El arte mozárabe, también llamado arte de repoblación, es la representación de un renacimiento artístico que tuvo lugar en el reino de León y el condado de Castilla durante el siglo X. Bosques, montañas y valles escondidos han conservado para siempre este pedazo de nuestra historia, y la búsqueda de sus templos más importantes, auténticos tesoros de nuestro patrimonio, nos conducirá a parajes y lugares poco conocidos y a menudo ocultos a la vista de quienes ignoran los encantos del arte medieval más desconocido de España.

Fuente: revista Traveler

  • San Miguel de Escalada LeónKarSol / Alamy Stock PhotoSan Miguel de Escalada, LeónEl traslado de la corte asturiana de Oviedo a León en el año 910 supone el comienzo de un periodo de esplendor y renovación para un reino que necesita mayores templos para satisfacer a una población que no cesaba de crecer. León, la nueva capital, pronto actuó como foco de atracción para los numerosos emigrantes mozárabes que buscaban la protección de la monarquía procedentes de lugares tan alejados como Toledo y Córdoba. Precisamente, fueron monjes cordobeses recién llegados a León quienes encontraron los restos de un antiguo templo paleocristiano a poca distancia de la nueva capital, y apoyados por Genadio, obispo de Astorga, decidieron reutilizar sus restos para edificar un monasterio que supone el culmen del arte mozárabe peninsular: San Miguel de Escalada.Resulta inevitable evocar la mezquita de Córdoba al observar los siete arcos de herradura que componen el pórtico más bello del arte mozárabe. Los arcos se sostienen sobre columnas reutilizadas del antiguo templo paleocristiano, y en los muros de San Miguel podremos encontrar lápidas romanas utilizadas como materiales de construcción por los mozárabes. Sus constructores también transportaban consigo una herencia visigoda que se transmite mediante los tres ábsides tripartiros de la cabecera, y su armónica disposición de los espacios interiores nos trasladará a la Roma papal, donde las basílicas se proyectaban como grandes salones de acústica e iluminación destinadas a insuflar la fe de los cristianos.Edificios con la mezcla de influencias que atesora San Miguel de Escala podrían encontrarse en Sicilia o en Túnez: sin embargo, nuestra joya mozárabe espera, al alcance de la mano, entre las montañas y el páramo.
  • Santiago de Peñalba LeónTolo Balaguer / Alamy Stock PhotoSantiago de Peñalba, LeónLas entrañas de El Bierzo esconden un tesoro en lo más profundo de sus montes que se ha visto amenazado por los incendios que han asolado sus bosques durante el verano de 2025. Por suerte, las llamas han respetado el pueblo de Peñalba de Santiago, un oasis detenido en el tiempo que posee una de las iglesias mozárabes más bellas de nuestra geografía: su iglesia de Santiago.La historia de Santiago de Peñalba comienza en tiempos visigodos, mediado el siglo VII, cuando numerosos monjes liderados por San Fructuoso de Braga encontraron un lugar idóneo para la vida eremítica en las apartadas cuevas y oquedades de los montes Aquilanos. Siglos más tarde, el obispo Genadio de Astorga decidió dejar su cátedra para retirarse al Valle del Silencio con un puñado de monjes mozárabes dispuestos a revivir el esplendor eremítico de aquellos años. Dicha comunidad decidió construir un monasterio del que solo sobrevive la iglesia de Santiago, inaugurada en el año 937 por el abad Salomón.Los arquitectos mozárabes que acompañaban a Genadio de Astorga levantaron un templo pequeño y adecuado para las necesidades de un valle ubicado a más de 1.100 metros de altitud. La elegante pareja de arcos de herradura que custodian la entrada a la iglesia de Santiago nos recordará a Medina Azahara, cuya influencia islámica parece fuera de lugar entre las montañas nevadas del Valle del Silencio, donde habitan osos y lobos. Una vez dentro del templo, la cúpula gallonada de inspiración oriental nos permitirá imaginar los sueños del arquitecto que levantó un pedazo de Al-Ándalus en el valle más recóndito de El Bierzo, pero los ábsides contrapuestos de la nave hablarán en su contra para recordarnos que los mozárabes nunca olvidaron su pasado visigodo.VERAsí fue la Met Gala 2025: los mejores momentos del evento
  • Santa María de Lebeña CantabriaMarlene Vicente / Alamy Stock PhotoSanta María de Lebeña, CantabriaNo todos los mozárabes emigraron hacia El Bierzo y León, sino que muchos eligieron lugares aún más recónditos donde su valía como constructores era muy demandada. Cuenta la leyenda que Alfonso y Justa, condes de Liébana, precisaban de albañiles para edificar una iglesia que pudiese cumplir su deseo de trasladar las reliquias de la Vera Cruz desde el monasterio de Santo Toribio hasta Lebeña, un valle diminuto y rodeado de montañas donde difícilmente podrían ser amenazadas por ladrones y enemigos procedentes del sur. Finalmente, dicho empeño de ambos condes terminaría convirtiéndose en la iglesia de Santa María de Lebeña, uno de los reclamos artísticos más importantes de la comarca de Liébana.El lugar donde Alfonso y Justa ordenaron erigir el templo destinado a custodiar tan preciadas reliquias debió ser, en tiempos paganos, un enclave de gran valor sagrado cuyos vestigios pueden observarse en el interior de la actual iglesia mozárabe. Bajo el altar de Santa María de Lebeña figura en una gran losa de piedra situada a modo de cancela y adornada con ruedas solares, esvásticas y símbolos de clara inspiración celta que indican la impronta que las religiones paganas dejaron en la Liébana del siglo X. Un tejo, árbol sagrado de los cántabros, guarda la iglesia desde tiempos sin memoria hasta que fue abatido por un rayo a comienzos de la pasada década. Frente al tronco calcinado del tejo crece también un olivo centenario que, cuentan en Lebeña, fue plantado por la mismísima condesa Justa, de orígenes sureños y quizás responsable de la llegada de constructores mozárabes a este rincón aislado de los Picos de Europa.La iglesia de Santa María de Lebeña posee todas las características que determinan el arte mozárabe como un estilo de fusión. Su planta de cruz griega inscrita en un cuadrado es visigoda, los arcos de herradura que crean la apariencia de un bosque de columnas simulan el Paraíso musulmán, y los modillones de rollos idénticos a sus parientes de Escalada y Peñalba indican la amplia difusión de un estilo mozárabe que llegó hasta el pequeño valle de Lebeña atraído por los deseos renovadores de los condes Alfonso y Justa.La iglesia de Santa María, no obstante, nunca libró la función para la que fue construida: los monjes de Santo Toribio se opusieron a los deseos del matrimonio condal, y el templo nunca llegó a albergar las reliquias que hoy en día atraen a cientos de caminantes que realizan el Camino Lebaniego.Publicidadhttps://8956b08149b33e771e20cc8d8e8c558c.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-45/html/container.html
  • San Miguel de Celanova OurenseDCarreno / Alamy Stock PhotoSan Miguel de Celanova, OurenseCelanova se ubica en los montes de Ourense que miran hacia la raya de Portugal, una comarca plagada de historia y belleza natural que todavía no ha sido alcanzada por el turismo de masas y los tours en autobús. El pueblo, sin embargo, podría representar un resumen de la historia de Galicia escrito en la huella de sus piedras: una historia que comienza en el Castro de Castromao, a diez minutos de Celanova y cuyas bien conservadas ruinas merecen una visita.Los galaicos que habitaban Castromao realizaban sus ceremonias lejos del poblado, sobre una gran piedra situada en las laderas del valle que todavía conserva los escalones y las hendiduras donde se vertía la sangre de los sacrificios. Además, la piedra de altar poseía un poder sobrenatural: durante los equinoccios, el sol que nace en el este se alinea con su superficie, y tiñe de dorado el gris del granito durante unos minutos antes de dar comienzo a la mañana.El significado religioso de la piedra de altar permaneció durante siglos, y ni siquiera la llegada del cristianismo logró olvidarla. Al contrario, los monjes más sabios de Galicia sabían de su poder y simbolismo, y fue uno de ellos, San Rosendo, quien en el año 937, decidió fundar un monasterio junto a la piedra de altar para auxiliar a los peregrinos que caminaban hacia Compostela. El cenobio tomó el nombre de Celanova y dio nombre al pueblo que aún preside con sus enormes muros barrocos.Nada queda en Celanova del monasterio primitivo de San Rosendo, excepto un oratorio mozárabe levantado por el mismísimo abad junto a la piedra de altar: el santuario de San Miguel. A primera vista, podría parecer poco más que una pequeña ermita escondida tras los muros del enorme monasterio. Sin embargo, su construcción realizada por mozárabes provenientes de Al-Ándalus a las órdenes de San Rosendo esconde suficientes elementos como para situarla entre los templos más interesantes del arte de repoblación.Primero, porque el santuario hereda el significado ancestral de la piedra de altar, y mediante precisos cálculos, sus constructores lograron que el sol atravesase sus ventanas durante los equinoccios para formar una cruz de seis rayos ante los ojos del espectador. Segundo, porque la armonía de sus proporciones, basadas en las medidas de Euclides empleadas por los musulmanes para construir sus mezquitas, convierten San Miguel de Celanova en un perfecto ejemplo de cómo una piedra pesada como es el granito puede convertirse en liviana en manos de un digno arquitecto. Y, por último, y no menos importante, debemos apreciar sus arcos de herradura cerrados con alfices, la cúpula gallonada de inspiración islámica y los azulejos que decoran el suelo del altar para comprender que la fusión de un pasado celta, cristiano y musulmán tiene como resultado un templo de la belleza de San Miguel de Celanova.

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  • San Baudelio de Berlanga SoriaMichal Sikorski / Alamy Stock PhotoSan Baudelio de Berlanga, SoriaEl arte mozárabe no se limita únicamente a aquellas zonas más próximas a la influencia de los reyes leoneses, como San Miguel de Escalada o Santiago de Peñalba, ni dependió únicamente del patrocinio de aristocracias locales como en los casos de Lebeña y Celanova. La frontera con Al-Ándalus, una franja de tierra hostil y sin señores que se extendía entre Soria y Coímbra en el siglo X por la margen sur del Duero, también necesitaba templos que pudiesen albergar a los cristianos que habitaban el territorio más peligroso de cuantos existiesen en la península.La permeabilidad de la frontera en Soria, donde cristianos y musulmanes avanzaban y retrocedían mientras una población mixta debía soportar los avatares de la guerra, permitió la creación de un templo que eleva el arte mozárabe a una enigmática expresión: San Baudelio de Berlanga.La ermita de San Baudelio se nos aparecerá como un sobrio cuadrado de piedra levantado en mitad de una nada conformada por llanuras y montes bajos, y cuyos muros carecen de ornamentos excepto el arco de herradura que anuncia la entrada. El interior del templo, no obstante, supone una de las creaciones más notables del arte hispano medieval. Para empezar, seremos recibidos por un gran pilar circular que soporta el peso del tejado mediante siete arcos de herradura que poseen el aspecto de una gran palmera, árbol sagrado del Islam que representa la abundancia y la firmeza de los creyentes. Y por si la palmera nos resultase poco original, otro elemento de origen musulmán es la tribuna que se alza en un flanco de la nave y su coro sostenido por columnitas de estilo califal que parecen representar una mezquita en miniatura. ¿Es San Baudelio una iglesia, o un templo musulmán?El atractivo de San Baudelio de Berlanga no descansa únicamente en su palpable influencia musulmana. Sus muros guardan una cueva utilizada por anacoretas, y sobre el pilar que sostiene el templo, entre las pétreas hojas de palmera, existe un habitáculo suficientemente grande para albergar una persona y que podría haber servido para alojar a algún monje sumido en meditaciones. Algunos de los primeros santos del cristianismo eligieron vivir sus días en lo alto de columnas, como San Simeón, y su ejemplo de vida asceta fue muy venerado en la Edad Media. Es muy posible que San Baudelio de Berlanga fuese un lugar de retiro para los monjes de los alrededores, un oasis presidido por una palmera en mitad de la peligrosa frontera del Duero.La paz llegó definitivamente a tierras de Soria durante el siglo XII, y las nuevas tierras cristianas se llenaron de artistas dispuestos a embellecer las antiguas iglesias y crear nuevos templos. San Baudelio de Berlanga continuaba jugando un papel importante, y sobre sus paredes se pintaron frescos románicos que hoy poseen gran fama y reconocimiento entre los aficionados de arte. Las escenas bíblicas y de caza que decoran los muros en torno al pilar/palmera son de tan bella factura que muchas fueron arrancadas de cuajo para ser vendidas a tratantes de arte a comienzos del siglo XX. Hoy en día, los frescos de San Baudelio iluminan a los visitantes de lugares tan distantes como Cincinnati, Boston y Nueva York.Sin embargo, ningún tratante de arte consideró valiosa una figura que pronto atraerá nuestra atención: la representación de un elefante cargando con un castillo, símbolo de origen asiático que demuestra que los mitos sobre grandes bestias africanas llegaron hasta este apartado rincón soriano cargado de misterio. Además, el elefante representa la resistencia de las poblaciones mozárabes que, en mitad de la inhóspita frontera, tuvieron el arrojo de crear un templo tan bello como San Baudelio de Berlanga sin temor a la destrucción y al saqueo. Caminen hacia Soria, caminen: porque entre sus vacíos aún habita la magia que iluminó a todo un pueblo.