asomando por el horizonte. Todo muy noruego si no tenemos en cuenta que el autor situó la acción en el norte de África. Pero si hay una pieza de Edvard Grieg que ha sufrido los más diversos tratos, o maltratos, esa es En la gruta del rey de la montaña. La melodía nos traslada al histriónico inspector Gadget o al Gargamel de Los Pitufos. También se atrevieron con ella grupos tan dispares como Erasure o The Who y, más recientemente, en la película La red social.
Por la ruta de troles y navegantes

Cuando el Hurtigruten o Expreso del Litoral hizo su primer viaje, con el capitán Richard With al timón, enviar una carta era un acto de fe, algo casi tan complicado como encontrar marineros abstemios. El barco sigue recorriendo el litoral noruego, navegando entre islotes. Escandinavia en general y los fiordos noruegos en particular tienen cierta propensión a las leyendas, en las que no faltan troles, elfos, valquirias y algún poeta adicto al hidromiel.
Mientras el barco se adentra en el fiordo de Geiranger, es fácil sucumbir a esos cuentos. Como decía Henrik Ibsen, otro de los componentes de la pléyade noruega, la belleza es un acuerdo entre el contenido y la forma. Tras calzarme un par de buenas botas y desembarcar, me puse a caminar por uno de los senderos de la localidad y disfrutar del silencio como banda sonora de uno de los paisajes más perfectos de Noruega.
Tras pasar la mañana caminando por las alturas del fiordo, tocaba bajar al agua. En apariencia, navegar en kayak es una actividad placentera, fácil, relajante, en la que pelearse con el remo, pasar calor y perder el equilibrio no son cosas contempladas. En apariencia. Los lugares a los que puedes llegar y las vistas que desde allí tienes compensan cualquier esfuerzo. Bajo cada una de las cascadas a las que fuimos llegando, mi instructor se empeñaba en traducirme los nombres: Así, De syv søstre, Friaren o Brudesløret se convertían en Siete Hermanas, Pretendiente y Velo Nupcial.
El último tramo hacia Ålesund

Tras haber navegado, caminado, remado y pedaleado por los fiordos durante los pasados días, tocaba ponerse al volante para recorrer la distancia que restaba hasta Ålesund, conduciendo por las sinuosas carreteras que bordean los fiordos. Atrás iban quedando algunas granjas, densos bosques de coníferas y alguno de esos pueblos donde cualquier acontecimiento acaba publicado en la hoja parroquial.
Desde el mirador del monte Aksla nada diferencia a Ålesund de otras ciudades de los fiordos con sus casas de colores sobre islotes. Pero la ciudad del Jugendstil, nuestro modernismo, es el rara avis de la arquitectura noruega. Tras el incendio que asoló la ciudad en 1904 sólo hubo que lamentar una víctima, pero la mayoría de los habitantes se quedaron sin unas casas en las que predominaba la madera. Como había dinero gracias al comercio del bacalao, al que la mayoría de la población estaba ligada de un modo u otro, pusieron la reconstrucción de la ciudad en manos de arquitectos educados en Alemania y de ahí la adopción del estilo. Aunque en algunas fachadas de las casas se pueden ver algunos toques vikingos, especialmente en algunas de las figuras femeninas.