¿Qué tienen en común el edificio Chrysler de Nueva York, el Palacio de Chaillot de París y la estatua del Cristo Redentor de Río de Janeiro? Como audaces iconos del art déco, ilustran la influencia global de un estilo arquitectónico y de diseño que nació en París hace exactamente un siglo. En 1925 tuvo lugar la sensacional Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas, un evento de seis meses celebrado en efímeros pabellones a orillas del Sena.
Tras haber sido pospuesto en tres ocasiones a causa de la Primera Guerra Mundial, este esperado certamen buscaba mostrar la excelencia de la artesanía, el diseño y el avance tecnológico franceses. No estuvo exento de motivaciones políticas en un contexto de inestabilidad económica posbélica y también tuvo un claro componente comercial: los grandes almacenes exhibieron sus productos, el modisto Paul Poiret utilizó barcazas ancladas como salas de moda y la firma automovilística Citroën iluminó por primera vez su nombre en la Torre Eiffel gracias al ingeniero eléctrico Fernando Jacopozzi.

Arquitectos de renombre como Le Corbusier, Henri Sauvage y los hermanos Perret levantaron pabellones deslumbrantes y atrevidos. «Dos de ellos ilustran especialmente la diversidad del art déco de la época», explica Bénédicte Mayer, conservadora de la Ciudad de la Arquitectura y el Patrimonio. «El Pabellón de Información y Turismo de Robert Mallet-Stevens, un modelo modernista con torre del reloj que sería replicado en construcciones posteriores, y el Pabellón del Coleccionista de Jacques-Émile Ruhlmann». En este último, el célebre diseñador imaginó un fastuoso universo para un coleccionista ficticio en colaboración con cerca de 50 artistas.
El certamen fue un éxito rotundo y atrajo a más de 15 millones de visitantes, entre ellos una delegación estadounidense que llevaría ideas de diseño de regreso al otro lado del Atlántico. Los asistentes más entusiastas pudieron incluso recorrer la exposición en el primer coche eléctrico del mundo, fabricado por Renault. En la actualidad no quedan vestigios de aquel evento en París, pero el nuevo estilo —caracterizado por sus formas geométricas, la ornamentación estilizada y la celebración de la modernidad— se expandió por todo el planeta, desde Bombay hasta Miami, de Shanghái a Napier.
«El art déco suele percibirse como un arte para ricos, debido al uso de materiales refinados como el ébano de Macasar o el marfil por parte de algunos decoradores», explica Mayer. «Pero en realidad es un arte total, que llevó la belleza y la modernidad a la vida cotidiana». Los grandes almacenes desempeñaron un papel clave en la difusión de estos valores entre el gran público, democratizando el art déco con líneas de productos accesibles y específicas.

El término art déco no se acuñaría hasta 1966, cuando el Museo de las Artes Decorativas (MAD) de París organizó la exposición Les Années 1925. Art déco. Bauhaus. Stijl. Esprit Nouveau. Defensor del estilo desde sus orígenes, el museo adquirió directamente muebles y objetos de los artistas de la época, formando una colección excepcional que hoy se considera la más importante del mundo. «Esa exposición fue un hito, porque el art déco había caído en el olvido y empezó poco a poco a redescubrirse», explica la conservadora Anne Monier Vanryb.
Para celebrar el centenario, la Cité de l’Architecture y el MAD inauguran en octubre dos exposiciones complementarias. El museo de arquitectura recreará la exposición de 1925 gracias a su rico archivo de diseños arquitectónicos y a una maqueta virtual de los pabellones. La propia sede del museo, el Palacio de Chaillot (1937), constituye una obra maestra del art déco, con sus alas monumentales enmarcando la explanada del Trocadero frente a la Torre Eiffel. El arquitecto Jacques Carlu incorporó influencias estadounidenses a su diseño. «El Palacio de Chaillot representa el art déco que viajó a Estados Unidos, se americanizó y después regresó a París», explica Mayer.

En el MAD, la muestra 100 años de art déco celebrará las múltiples facetas de un estilo complejo alimentado por la diversidad de sus creadores. «Mostraremos también la gran reinterpretación contemporánea del art déco, el nuevo tren Orient Express, en diálogo con su homólogo de los años veinte», señala Vanryb.
Ubicado en una de las alas del complejo del Louvre, el museo constituye un marco espectacular para sumergirse en el art déco, con salas enteras procedentes del apartamento de Jeanne Lanvin. «Entre las obras maestras de la colección, la más maravillosa es el chiffonnier de galuchat de André Groult», afirma Vanryb. Las galerías permanentes de art déco reabrirán a finales de 2026.

Vanguardista cultural desde su inauguración en 1913, el Teatro de los Campos Elíseos fue el escenario donde Ígor Stravinski escandalizó al público con el estreno de La consagración de la primavera y donde Joséphine Baker presentó por primera vez su danse sauvage en 1925. La propia arquitectura —construida en hormigón armado por los hermanos Perret— fue un art décoavant la lettre, ya que el estilo se suele fechar tras la Primera Guerra Mundial. El escultor Antoine Bourdelle realizó el friso de la fachada, mientras que el artista Maurice Denis pintó la cúpula del techo en este teatro de inspiración italiana.
En la actualidad, su programación ofrece una mezcla de conciertos de música clásica, ópera, ballet y espectáculos contemporáneos.

Formado por los antiguos pueblos de Passy y Auteuil —anexionados a la ciudad de París en 1860—, el distrito 16 alberga notables edificios art déco. Guillaume Le Roux, de Le Vrai Paris, organiza enriquecedores recorridos a pie que parten de la plaza del Trocadero. En el número 25 de la rue Benjamin Franklin se encuentra un revolucionario precursor del art décocon elaborada fachada floral diseñado por los hermanos Perret, mientras que en el número 17 destacan los ventanales curvos horizontales y las líneas verticales decorativas de loza blanca creados por Marcel y Robert Hennequet.
«Uno de mis edificios art déco favoritos es el del 13-17 de la rue Raynouard, con un jardín que da al Sena», comenta Le Roux. «Fue construido por Marcel Julien y Louis Duhayon, el dúo responsable de los hoteles Le Royal Monceau y Plaza Athénée. Y en el 21-25 de la misma calle, la fachada está inspirada en los transatlánticos, con vidrieras del gran Louis Barillet».

Herencia de la Exposición Internacional de 1937, el Palacio de Tokio es un monumental edificio a orillas del Sena decorado con frisos art déco. Alberga dos museos: el Palacio de Tokio, el mayor centro de arte contemporáneo de Europa, y el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de París, donde la espléndida obra La Fée Electricité de Raoul Dufy ocupa una sala entera. Este fresco exuberante y multicolor narra la historia de la electricidad. En la planta baja destaca el panel decorativo lacado en oro que Jean Dunand creó para el transatlántico Normandie. Titulado Les Sports, se inspira en los antiguos Juegos Olímpicos.
Al otro lado de la ciudad, en el distrito 12, se alza el Palacio de la Puerta Dorada, monumento art déco construido para la Exposición Colonial de 1931. Su extraordinaria fachada en bajorrelieve, descrita como un «tapiz de piedra», fue esculpida en dos años por Alfred Auguste Janniot. En el interior, el fresco de Pierre-Henri Étienne Ducos de la Haille refleja las actitudes coloniales imperantes en la época. Actualmente, el Museo Nacional de la Historia de la Inmigración, instalado en el propio edificio, analiza la importancia de la inmigración y la compleja herencia del colonialismo.
DÓNDE COMER rodeado de art decó

Leyenda de la place de la Bourse, Le Vaudeville —una brasserie abierta todo el día— ofrece marisco y clásicos de la cocina francesa en un entorno suntuoso. En Montparnasse, epicentro de artistas y escritores en los “locos años veinte”, La Coupole deslumbra con interiores art déco de gran impacto: columnas pintadas, suelos de mosaico, espejos y una escultura central. Cerca del Arco de Triunfo, un brillante mosaico azul anuncia el restaurante Prunier, inaugurado en 1924 por la pionera marca de caviar. En su interior destacan los elementos decorativos de temática marina diseñados por el arquitecto Louis-Hippolyte Boileau: oro, vidrios y marquetería de ónice.
DÓNDE comprar

El gran almacén nació en el siglo XIX, pero su concepto floreció con fuerza en la década de 1920. Los arquitectos fueron llamados a dotar a estos espacios, inmortalizados por Émile Zola como «templos del comercio», de elementos decorativos de plena actualidad. La fachada curva de Le Bon Marché es un homenaje perdurable al art déco, al igual que las vidrieras de René Lalique en Galeries Lafayette, creadas en 1932 por el arquitecto naval Pierre Patout. Printemps, renovado en estilo art déco tras un incendio en 1921, se ha convertido en destino en sí mismo gracias a su magnífica cúpula de cristal y a su imponente escalera monumental.