Nacida el 16 de agosto de 1945, la actriz y conductora construyó una carrera basada en la ruptura de convenciones y el uso magistral del lenguaje.
El 16 de agosto de 1945 nació en el barrio de Mataderos Ana María Casanova, una figura que con los años adoptaría el nombre artístico de Moria Casán y redefiniría los límites del espectáculo, el humor y la televisión en la República Argentina. Dueña de una personalidad histriónica arrolladora y de una agilidad mental implacable, Casán transitó el camino que va desde las pasarelas del teatro de revista porteño de los años setenta hasta su consagración actual como un objeto de estudio sociológico y un ícono de la cultura popular y de las comunidades disidentes, gracias a su manejo absoluto del lenguaje y de los códigos del show business.

El ingreso de Moria Casán a la escena teatral masiva se produjo a principios de la década de 1970, un período en el que la revista porteña de la calle Corrientes vivía una época de esplendor comercial y despliegue escénico. Con su estatura imponente y una estampa física que desafiaba los cánones tradicionales, Casán se posicionó rápidamente como primera vedette, compartiendo escenarios con capocómicos de la magnitud de Alberto Olmedo, Jorge Porcel y Adolfo Stray. A diferencia del rol pasivo asignado tradicionalmente a las mujeres en dicho género musical y teatral, Moria destacó por su capacidad para el remate humorístico rápido, disputando el centro de la escena y el protagonismo a los hombres con una autoridad inédita para la época.
Su paso por el cine nacional durante las décadas del setenta y ochenta consolidó su popularidad a través de comedias costumbristas e irreverentes producidas por el sello Aries Cinematográfica. Filmes como A los cirujanos se les va la mano (1980) o Las mujeres son cosa de locos (1981) rompieron récords de taquilla en las salas locales. Con la llegada de los años noventa, la artista supo reconvertir su perfil hacia la conducción televisiva, un ámbito donde desplegó ciclos de entrevistas de formato innovador como A la cama con Moria o Amor y Moria, espacios donde se abordaban temáticas ligadas a la sexualidad y las dinámicas de pareja con una naturalidad y una falta de prejuicios infrecuentes en la televisión abierta de aquellos años.
El fenómeno contemporáneo en torno a su figura excede largamente sus trabajos formales en actuación o conducción. Moria Casán ha sido rebautizada por las nuevas generaciones y las redes sociales como «La One», un reconocimiento a su estatus de sobreviviente y referente de la industria del entretenimiento. Sus declaraciones públicas, acuñadas bajo el concepto de «lenguaje karateca» —frases memorables que se incorporaron al léxico cotidiano de los argentinos—, son analizadas por teóricos de la comunicación como ejemplos de una capacidad única para deconstruir la realidad mediática mediante la ironía y el desparpajo.
A lo largo de más de cinco décadas de actividad ininterrumpida, que incluyen desafíos teatrales complejos como su protagónico en una versión de Julio César de William Shakespeare dirigida por José María Muscari, Moria Casán ha demostrado una maleabilidad profesional única. Su capacidad para mantenerse en el centro de la conversación pública, esquivando los rigores del paso del tiempo y las lógicas cambiantes de los medios de comunicación, la ubican en el selecto grupo de los grandes mitos vivientes del espectáculo argentino, una artista que hizo de la transgresión su marca registrada y de su propia vida una obra de arte pop.