Rothenbourgh
Foto: Shutterstock

Rothenburg ob der Tauber es uno de los pueblos medievales mejor conservados de Alemania, a pesar del desafío que la Guerra de los 30 años, la peste y la Segunda Guerra Mundial supusieron para su integridad. Una imponente muralla abraza a los apiñados tejados naranjas y edificios de gran belleza arquitectónica, Rothenburg maravilla a los visitantes por sus numerosos atractivos, tanto culinarios como culturales, y deja un largo y bonito recuerdo de cómo se vive la magia de la Navidad en Francia.

DESCUBRIR SUS CALLES, TIENDAS Y MUSEOS

Rothenburg Navidad
Foto: Getty Images

Rothenburg es una mezcla de preciosas casas coloridas con entramado de madera, bellos escaparates y calles adoquinadas. Pero más allá de la belleza de este pueblo amurallado se esconden algunas tiendas y museos que hacen del lugar algo más que una postal. Aunque el más conocido sea el Museo de la Navidad de Käthe Wohlfahrt, también existen otros centros culturales interesantes, como el Museo Medieval del Crimen o el Museo de Historia.

Una de las actividades más divertidas e históricas está a cargo del Nachtwächter o vigilante nocturno, una figura famosa en la Edad Media que explica a los visitantes historias y curiosidades, como el caso del panadero que se salvó de la ejecución o el porqué del agujero en la antigua puerta de la ciudad. Tampoco hay que obviar el tejido comercial de Rothenburg, lleno de tiendas de juguetes alemanes, adornos navideños, caramelos, comida típica, librerías, bodegas, restaurantes y bares de gran calidad.

VISITAR LA MARKTPLATZ Y SU MERCADILLO DE NAVIDAD

Rothenburg ob der Tauber
Turismo Routhenburg

Algunas de las calles de Rothenburg desembocan en su centro neurálgico, la Marktplatz o Plaza del Mercado, donde un gran edificio llama la atención de los transeúntes: el Rathaus o ayuntamiento. La parte más antigua, que data de los siglos XII y XIV, es gótica, con una torre de 65 metros cuyos más de 200 escalones merece la pena subir para observar las increíbles vistas sobre los tejados naranjas y las verdes colinas más allá de las murallas. La parte nueva, de estilo renacentista, se construyó en el siglo XVI y guarda gran diferencia con el estilo de entramado de la ciudad.

A su alrededor, además de casas patricias que ahora acogen restaurantes y tiendas, se encuentra la Herterichsbrunnen, una fuente erigida en 1446, y la Taberna de los Concejales, ahora Oficina de Turismo, con tres relojes en su fachada: uno de carillón, otro de fecha y el solar. En esta plaza es donde se celebra el mercado semanal y, en época de adviento, el Reiterlesmarkt (Mercado de Navidad del Jinete), llamado así en honor a una figura legendaria que repartía regalos entre los niños. Con una historia que se remonta al siglo XV, los puestos ofrecen figuritas, pero también comida y bebida, además de actividades y actuaciones musicales.

PASEAR POR LOS JARDINES DEL CASTILLO

Jardines - Turismo de Rothenburg
Turismo de Rothenburg

El hecho de que Rothenburg signifique castillo rojo hace que muchos visitantes lleguen buscándolo, pero de aquella fortaleza levantada por la familia Hohenstaufen en 1142 ya no queda nada salvo el jardín, ahora un gran parque de estilo paisajístico inglés que esconde una de las vistas más maravillosas de la ciudad y del valle del Tauber que se extiende a sus pies. Viñedos, el puente de piedra bajo el que discurre el río o las pequeñas casitas alejadas de la muralla aportan una paz de la que solo son testigos las estatuas y fuentes del gran jardín.

Según la leyenda, un terremoto que tuvo lugar en Suiza fue el culpable del derrumbe y total destrucción del castillo en el año 1356. Aun así, otras historias afirman que fueron los propios habitantes de la ciudad los que tomaron las piedras del castillo para poder construir sus propias casas. Sea como sea, en el siglo XIV se erigió la puerta del castillo para proteger aquel lado de Rothenburg, y en el centro del jardín se encuentra una bella instalación de los siglos XVII y XVIII donde ocho figuras de arenisca representan las cuatro estaciones del año y los cuatro elementos.

Subir a la muralla y avistar sus torres

muralla - iStock
iStock

Solo tres ciudades alemanas conservan la muralla defensiva en torno a ellas, y una de ellas es Rothenburg. Con casi 4 km de longitud, pasear por parte de su contorno es posible gracias a pasarelas de madera, junto a las que se pueden ver placas en agradecimiento a quienes ayudaron en su restauración. A lo largo de sus miles de metros se encuentran 42 torres, muchas de ellas intactas, entre las cuales destaca Rödertor, del siglo XIII, a la que se puede subir, o la Markustor, una de las más antiguas, y que pertenecen a la primera muralla de la ciudad.

Integrada en esta se encuentra una de las joyas ocultas de la ciudad, la Wolfgangskirche, una iglesia fortificada que constituye toda una rareza en el país. Situada junto a la torre Klingen, de más de 30 metros de altura y utilizada como depósito de agua, esta bella iglesia en estilo gótico tardío tiene en su interior un museo sobre el comercio de la oveja y de la lana, uno de los oficios más arraigados en la región.

SUMERGIRSE EN LA TIENDA MUSEO DE LA NAVIDAD

Käthe Wohlfahrt
Käthe Wohlfahrt

Käthe y Wilhelm Wohlfahrt abrieron un negocio de venta de adornos navideños en 1964 que acabó convirtiéndose en la tienda de Rothenburg trece años después. Casi medio siglo más tarde, son siete las sedes repartidas por Alemania y otras cinco por el extranjero, una de ellas en Barcelona. Ahora, la segunda y tercera generación de la familia se encarga de mantener vivos los más de mil metros cuadradosabiertos todo el año donde más de cien mil luces LED brillan entre adornos, cajas de música, telas, figuritas del belén, quemadores de incienso, relojes de cuco y muchos más objetos singulares.

Más allá de la tienda, en el año 2000 se inauguró el Museo alemán de la Navidad, una colección permanente con más de 3.000 objetos expuestos en más de 250 metros cuadrados. En ellos se encuentra material recuperado donde se muestran las costumbres, motivos decorativos, y otros elementos históricos que atestiguan el origen alemán de los adornos de Navidad: calendarios de adviento, pirámides navideñas, cascanueces y mucho más.

Visitar sus lugares más fotogénicos

callejear - iStock
iStock

Si hay una postal indiscutible de la ciudad esa es la de la Plaza Plönlein, donde se encuentra la conocida casa amarilla de entramado de madera, que separa la larga y preciosa calle Schmiedgasse en dos, cada una de ellas con final en una torre, la Sieber y la Kobolzeller, que forman parte de la mítica estampa de Rothenburg. La vivienda de vivos colores es famosa porque, según cuentan, Walt Disney se inspiró en ella para la historia de Pinocho.

En una de las calles que salen de esa gran avenida, la An der Eich, se encuentra un mirador distinto al de los jardines del castillo donde disfrutar de unas increíbles vistas del valle de Tauber. Además de dar un paseo alrededor de la muralla, tanto por su exterior como por su interior, es imprescindible admirar la calle Rödergasse, su fuente, sus pequeños comercios y la Torre Markus, del siglo XII, que redondea la estampa con su famoso arco y su reloj.

PROBAR LAS SCHNEEBALLEN Y EL GLÜHWEIN

schneeballen - iStock
iStock

Es imposible pasear por Rothenburg y no toparse con algún escaparate donde se muestrengrandes bolas de colores con una pinta deliciosa. Se trata de las schneeballen (bolas de nieve), unos dulces típicos de la Edad Mediaque recuperó el repostero Walter Friedel en 1882y que se suele consumir en festividades. Estos grandes dulces, también con su versión pequeña, están hechos de nata, mantequilla, huevos, aguardiente, destilado de ciruela, harina y azúcar, una mezcla que se aplana, se corta en tiras y se fríe para darle su forma y su textura crujiente, para después espolvorearlas.

También es costumbre durante los meses fríos mantener el cuerpo caliente gracias al glühwein, un vino caliente especiado típico de Alemania y de otros países europeos. Una de las bodegas que lo elaboran es Glocke, que tiene también la variante hecha con vino blanco, típica de Franconia, menos dulce pero más reconfortante. Este negocio, uno de los más antiguos de la ciudad, elabora también uno de los vinos más famosos en la región, que puede verse en muchos escaparates con la tradicional botella redonda y pequeña, la bocksbeutel.

ADMIRAR LA IGLESIA DE SANTIAGO

iglesia st jacob - iStock
iStock

Terminada de construir en 1484, la Jakobskirche es un templo protestante que nació como católico en el que aún se conserva una reliquia que atrae los ojos de numerosos visitantes: el altar de la Santa Sangre de Tilman Riemenschneider, que representa la última cena. A través de un tour guiado por la iglesia se pueden descubrir pequeños detalles que quizá pasen desapercibidos de otra manera, como las vidrieras tras el altar mayor o la representación en este último del Camino de Santiago, que pasa por la localidad, dejando sus particulares señales en el suelo de sus calles.

También es impresionante su órgano, uno de los más grandes de toda Baviera, y que sigue sonando durante todo el año en conciertos gratuitos de media hora que se hacen más asiduos en la temporada de Adviento. Como curiosidad, este órgano puede tocarse por ambos lados. Sin embargo, hay otros rasgos de la iglesia que no pasarán desapercibidos para los más observadores, como el hecho de que sus torres se construyeron a diferentes alturas, ya que la parte occidental del templo se construyó sobre la calle que pasa, ahora, por debajo de la misma.