Entre enero y febrero, la ciudad puede quedar varios grados bajo cero y con un viento que corta la cara. Museos, estaciones históricas, mercados techados y galerías subterráneas para seguir paseando sin congelarse.
Nueva York en invierno tiene su encanto, pero también sus días difíciles. Cuando la temperatura baja de cero y el viento sopla entre los rascacielos o desde los ríos, la sensación térmica puede ser mucho más dura que lo que marca el termómetro. Para el turista, la clave es armar un recorrido que combine tramos cortos al aire libre con paradas bajo techo.
Los museos, la opción obvia (y la mejor)
Los grandes museos son el refugio ideal: se puede pasar un día entero sin salir. El Metropolitan Museum of Art, sobre la Quinta Avenida, es tan enorme que ninguna visita alcanza para recorrerlo completo. Enfrente del Central Park, del otro lado, el Museo Americano de Historia Natural es un clásico para ir con chicos, con sus dinosaurios y su sala del océano.
En Midtown, el MoMA reúne arte moderno y contemporáneo, y queda a pocas cuadras del Rockefeller Center, lo que permite combinar ambas visitas con poco tiempo a la intemperie. El Guggenheim, con su rampa en espiral diseñada por Frank Lloyd Wright, es otra opción sobre la Milla de los Museos.
Conviene revisar antes los horarios y las políticas de entrada de cada museo, porque algunos tienen franjas con precios especiales o entradas con horario reservado.
Estaciones que son atracciones
La Grand Central Terminal es mucho más que una estación. Su hall principal, con el techo celeste pintado con constelaciones, es una de las postales de la ciudad, y en el nivel inferior hay un patio de comidas y el famoso Oyster Bar. Muy cerca está el Summit One Vanderbilt, un mirador con salas vidriadas y espejadas que permite ver la ciudad desde las alturas sin pasar frío.
En el Bajo Manhattan, el Oculus, la estación diseñada por Santiago Calatrava junto al memorial del 11 de septiembre, funciona también como centro comercial y conecta por pasillos interiores con Brookfield Place. Allí está el Winter Garden, un gran atrio vidriado con palmeras y vista al río Hudson.
Del lado oeste de Midtown, el Moynihan Train Hall, frente a la Penn Station, es un espacio amplio y luminoso, con bancos y opciones para comer.
Mercados y food halls
El Chelsea Market, en un antiguo edificio industrial del Meatpacking District, reúne puestos de comida, cafés y tiendas en un pasaje techado. A la salida está la High Line, pero en los días más fríos conviene disfrutarla en tramos cortos.
Otras alternativas para comer al reparo son los patios gastronómicos de Eataly, junto al Madison Square Park, y los del Rockefeller Center, cuyo nivel subterráneo conecta varios edificios. Desde allí se puede ver la famosa pista de patinaje sin necesidad de quedarse afuera.
Compras y paseos bajo techo
Los grandes centros comerciales también sirven de refugio. Hudson Yards, en el extremo oeste, tiene varios pisos de tiendas y restaurantes junto al Vessel. En Columbus Circle, las galerías comerciales frente al Central Park ofrecen una vista del parque nevado desde adentro. Macy’s, en Herald Square, es otro clásico para recorrer durante horas.
La biblioteca y otros tesoros escondidos
La sede central de la Biblioteca Pública de Nueva York, sobre la Quinta Avenida y la calle 42, se puede visitar gratis. Su sala de lectura principal es una de las más impresionantes del mundo. Junto a ella está el Bryant Park, que en invierno arma su pista de hielo y su feria navideña, aunque en los días extremos es mejor mirarlo desde el calor de la biblioteca.
Para quienes buscan verde en pleno invierno, el invernadero del Jardín Botánico de Nueva York, en el Bronx, ofrece un paseo tropical bajo vidrio.
Espectáculos: el plan de la tarde
Cuando el frío aprieta, un musical de Broadway o una función en el Lincoln Center son la mejor manera de cerrar el día. Las matinés de los fines de semana y de algunos días hábiles permiten reservar la noche para una cena al reparo.
Consejos para moverse
El subte es el mejor aliado en los días helados: evita las caminatas largas y conecta casi todos los puntos turísticos. Conviene vestirse en capas, porque adentro de museos, tiendas y trenes la calefacción suele ser fuerte. Gorro, guantes y bufanda son indispensables, sobre todo en las zonas abiertas cerca de los ríos o en los puentes, donde el viento se siente todavía más.